«Algunas tristezas nunca se pasan y algunas personas nunca se olvidan», recuerda al comienzo del artículo que da título a este libro, en el que rememora a su amigo Juan Benet, y afirma que prolongamos la vida de aquellos que nos marcaron «a base de preguntarnos qué habrían pensado de lo que hoy sucede».
Los lectores de Marías se plantean hoy, igual que hace él, qué habría escrito respecto a muchos de los sucesos ocurridos en el mundo desde que ya no está. Sí, nos falta su mirada sobre los hechos del presente.
El tono grave y la guasa conviven cuando trata temas como la ineptitud de los políticos, la maledicencia en las redes sociales, las actitudes irresponsables en pandemia, el deterioro en el uso de la lengua castellana, los smartphones como «instrumentos de vigilancia y control»… A estas piezas se suman otras sobre aspectos más personales y sus pasiones: el fútbol, el cine y las series, los libros, la música. Y los desternillantes cuentos que intercaló, protagonizados por personajes peculiares. Aunque sus aventuras quedaron inacabadas, gracias a la prosa magistral del autor dejan poso en la memoria del lector y no se olvidan.
Ha pasado un mes desde que Serena vio por última vez a Matías. Un mes desde la ruptura más dolorosa de su vida. Pese al apoyo de sus amigas, las sosegadas mañanas en la librería y los paseos a orillas del lago, por las noches siente un vacío que no la deja respirar.
Durante esas madrugadas de insomnio, y también en su día a día, Serena empieza a imaginar conversaciones con Matías. Diálogos que evocan palabras que ella no había querido escuchar, frases que había decidido perdonar y muchos momentos en los que debería haberse alejado, pero no lo hizo.
Con el cálido abrazo del tiempo, los libros y la naturaleza, la joven emprende un viaje de redescubrimiento en el que conectará con su lado más íntimo y salvaje, con su propio cuerpo y deseo, y volverá a abrirse al amor para dejar atrás ese fantasma que no le permite avanzar.