'Aprende a gobernarte a ti mismo antes de gobernar a otros', dijo el sabio Solón. Pero ¿cómo consigue nadie gobernarse a sí mismo sin saber siquiera en qué consiste ese 'sí mismo'? En estos momentos, cuando estamos asistiendo al fracaso de los sistemas democráticos, el quebrantamiento de todos los pactos de Estado y, por parte de Europa, un nuevo llamamiento a la beligerancia, es tiempo de responder a esa pregunta. Porque sin el debido conocimiento de lo que somos, me temo que no nos será posible elaborar y poner en práctica la ethopolítica que necesitamos si queremos volver a hacer de este planeta un lugar habitable. Con esta convicción es como me propuse recorrer, en estos breviarios, los cinco reinos (ético, político, espiritual, artístico y educativo) en los que se fraguan nuestros mundos y el lenguaje que los sostiene. ¿Será utópico pensar que, mediante una educación senti-mental podamos algún día dejar de ser esa tribu de ratones que, sin percatarse del incendio, siguen a ciegas la flauta que más alto suena?
En una visita al Museo Británico, Félix de Azúa advierte el sutil desplazamiento del interés de los visitantes desde las salas dedicadas al arte griego hacia las del antiguo Egipto. A partir de esta observación, se plantea una pregunta sobre los cambios históricos del gusto, que le servirá como punto de partida de una breve historia del estilo gótico. Este, al igual que el clasicismo, ha conocido épocas de auge y de declive, y su fortuna ha respondido a las oscilaciones de la sensibilidad cultural a lo largo del tiempo.
Frente al abuso de lo actual sobre lo posible, se hace necesario mantener espacios de indisposición, reservas que tienen que ver con la intimidad, con lugares y pensamientos privativos, refractarios, por tanto, a la ideología comunicacional de la transparencia. Pero dichos espacios no solo han de ser cultivados, sino que brotan espontáneamente de las estrategias que pretenden aniquilarlos. Frente al mundo perfecto de lo digital, siempre habrá un afuera inasequible, una insurgencia azarosa incontrolable, un ámbito indisponible.
Kant llamó «uso público de la razón» a lo que ocurre cuando alguien se sirve de la palabra obedeciendo tan solo al criterio propio, el cual, si en verdad es libre, podrá aspirar a ser asumido por cualquiera y no podrá confundirse, por tanto, con un «uso privado» en el que se razona al servicio de alguien. Pero la ortodoxia cultural de nuestro tiempo suele tomar el ejercicio público de la inteligencia como equivalente a cierta clase de compromiso. Pensar, escribir o enseñar son, según esa vacua y pegajosa ideología, el resultado de haberse comprometido con ciertos «valores», elegidos de entre un variado muestrario. Nada de raro tiene que lo enseñado, pensado o escrito bajo tales supuestos sea totalmente previsible. En las cinco tentativas acometidas en este libro se sostiene que lo esencial de la razón pública es cierta clase de enajenación de la palabra, un fenómeno consistente en que lo dicho se escapa del control de quien lo dice, cobrando autonomía y poniendo en peligro la identidad de su portador, sin dar pábulo a la de nadie más. Lo público no es, entonces, lo colectivo ni lo común (normalmente tan privados como lo individual), sino la posibilidad de que las identidades se desdibujen y acaben rompiéndose. Lleno de mordacidad e ingenio, el ensayo de Antonio Valdecantos pone en cuestión actitudes públicas que gozan de tan buena fama como el compromiso o el activismo.
¿Puede la hermenéutica fenomenológica seguir considerándose una forma de filosofía trascendental, o implica más bien una ruptura con el marco inaugurado por Kant? A partir de esta pregunta, el presente volumen examina críticamente la compleja relación entre fenomenología, hermenéutica y filosofía trascendental en la filosofía contemporánea. Lejos de ofrecer una mera reconstrucción historiográfica, los textos reunidos en este libro ponen a prueba el concepto mismo de “trascendental” al confrontarlo con las transformaciones que experimenta en autores como Husserl, Heidegger y Gadamer, así como en el neokantismo de Lask y Rickert y en desarrollos fenomenológicos posteriores. El lector encontrará aquí análisis que muestran de qué manera nociones como subjetividad, a priori y condiciones de posibilidad se ven desplazadas, reformuladas o radicalmente reinterpretadas cuando la experiencia, el mundo y el sentido pasan a ocupar el centro de la investigación filosófica. El libro ofrece un mapa riguroso del campo de la filosofía trascendental y de las vías abiertas por su cruce con la fenomenología y la hermenéutica.
¿Existe un realismo político de la transformación? Este libro de Michele Filippini, prestigioso filósofo italiano, trata de responder a esta cuestión.
Por lo general, el realismo político clásico es la herramienta más apta y más frecuentemente utilizada para reconstruir la historia política desde la perspectiva de la continuidad y la conservación.
Sin embargo, frente a estas veleidades conservadoras, hay señalados momentos históricos de discontinuidad en los que la transformación ha asumido de modo necesario un carácter realista.
A juicio de Filippini, es posible reconstruir una lógica política realista que lo sea, a su vez, de la transformación. El análisis de las teorías y las acciones de los protagonistas de la transformación justifica esta tesis fuerte y, en buena medida, ajena al mainstream político.