El amotinamiento corrió como un reguero de pólvora por los buques de guerra de madera durante la Era de las Revoluciones. Mientras por toda Europa los comuneros asediaban a la nobleza y los trabajadores esclavizados incendiaban las islas-plantación, en los océanos, decenas de miles de marinos de guerra apuntaban sus armas al alcázar y derrocaban el gobierno absoluto de los capitanes. A comienzos de la década de 1800, entre un tercio y la mitad de todos los marineros que prestaban servicio en el Atlántico Norte habían participado en al menos un motín, muchos de ellos en varios, y algunos incluso en navíos de diferentes armadas.En Bandera de sangre, el historiador Niklas Frykman relata con una vibrante prosa, cómo una década de conflictos violentos a bordo dio origen a una forma distinta de radicalidad política que aunaba la cultura igualitaria de las comunidades marítimas del Atlántico Norte con el republicanismo constitucional de la era revolucionaria. El intento de establecer una república marítima radical fracasó, pero la bandera roja que ondeaba en los mástiles de los buques amotinados sobrevivió hasta convertirse en el símbolo más duradero de la lucha de clases, la justicia económica y la libertad republicana hasta nuestros días.
Aunque en España el género biográfico ha tenido una larga tradición, hasta hace poco obedecía a un impulso hagiográfico y épico-nacionalista. La aparición de la colección Españoles Eminentes, de la mano de la Fundación March y la editorial Taurus, fue una apuesta por la referencialidad y la excelencia, que se propone explicar los valores trascendentes aportados por cada personaje presuntamente ilustre en nuestro pasado. La idea era que el discurso ideológico y moralista diera paso al funcionalismo en la lectura de los grandes personajes y reivindicar la complejidad de los ejemplos que se evocan, lo cual no quiere decir forzosamente "reproducir".
Ningún hombre es una isla, dijo el poeta. Pero una isla puede convertirse en las personas que la han buscado, imaginado, padecido o conquistado. Envueltas por el mar, esa metáfora del infinito, en las islas la experiencia humana alcanza sus más altas cotas de utopía y barbarie. Como un explorador antiguo, Ernesto Franco propone en este libro anfibio —mitad verdadero y mitad fantástico— un fascinante islario donde confluyen la novela de aventuras, el tratado antropológico, la historia natural y la crónica bélica. Y lo hace a través de los relatos hipnóticos que va desgranando el Pilota, un lobo de mar aficionado al ron y al tabaco que posee la sabiduría de aquél que ha surcado todos los océanos y desembarcado en todos los puertos.
Como quien encuentra un mensaje en una botella confiado al capricho de las aguas, el lector hallará en estas páginas un compendio inagotable de fábulas isleñas: el mito del laberinto de Creta; el misterio de las estatuas de la Isla de Pascua; las correrías de los piratas en Tortuga; las fugas imposibles de Alcatraz; el asombro de Darwin en las Galá-pagos… Y descubrirá que las islas no son sólo puntos en un mapa sino un territorio de la mente, una invitación al viaje a través de las palabras y la fantasía.
LA BODEGA DE UN LITERATO es la edición española de Notes on a cellar-book de George Saintsbury (1845-1933), obra aparecida en 1920 que constituyó un gran éxito de crítica y público, reeditándose en varias ocasiones. Se trata de un texto de gran originalidad al ser el resultado de las observaciones y reflexiones de un sabio bebedor. El libro es un recorrido por los diversos vinos del mundo, bien salpimentado por comentarios y juicios repletos de reflexiones literarias y personales. Los contenidos de esta obra resaltan una visión del mundo y un estilo de vida donde hay lugar para hablar del jerez y del oporto, del burdeos y del champán, a la vez que se incide en erudita información asociada a episodios autobiográficos no exentos de humor e ironía. Los diversos capítulos sobre el vino se complementan con otros sobre licores y destilados, todo bien ilustrado con los menús que el autor ofrecía a sus invitados.
En 1543, Nicolás Copérnico declaró que la Tierra giraba alrededor del Sol, revolucionando siglos de presunción escolástica. Se vislumbraba una nueva era, guiada por la observación, la tecnología y la lógica.
Pero los presagios y los elixires no desaparecieron de manera instantánea de los laboratorios. Durante mucho tiempo, aún se podían encontrar amuletos y pociones entre relucientes instrumentos de metal y tomos encuadernados en cuero. La línea entre lo natural y lo sobrenatural seguía siendo porosa e indefinida.
Desde el gélido observatorio danés de Tycho Brahe hasta el taller humeante y sulfuroso de John Dee, la historiadora Violet Moller nos traslada a los albores de la ciencia europea para revelarnos un deslumbrante mundo olvidado, donde todo conocimiento, por arcano que fuera, podía buscarse con buena fe.
Erich Auerbach no fue sólo un erudito romanista y crítico literario, sino un intelectual comprometido que en los años que asolaron reivindicó la literatura como una forma privilegiada de entender el mundo y aplacar el odio en la 'Era de los extremos'.
Los ensayos y cartas aquí reunidos, escritos entre 1922 y 1952, permiten apreciar al voz del brillante escritor y profundo europeísta tan familiarizado con Homero, la Biblia, Dante y Montaigne como con Marcel Proust, James Joyce y Virginia Woolf. Amigo de Walter Benjamin, huyó de Alemania en 1936 rumbo a Estambul, donde se dedicó a la docencia durante una década y alcanzó un gran reconocimiento como filólogo en Estados Unidos ya en la postguerra.
A través de sus textos en torno al sufrimiento y el sentido de la existencia incluso en periodos de oscuridad, Auerbach examina la construcción de Occidente desde una perspectiva que, al igual que en sus cartas, revela una personalidad luminosa.