A principio de los años treinta, los comunistas ortodoxos tomaron erróneamente a Weil por «trotskista». Sintió aprecio por el hombre, incluso cierta admiración, pero rechazaba el fondo de su idea de revolución, sus análisis y sus estrategias políticas. El desacuerdo se manifiesta, además, en lo referente a la situación de Alemania en 1933 y especialmente frente a la ambigu¨edad de los socialdemócratas y la pasividad de los comunistas ante el ascenso del nazismo. Al contrario que Trotski, Weil sospechó que el establecimiento de los nazis en el poder sería duradero. Por lo demás, como es sabido, tampoco se hacía ilusiones respecto a la naturaleza totalitaria del régimen bolchevique. Por todo ello, los textos que componen este breve volumen aportan matices necesarios para comprender la esencial vocación política del pensamiento de Simone Weil.
Isaiah Berlin ofrece aquí una lúcida y apasionada defensa de la libertad individual y una crítica demoledora de las doctrinas del determinismo histórico, aquellas que sostienen que la historia y los procesos sociales están predeterminados por leyes inevitables o vastas fuerzas impersonales —las características biológicas, el entorno físico o social, la clase, la nación, el Zeitgeist…—, fuerzas que según algunos se encarnan a veces en hombres como César, Napoleón, Lenin o Hitler. En estas doctrinas, el autor ve un desesperado afán de eludir nuestra pesada carga moral, «una de las grandes coartadas esgrimidas por quienes no pueden o no desean afrontar la realidad de la responsabilidad individual, la existencia de un ámbito limitado, pero real, de libertad humana».
Este volumen reúne dos ensayos fundamentales en los que Arendt profundiza en su obra magna, Los orígenes del totalitarismo.
A través del diálogo con pensadores como Montesquieu y Kant, analiza los rasgos distintivos del totalitarismo frente a otras formas de dominación como la tiranía o el despotismo.
Examina el papel del terror, la ideología y el aislamiento del individuo, ofreciendo una reflexión crítica sobre los mecanismos que sustentan los regímenes totalitarios.
Con rigor científico y al mismo tiempo con una gran sensibilidad, la neuróloga Suzanne O'Sullivan argumenta que nuestra obsesión por el diagnóstico nos perjudica en lugar de beneficiarnos. Es natural que, cuando sufrimos, deseemos una etiqueta clara de lo que nos ocurre, del mismo modo que anhelamos comprensión y, por supuesto, un tratamiento efectivo. Sin embargo, el actual enfoque del sobrediagnóstico patologiza la diferencia con demasiada frecuencia, aumenta nuestra ansiedad y empeora la experiencia final del paciente. Los médicos deberían centrarse en escuchar a los pacientes, tomar decisiones fundadas y promover su bienestar más allá de los diagnósticos.
¿Podemos identificar quiénes son los nuevos bárbaros de nuestra civilización? El orden occidental al que estábamos acostumbrados está pasando a ser un orden de segundo grado. El mundo observa cómo se derrumban algunas de las partes del modelo geopolítico establecido tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que el eje económico del mundo se ha desplazado hacia Oriente por la acción de China, el gran motor de Asia. En 2017, el semanario alemán Der Spiegel lo decía claramente a página completa en su portada: X?nglái! ¡Despertad! Resulta paradójico sin embargo que, pese al poder mundial que atesora China, se conozca tan poco del país y de su cultura, en términos generales. Antifón, sofista del siglo V a. C., señalaba que conocemos y observamos las leyes de quienes están cerca y desconocemos y no observamos las leyes de quienes están lejos. El objeto de este libro no solo es arrojar luz sobre aquellos que están lejos, que en este caso es China, sino también desvelarle al lector lo que es Occidente a ojos de aquellos. Una mirada frente al espejo del otro.