Una visión audaz e inspiradora sobre cómo orientar nuestras vidas en torno a la gratitud, la reciprocidad y la comunidad, basada en las lecciones del mundo natural. Mientras la científica indígena y autora de Una trenza de hierba sagrada, Robin Wall Kimmerer, recolecta bayas junto a los pájaros, reflexiona sobre la ética de la reciprocidad que subyace en la economía del regalo. ¿Cómo podemos aprender de la sabiduría indígena y del mundo vegetal para reimaginar lo que más valoramos? Nuestra economía se basa en la escasez, la competencia y el acaparamiento de recursos, y hemos entregado nuestros valores a un sistema que daña de forma activa lo que amamos. En cambio, la relación del guillomo con el mundo natural es una encarnación de lo recíproco, la interconexión y la gratitud. El arbusto distribuye su riqueza —su abundancia de bayas dulces y jugosas— para satisfacer las necesidades de su comunidad natural. Y esta distribución asegura su propia supervivencia. En El guillomo, se muestra un modelo basado en la reciprocidad en el que la riqueza proviene de la calidad de las relaciones, no de la ilusión de la autosuficiencia.
1625 fue el año de las victorias, en el que la España imperial hizo alarde de la mayor maquinaria militar de su tiempo.
Franceses, holandeses, ingleses, daneses, suecos y príncipes de otros estados se coaligaron con el objetivo de neutralizar a la potencia hegemónica, la Monarquía española.
El imperio donde no se ponía el sol se vio atacado en tres continentes, dos mares y un océano. Mientras llevaba la iniciativa en Flandes, con el espectacular sitio de Breda, organizó la mayor fuerza anfibia de su tiempo, cinco tercios de infantería y casi sesenta navíos, y la proyectó al otro lado del Atlántico para recuperar la capital brasileña, Salvador de Bahía.
Las armas españolas también acudieron en ayuda de la República de Génova y del valle de la Valtelina, guerras subsidiarias de Francia orquestadas por su materia gris, el cardenal Richelieu. Y aún tendrían que rechazar tres ataques más en San Juan de Puerto Rico, en Mina, actual Ghana, y en Cádiz.
La Comuna de París de 1871 es mundialmente conocida, así como un episodio fundamental en la historia. La ciudadanía tomó el poder, implantó una democracia directa y, aunque con errores y contradicciones, se tomaron importantes medidas para garantizar los derechos fundamentales de los parisinos.En 1898, Louise Michel termina la redacción de su historia de la Comuna. Para ella, anuncia al lector, “escribir este libro es revivir los terribles días, en que la libertad, rozándonos con sus alas, levantó el vuelo desde el matadero. Es abrir de nuevo la fosa ensangrentada donde, bajo la trágica cúpula del incendió, se durmió La Comuna, bella para sus bodas con la muerte, las bodas rojas del martirio. En esta terrible grandeza, gracias a su valor en la hora suprema le serán perdonados los escrúpulos, las vacilaciones, dada su profunda honradez”. Han pasado casi treinta años de los acontecimientos históricos, pero esta figura de la Comuna de París no ha perdido ni un ápice de su energía.En este apasionante relato Louise Michel nos narra el día a día de uno de los procesos revolucionarios más importantes del siglo XIX, que supuso para ella la cárcel y diez años de destierro en Nueva Caledonia. La riqueza y la precisión de su relato convierten a este texto un excepcional documento sobre la Comuna de París y sus participantes.
Una inusual aproximación a nuestro cuerpo para entender cómo y por qué es así, a partir del relato de los cientos de millones de años de evolución que nos han hecho ser como somos.
Inclina la cabeza y observa lo que se te presenta. En primer plano verás tu torso, del que salen a ambos costados tus dos brazos y, al final de estos, las manos. Por debajo del torso, la cadera y la pelvis, y más abajo todavía las dos piernas y los pies. Todo eso lo habrás podido ver gracias a tus ojos, oportunamente colocados en la parte frontal de tu cabeza. Si atenuamos la luz, las pupilas no tardarán en dilatarse para que no te pierdas detalle. Nada sorprendente, ¿verdad? Es, simplemente, tu cuerpo. Estamos tan habituados a él, que no solemos preguntarnos por qué es así. Todo parece estar dispuesto de forma absolutamente normal, incluso lógica. Y en efecto es así.
Pero no somos el resultado de un diseño inteligente, del plano deliberado de una mente preclara. Nuestro cuerpo (tu cuerpo) es el producto de un proceso ciego e irracional, de una sucesión de pruebas, errores y callejones sin salida. De un proceso que, sin embargo, es plenamente lógico: la evolución.
Entre 1835 y 1842, el escándalo se ensañó con dos clérigos de la ciudad portuaria de Königsberg, a orillas del Báltico. Aquello destruyó la reputación de ambos, les desposeyó de sus empleos, dio con ellos en la cárcel y los desterró de la vida pública. Su absolución judicial de las acusaciones más graves formuladas contra ellos llegó demasiado tarde para revertir el daño. Llevo pensando en aquel pequeño vórtice de turbulencias desde que me topé por casualidad con los expedientes pertinentes a principios de la década de 1990. La campaña de denuncias y de rumores que tumbó a los predicadores luteranos Johann Ebel y Heinrich Diestel pertenece a una era anterior a la aparición de los paparazzi, de la radio, de la televisión y de los medios sociales digitales, pero eso es precisamente lo que confiere a su historia la fuerza de una fábula. Las similitudes con personas y situaciones de la actualidad, aunque no intencionadas, tampoco pueden descartarse.'
“La vida y todo lo que hacemos es un intercambio constante de energía. Este libro, indispensable, explica cómo la obtenemos, cuánto cuesta y si nos la podemos permitir, y en realidad está explicando cómo funciona nuestra civilización y hacia dónde vamos.” -Genís Roca, empresario y arqueólogo. “¿Corremos el riesgo de un colapso de nuestra sociedad? Este libro, de lectura fácil y entendedora, aporta una visión rigurosa sobre el marco conceptual de la transición necesaria para hacer frente a la crisis energética y la emergencia climática.” -Manel Xifra, empresario industrial