Han pasado cinco años desde que el doctor Starks acabó con la pesadilla que casi le cuesta la vida y que arrasó con todo lo que había sido hasta entonces, descubriéndole las facetas más oscuras del alma humana, también la suya.
Desde entonces, ha logrado reconstruir su vida profesional y vuelve a ejercer de psicoanalista instalado en Miami y atendiendo a adolescentes con graves problemas psicológicos y también a pacientes adinerados de la sociedad de Florida.
Sin embargo, una noche, cuando entra en su consulta, descubre tumbado en el diván a aquel al que había dado por muerto: Rumplestilskin ha vuelto y esta vez no busca acabar con él sino solicitar su ayuda. Por supuesto, no va a aceptar un no por respuesta.
Jane nace en la rectoría de Steventon en una familia devota a los libros y al conocimiento. Rodeada de hermanos con los que comparte lecturas en voz alta y representaciones de teatro, Jane destaca por su ingenio y su pensamiento libre, y encuentra en la escritura un espacio de reflexión, pertimento y, finalmente, reconocimiento.
Con su inteligente mirada y su prosa fluida, Cristina Oñoro nos redescubre en estas páginas a esta autora emblemática desde una perspectiva feminista, que cuestiona la supuesta conformidad de sus obras y valora su intelecto y su manejo de la ironía y la crítica social. Entretejido con su texto el trazo inconfundible de Ana Jarén nos devuelve a una Jane como nunca la habíamos visto.
Jane Eyre está considerada una de las primeras novelas feministas y hay que decir que su contenido reivindicativo sigue teniendo validez, aunque, desde luego, el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado mucho desde los tiempos de las Brontë. La novela vio la luz en 1847, y fue recibida con un enorme éxito de público y crítica. La posibilidad de que hubiera sido escrita por una mujer ni siquiera se barajó, a pesar de que el título original podría haber dado alguna pista: Jane Eyre, una autobiografía. La autora real de la novela, Charlotte Brontë, no se supo hasta la segunda edición, que ya se publicó firmada por su creadora y dedicada, además, a William Thackeray (1811-1863), en agradecimiento a su entusiasmo.