Mamá y Lina visitan el supermercado donde encuentran una promoción de palomitas. “¡Yo quiero! ¡Yo quiero!”, grita Lina, con obstinación. Pero a pesar de su insistencia, mamá hoy no va a comprar palomitas.
Un divertido libro en el que cualquier adulto que tenga cerca un bebé de dos años se verá reflejado. No se ofrecen recetas prácticas para evitar las pataletas, pero sí se prometen unas cuantas risas y un final feliz.
Si has llorado por un hombre: bienvenida! Si lloraste por dos, mujer, toma asiento, este libro te estaba esperando, Esos hombres que nos hicieron llorar y sanar, es para todas las mujeres que han amado desde la herida, desde la esperanza, desde el quizás esta vez sí, o desde la ilusión de que la química era amor. Es para las que han dado y callado demasiado repitiendo historias que ya no les quedaban. Aquí, Ericarol Carlo abre su corazón, y su sentido del humor, para contar cómo sobrevivió a sapos de todos los tamaños: los encantadores, los que prometían, los que confundían intensidad con amor y los que regresaban justo cuando no debían. Este libro no es para revivir el dolor, sino para entenderlo. No es para culpar, sino para liberar. No es para seguir repitiendo patrones, sino para romperlos. Te vas a reír, te vas a reconocer y, lo más importante, vas a sanar un poquito más.
Este libro ofrece al lector en lengua española el primer comentario integral a los célebres Tres discursos para ocasiones supuestas de Søren Kierkegaard.
Ángel Enrique Garrido Maturano no articula esta tarea por los senderos previsibles: no elabora un estudio filológico, asentado sobre las bases de la vieja crítica textual, que sea rico en detalle positivos sobre fuentes, influencias, varian- tes, etc.; pero tampoco nos ofrece –a contracorriente de ciertas lecturas de los textos del filósofo danés– un relato edificante, confesionalmente concernido, sobre una cierta modulación del cristianismo por la que se abogaría.
La intención del autor es, por el contrario, ente- ramente filosófica: su lectura indaga, de modo fenomenológico y no confesional, en las tres situaciones decisivas de la existencia con las que se confronta –y nos confronta– el pensamiento de Kierkegaard: el tener que reconocerse a sí mismo tal cual uno es, expresado en la confesión, el amor al otro tal cual ese otro es, expresado en el matrimonio, y la muerte inexorable.