Considerada la Ajmátova bielorrusa, Yauheniya Yaníshehyts (Rudka, 1948 - Minsk, 1988) pertenecería a esa promoción de escritores de los años setenta que como Ryhor Baradulin o Danuta Bichel, sienten un gran amor por su tierra natal y se ven influidos por las generaciones que vivieron directamente la Gran Guerra Patria, pero también muestran en su poesía la importancia de la tradición y el folklore eslavo, el paisaje y sus gentes y, sobre todo, la necesidad de reivindicar la lengua bielorrusa, es quizás aquí donde reside el mayor atractivo de Yaníshchyts: la renovación y frescor de su obra, marcada por una gran riqueza imaginística en el uso de los recursos estilísticos, la variedad de discursos textuales, la maestría de la rima y el verso, los juegos de palabras, un exquisito vocabulario sobre la naturaleza, etc., sin olvidar también una vertiente de preocupaciones sociales e históricas: desde la denuncia de la deshumanización contemporánea hasta constatar el sufrimiento de las viudas y madres de posguerra, a la vez que también se apunta una línea más meditativa sobre el tiempo y la propia existencia, todo este abanico estético hace que su poesía adquiera un enfoque verdaderamente actual y universal.
Un peine conservado en un pantano, grabado con las primeras pruebas de un nuevo sistema de escritura. Un santuario pagano oculto bajo un campo de lava. La nota de una esposa enfadada a un marido que pasaba demasiado tiempo en la taberna. Garabatos sobre corteza de abedul, tallados por un niño con gran imaginación.
A partir de estas pequeñas señales, Eleanor Barraclough insufla nueva vida al vasto, rico y complejo mundo de los vikingos. Estas no son solo las historias de reyes, saqueadores y héroes de las sagas. Aquí están también las vidas de la gente corriente: mercaderes, niños, artesanos, esclavos, videntes, viajeros y narradores que dieron forma al mundo nórdico medieval.
Sumérgete en la vida cotidiana de una cultura extraordinaria que se extendió durante siglos y se expandió desde las tierras escandinavas hasta los remotos fiordos de Groenlandia, los páramos árticos y los ríos y estepas de Eurasia, y llegó incluso al Imperio bizantino y al Califato islámico.
En El oro de los vikingos descubriremos un mundo vikingo asombroso, vasto e inesperado, donde el deseo y la intimidad eran tan decisivos como la guerra.
Benjamín Prado (Madrid, 1961) ha publicado trece novelas, entre otras las siete de su serie protagonizada por el detective Juan Urbano ?Mala gente que camina (2006), Operación Gladio (2011), Ajuste de cuentas (2013), Los treinta apellidos (2018)
Marra Patricia Lanot y Licad nació en Manila durante los meses finales de la Segunda Guerra Mundial, en 1944. Estudió en la Universidad de Filipinas, en la Ciudad de Quezon, y en ella ejerció como profesora. Se le reconoce un lugar de preeminencia por parte de la crítica literaria filipina actual, como poetisa, periodista y guionista. Es probablemente la única escritora viva que produce literatura culta en los tres idiomas clásicos de Filipinas filipino, español e inglés y cuya obra es apreciada en cada una de ellas.
Los poemas de este libro son compactos, con una alta densidad en su contenido, en la tradición inaugurada por Baudelaire del poema en prosa. Cada texto crea un mundo en sí mismo, repleto de alusiones personales y descripciones de época. Cada poema es un microcosmos que a su vez conforma un universo, un macrocosmos ordenado y bello; igual que la figura del dandi, un dandi muy original en donde cada cosa tiene su lugar, su sentido. «Yo estoy siempre entre la ternura y la rebelión, entre la ternura y la rabia –dice el autor–. El hecho de haber tenido una infancia robada hace que en toda nuestra vida adulta uno trate de sellar, de cauterizar el trauma. La poesía me permitió cicatrizar».
Un análisis pionero sobre los beneficios de una semana laboral más reducida.
En todo el mundo, las largas jornadas laborales y la intensa presión están pasando factura a los trabajadores. Tras la llegada de la pandemia en 2020, los niveles globales de estrés laboral y agotamiento se dispararon, y muchas personas llegaron a su límite. Hoy en día, tres de cada cuatro empleados están desmotivados.
Nuestra actual cultura laboral (el modelo de cinco días y cuarenta horas a la semana), que ha permanecido inalterable durante casi un siglo, está fallando. Sin embargo, ha surgido una nueva tendencia: la semana laboral de cuatro días. Algunas empresas han eliminado el quinto día de trabajo, logrando mantener su productividad mientras constatan mejoras notables en el bienestar de sus empleados. La contratación de personal resulta más fácil y se dan menos abandonos. Trabajando cuatro días a la semana, los empleados se sienten con más energía, más capaces y optimistas respecto a sus vidas… y a su trabajo.