Después de la última batalla, no llega el vacío, sino un tipo
de silencio diferente. Es la calma que se instala cuando
has decidido rendir las armas de la culpa y la reacción. Durante
años creí que mi historia era un eco de lo que me hicieron; que mi
vida estaría siempre condicionada por lo que me fue negado en esa
infancia que debió haber sido sagrada. Hoy, mientras escribo esta
última palabra, comprendo que la paz no se encuentra al cerrar el
capítulo, sino al reescribir la conclusión.
La fe, aquella conexión que me sostuvo cuando todo lo humano
se desmoronó, no me prometió una vida sin tormentas, me dio
algo más valioso: la certeza de un ancla que no se mueve. Aprendí
que la fortaleza no está en la habilidad de evitar el dolor, sino en
la capacidad sobrenatural de levantarse y no mirar hacia atrás.
Descubrirse es el trabajo más arduo, pero es el único que vale la
pena.
En mitad de la noche en un barrio tranquilo de Minneapolis raptan a Luke Ellis, de doce años, tras haber asesinado a sus padres. Una operación que dura menos de dos minutos. Luke se despierta en la siniestra institución conocida como el Instituto, en un cuarto que se asemeja al suyo pero sin ventanas. En habitaciones parecidas hay más niños: Kalisha, Nick, George, Iris y Avery Dixon, entre otros, que comparten capacidades especiales como la telequinesia o la telepatía. Todos ellos se alojan en la Mitad Delantera de la institución. Los mayores, en cambio, se encuentran en la Mitad Trasera. Como dice Kalisha: «El que entra no sale».
La señora Sigsby, la directora, y el resto del personal se dedican a aprovecharse sin compasión del talento paranormal de los chicos. Si te portas bien te premian. Si no, el castigo es brutal. Luke se da cuenta de que las víctimas van desapareciendo y son trasladadas a la Mitad Trasera, así que se obsesiona con huir y pedir ayuda. Pero nunca nadie ha escapado del Instituto...
Clearly, for Ash, a career as a musician isn’t exactly an option. Plus, he’s cursed.Sick of playing by the rules, Ash and his three brothers escape Hell in search of freedom on Earth. But it’s harder than they thought to keep their enemies off their tail . . .
The four rogues quickly become the Underworld’s Most Wanted, and if they’re caught, the consequences will be dire. Yet everything changes for Ash when he meets a beautiful violinist who can see through his curse. It must be too good to be true, but, no matter the risk, he has to have her.
The classic silly cumulative tale that's perfect for bedtime, naptime...anytime!
In the napping house is a cozy bed piled high with a snoring granny, a dreaming child, a dozing dog, a snoozing cat, and a slumbering mouse. What could be more comfy?
All is at peace until a wakeful flea crawls into the mix. One beastly bite from him and the entire pyramid of sleepers might topple. Is he getting ready to nibble?
Humorous and inviting, this story encourages young kids to read along—and make predictions.
The rounded corners and sturdy board book pages make this book a great gift for little ones.
Karen and Tom Krupp are happy—they’ve got a lovely home in upstate New York, they’re practically newlyweds, and they have no kids to interrupt their comfortable life together. But one day, Tom returns home to find Karen has vanished—her car’s gone and it seems she left in a rush. She even left her purse—complete with phone and ID—behind.
There’s a knock on the door—the police are there to take Tom to the hospital where his wife has been admitted. She had a car accident, and lost control as she sped through the worst part of town.
The accident has left Karen with a concussion and a few scrapes. Still, she’s mostly okay—except that she can’t remember what she was doing or where she was when she crashed. The cops think her memory loss is highly convenient, and they suspect she was up to no good.
Karen returns home with Tom, determined to heal and move on with her life. Then she realizes something’s been moved. Something’s not quite right. Someone’s been in her house. And the police won’t stop asking questions.
A finales del siglo III a. C., Roma se encontraba al borde de la destrucción total, a punto de ser aniquilada por los ejércitos cartagineses al mando de uno de los mejores estrategas militares de todos los tiempos: Aníbal. Su alianza con Filipo V de Macedonia, que pretendía la aniquilación de Roma como Estado y el reparto del mundo conocido entre las potencias de Cartago y Macedonia, constituía una fuerza imparable que, de haber conseguido sus objetivos, habría determinado para siempre el devenir de Occidente.
Pero el azar y la fortuna intervinieron para que las cosas fueran de otro modo. Pocos años antes del estallido del más cruento conflicto bélico que se hubiera vivido en Roma, nació un niño que estaba destinado a cambiar el curso de la historia: Publio Cornelio Escipión.