Felipe es fantasioso, procrastinador, romántico, tierno, tímido y perezoso. Tiene una imaginación desbordante y una gran afición por el Llanero Solitario. Es autor de frases memorables como "Justo a mí tenía que tocarme ser como yo" o "¿No sería hermoso el mundo si las bibliotecas fueran más importantes que los bancos?", y es uno de los mejores amigos de Mafalda, esa niña polémica, concienciada y encantadora que ha conquistado el corazón de millones de lectores.
Un hombre y un ángel ante el espejo. Nada tan distinto. Al contemplarse en él, la realidad humana se evapora, mientras que la celeste proyecta su belleza angélica, pero renovada y grávida de sentido.
Sólo el amor tiene la capacidad de emparentar a los humanos con los ángeles. En esta tierra, los breves instantes que procura el amor conducen a los amantes ante las puertas de la plenitud del ser, donde los opuestos se reconcilian. En este territorio milagroso, la angustia ha perdido todo dominio, la vida y la muerte caminan de la mano y ninguna frontera es ya capaz de separar lo visible y lo invisible.
Este libro proporciona un relato de la obra de Lacan, desde los primeros escritos sobre la psicosis paranoide hasta sus últimos trabajos sobre lo real y el goce excedente. Beistegui muestra que para aproximarse a la vasta obra lacaniana es necesaria una genealogía que saque a la luz el proceso que atravesó su concepto central: el deseo. Siguiendo el método filosófico de Foucault, Beistegui se pregunta cuáles son las transformaciones teóricas y prácticas, los discursos, las instituciones y las relaciones de poder que han configurado nuestra subjetividad y nuestro deseo.
Beistegui establece las conexiones de Lacan con las filosofías de Kant, Marx, Nietzsche y Foucault, así como con la tradición lingüística y el psicoanálisis freudiano, mostrando el modo en que reconfigura, reintegra y trasciende estas influencias, dibujando una figura compleja que, no obstante, queda perfectamente integrada en el marco del pensamiento contemporáneo.
Supervivientes de deportaciones, guerras o genocidios, víctimas de accidentes, personas que conviven con la discapacidad o simplemente personas que han sufrido maltratos y humillaciones encuentran la posibilidad de redefinir el sentido del dolor, a través de sus propios medios afectivos, gracias al vínculo que supone el encuentro y el inicio de una relación amorosa.
A través de una prosa amena que se lee como una historia de amor, Cyrulnik aproxima la teoría de la resiliencia a las teorías sobre vínculo amoroso: una experiencia que nos une con el mundo y con la vida, con los demás y con nosotros mismos.
Heredero de la gran tradición lírica chilena ―reconocida anteriormente por el premio Reina Sofía en la figura de Gonzalo Rojas y Nicanor Parra―, su obra revela el aliento épico y la ambición de la totalidad presente en La Araucana de Ercilla y continuada con títulos como Altazor, de Vicente Huidobro o Canto general, de Pablo Neruda. Estas grandes creaciones, a las que habría que añadir otras universales como la Divina Comedia dantesca ―eje vertebrador de su escritura―, la Biblia, el Popol Vuh, Finnegans Wake, Pedro Páramo, los Cantos de Pound o las leyendas mapuches, dan idea de la magnitud de una poética enmarcada en la tradición de la ruptura pero, asimismo, deudora de los títulos mayores de la historia de la literatura, signada por la coherencia a lo largo de cincuenta años de carrera.
Elvira Sastre, escritora, traductora y filóloga, nació en Segovia en 1992, es una de las poetas más reconocidas e influyentes de la poesía en español de los últimos años. Su obra lírica está reunida en el libro Lo que la poesía aún no ha escrito, Visor 2023. Como novelista en 2019 obtuvo el Premio Biblioteca Breve. «A Elvira Sastre se la veía venir, desde su primer libro. Después ha llegado lejos porque ha seguido buscando, pero en estos versos iniciales ya era evidente que se trataba de una escritora distinta, especial, con una mirada digna de ser oída. Sus obras son espejos para mucha gente porque reflejan estados de ánimo colectivos, ofrecen refugio a quien los lee y le cuentan también su propia historia, porque su autora tiene una mirada a la vez íntima y social, romántica y reivindicativa; y algo más que es la virtud que distingue a los buenos poetas: ser una buena narradora. Volver a estas páginas nos confirma que no nos equivocábamos a quienes empezamos a seguirle la pista en ellas».