Mackenzie Allen Philip's youngest daughter, Missy, has been abducted during a family vacation and evidence that she may have been brutally murdered is found in an abandoned shack deep in the Oregon wilderness. Four years later, in the midst of his Great Sadness, Mack receives a suspicious note, apparently from God, inviting him back to that shack for a weekend. Against his better judgment he arrives at the shack on a wintry afternoon and walks back into his darkest nightmare. What he finds there will change Mack's world forever. In a world where religion seems to grow increasingly irrelevant THE SHACK wrestles with the timeless Where is God in a world so filled with unspeakable pain? The answers Mack gets will astound you and perhaps transform you as much as it did him.
Decían que los dioses eran un mito. Que los gigantes solo eran historias contadas alrededor de fogatas moribundas. Mentían.
Los dioses no están muertos; tan solo están dormidos, encerrados en cuerpos mortales, desperdigados por el mundo y esperando a que la chispa adecuada los despierte. Y mi padre es el más despiadado de todos.
Me crio para obedecer. Para sangrar. Para ser su espada cuando llegue el momento. Y ahora me ha enviado a la Universidad de Endir, un lugar lleno de linajes antiguos y secretos letales, para recuperar el Mjölnir, el martillo de las leyendas. Si fracaso, todas las personas que quiero morirán.
Pero Aric Erikson no formaba parte del plan. Él es el heredero del enemigo. Distante. Peligroso. Y… la única persona de quien no puedo permitirme enamorarme. Se ha aislado por completo detrás de un muro de hielo, pero cuanto más me ordenan que lo descifre, más difícil me resulta recordar dónde terminan las mentiras y dónde comienzo yo.
Ahora, lo único que me separa de una guerra que decidirá el destino del mundo son una misión que yo no escogí… y un hombre a quien nunca debí amar.
Pero, si yo soy la chispa, tal vez él sea la mecha.
¿Y los dioses? Están a punto de despertar furiosos.
Aceptando mi llamado es un libro que nace en el “corazón del Amado (Dios Padre) para activar una generación de hombres y mujeres que cargan un llamado espiritual, a pesar de que dentro de si llevan obstáculos que impiden ver la promesa de Dios.