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CUANDO LA PIEL ES DEMASIADO FINA

La obra de referencia en una nueva edición ampliada Alrededor de un 20 % de las personas percibe las cosas con mucha más intensidad que las demás. Para muchas de ellas, este don especial de la hipersensibilidad supone una carga. Por lo general, el entorno también acostumbra a reaccionar con una actitud de incomprensión: «¿Siempre tienes que ser tan sensible?». Esta exitosa guía práctica de Rolf Sellin ayuda a las personas hipersensibles a comprender por qué son «diferentes». Además, el autor les da las claves para superar los obstáculos que pueden surgir en su vida privada y profesional, para que puedan aprovechar su potencial. De este modo, ofrece respuestas a la gran pregunta que todo hipersensible en algún momento de su vida se plantea: «¿Cómo puedo gestionar mi hipersensibilidad?».
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CUANDO LA PATRIA.. LEJANA!

Desde lejos te construyo poco a poco, la tela suave de tu esencia me acaricia, su algodón tierno cubre, venda , consuela mi honda herida por dejarte, por no tenerte, por ausentarme, te siento y veo todos los días ¡tierrita mía! todavía, hace poco, tan cercana, como la inmensa madre que he tenido... apartada, inaccessible, lejana ¡Llenitos mis días de la sed de tu presencia! Tal y como nos lo cuentan estos versos así nos sentimos los que vivimos distantes de nuestro lugar de origen, a cada paso nos sorprenden huellas de lo que somos, del país de dónde venimos, de nuestra geografía, de las condiciones de vida social donde crecimos, pero además de nuestra historia individual, de las marcas imborrables que dejaron en nosotros la educación en el seno de la familia, impresas muy hondamente en nuestro ser, los valores que nos formaron, los principios que siguen siendo nuestro norte, que se estamparon con fuerza y empeño en nuestro yo íntimo.
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CUANDO EL MUNDO TE PISA HASTA OLVIDAR Q.

Después de la última batalla, no llega el vacío, sino un tipo de silencio diferente. Es la calma que se instala cuando has decidido rendir las armas de la culpa y la reacción. Durante años creí que mi historia era un eco de lo que me hicieron; que mi vida estaría siempre condicionada por lo que me fue negado en esa infancia que debió haber sido sagrada. Hoy, mientras escribo esta última palabra, comprendo que la paz no se encuentra al cerrar el capítulo, sino al reescribir la conclusión. La fe, aquella conexión que me sostuvo cuando todo lo humano se desmoronó, no me prometió una vida sin tormentas, me dio algo más valioso: la certeza de un ancla que no se mueve. Aprendí que la fortaleza no está en la habilidad de evitar el dolor, sino en la capacidad sobrenatural de levantarse y no mirar hacia atrás. Descubrirse es el trabajo más arduo, pero es el único que vale la pena.
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