Siete jugadores llegaron a la Isla Hawthorne para participar en el juego de un multimillonario. Ahora solo quedan cinco y la recta final ha comenzado.
La tensión aumenta en la competición (y entre los jugadores) y cada vez está más claro que nadie saldrá ileso del Gran Juego. No solo hay millones de dólares en riesgo…, sus corazones y sus vidas también están en peligro. En el más grande de los juegos…
No existen las coincidencias.
Todo el mundo miente.
Y alguien los vigila.
Asistimos a un momento histórico en el que la despolitización es uno de sus rasgos específicos. Cuando hablamos de despolitización nos referimos a sociedades en las que, por un lado, el ciudadano medio tiende a rechazar la política al considerarla, desde una valoración moral, como corrupta. Y, desde una racionalidad economicista, como improductiva. En ese marco la política, en tanto gobierno de los bienes comunes, o entendida como capacidad de la gente normal de articularse en función de la defensa de intereses colectivos, pierde centralidad. Y emerge así un individualismo casi absoluto que coopta todo. Asimismo, este individualismo suele ir impulsado, a la vez que epistémicamente sustentado, en un economicismo cada vez más presente en la discusión pública y los sentidos comunes. Hablamos, entonces, de que la despolitización actual viene impulsada por un *tipo de economicismo antipolítico.