Seventeen-year-old Charlotte Goh is juggling two very different personas: the dutiful Korean daughter, and the hustling NYC fashion influencer. Her best friend Steven scoffs at her ambition, but she secretly hopes that her posts will help financially support her struggling family. Then one night, after posting about a racist experience she had at an influencer event, Charlotte finds herself going viral and garnering the fame she’s always craved. And as much as she doesn’t want her newfound popularity to change her, she can’t help but be swept away by the exciting perks: chic new friends, the attention of one of Hollywood’s hottest heartthrobs, and a slew of companies clamoring to sponsor her.
But as she falls deeper into the influencer world, she finds that she may have to sacrifice more than she bargained for—including her unexpected new feelings for Steven. Will Charlotte be able to stay true to herself, or will she lose the things that are most important to her?
El baile y la poesía se abrazan, envolviéndose en musicalidad, cadencia y gracia. Comparten un trozo de espacio y de tiempo, los devoran y nada escapa de su hambre eterna de sonido y movimiento. El baile inmortaliza la interacción entre el hombre y la dama, en el mutuo consenso de girar en el viento cargado de fuego y melodías. El poeta, al igual que un caballero, debe invitar a la poesía y, con su venia, el poema fluye, late su corazón, le brotan carne y huesos, respira y baila.
Ella solo tiene un objetivo: ganar.
Ellos han venido a ganarse otra cosa: su corazón.
Adriana Russo lo tiene claro. Quiere conseguir la victoria y salvar el legado familiar. Pero cuando un imprevisto hace que su plan se tambalee, solo le queda una opción para lograrlo: fingir que la química con su pareja de pista va más allá del hielo.
Brayden Elliot no es lo que se dice su tipo ideal, pero ni Adriana es capaz de no caer rendida ante sus encantos. Y no sería difícil creerse su relación (ni que se volviese real) si no fuese por Freddie O’Connell.
Hace dos años que Freddie y ella dejaron de ser amigos y pareja de patinaje, pero Adriana no puede ignorar el aleteo que aún siente cuando tienen que compartir espacio.
Con el campeonato de su vida delante, no puede permitirse distracciones. Pero ¿y si el amor fuese la verdadera medalla de oro?