El autor apuesta a motivar y dar continuidad al diálogo. Da valor al inagotable recurso de la entrevista. Conocedor cabal como lo es de trayectorias y poéticas en el panorama de la literatura de su país, en su rol de entrevistador, actúa como fino cirujano que explora el centro álgido de algunos tópicos substantivos mediante una batería de preguntas concienzudamente establecidas para aumentar, constructivamente, la tensión del diálogo entre los poetas participantes, además de invitar al lector a pensar y crear juntos. Esta doble y noble intención la enfatiza con su afirmación de que este libro no se trata solo de una antología o un cuestionario sobre el quehacer poético, sino que, son las dos cosas interactuando, convencido como lo está, de lo que acá se resume y realza: “en el arte no hay linealidad" y “hay que interrogar lo ya dicho" Edda Armas
Esto es lo que tienes que saber sobre Delia Agós: el otoño en el que iba a cumplir treinta años amaneció con el cadáver de alguien en el rellano de su piso. Nadie quiere verse nunca en una situación así. Quiero decir, a punto de cumplir los treinta años.
La vida de Delia Agós es un despropósito: eterna becaria en una empresa, su novia acaba de dejarla y se ha metido en la compra de un dúplex que la ha arruinado. Esto, según las grandes mentes de la filosofía, tiene una única solución: salir una noche y acostarse con quien sea para dejar de ser la amargada del grupo que solo habla de hipotecas variables.
El problema empieza cuando decide liarsecon el despropósito de Angie Samper, la caradura tras la barra, y una imbécil irresistible a la que Delia no soporta desde el primer minuto y con la que pasa la mejor noche de su vida. Pero, bueno, tampoco es que tengan que volver a verse, ¿no? Hasta que Angie se despeña por las escaleras y se convierte en fantasma de su piso recién hipotecado.
O en resumen: cómo sobrevivir a un caso literal de Aquí te pillo, aquí te mato.
La teórica política Judith Shklar representa una original y estimulante relectura de la tradición liberal. Lo que a primera vista se presenta como un «liberalismo de mínimos» nos ofrece hoy algo así como la última trinchera en la que protegernos de los nuevos autoritarismos que se nos vienen encima. O, si favorecemos su interpretación más socialdemocrática, un utillaje conceptual sobre el que apoyarnos para evitar y enmendar un ulterior deterioro de la libertad y la igualdad. Su gran aportación reside en permitirnos llegar a comprender con gran cantidad de matices los muchos y diferentes recovecos de la política y los límites de lo que cabe esperar de ella; sin que haya que desertar tampoco de sus aspectos más luminosos.