Ataviado con sombrero de fieltro y una pipa entre los dientes, el Dante de Seymour Chwast no puede ser más actual. Si La divina comedia se ha convertido en un clásico, quizá se deba a cuán poco se parece a la obra de los contemporáneos del autor, que no solo inventó un mundo como lo han hecho muy pocos, sino que es el gran pionero de la autoficción. Podría deberse también al atrevimiento de Dante de escribir como hablaba realmente la gente de su tiempo y su lugar, la Toscana, y no en latín, según se había esperado de un literato. Chwast, un héroe de la ilustración y el diseño, ya casi centenario, condensa de una manera tan audaz como efectiva toda la complejidad de un clásico que no siempre se animan los lectores a abordar. Y en la estela de Dante, convierte la poesía del original en una obra alejada de la convención del arte secuencial en favor de páginas sorprendentes. Por su forma singular de reimaginar el clásico medieval, Chwast es fiel y digno heredero de un autor al que se considera el padre de la lengua italiana. Como en el poema original, el Dante de Chwast recorre junto a su maestro Virgilio los círculos del Infierno. Juntos atraviesan el Purgatorio y llegan hasta el Paraíso, donde encuentran a Beatriz, la difunta amada de Dante, porque la Comedia acaba bien y recuerda, a quien quiera saberlo, que existe una luz divina. Pero no hacemos spoilers, lo que importa es cómo transcurre el viaje y cómo se cuenta. La serie de personajes que van encontrando a lo largo del viaje.
Estofado, Lobo y Tortilla están dando un paseo cuando escuchan a lo lejos una preciosa canción. Suena tan bien, que siguen la melodía hasta llegar a un claro repleto de árboles con forma de animales. Pero ¿quién será el talentoso cantante? El resultado los sorprenderá, porque no todo es lo que parece...
Junto con los lobos, el cocodrilo, la patita, el tigre y el armadillo, los niños pequeños disfrutarán esta divertida aventura, en el fantástico formato de los libros de cartón.
Gertrude, Eugenia y Dee-Dee Porch son tres hermanas que aún no han encontrado su lugar en el mundo: no lo es el pueblo finolis de Antiquarium, donde todas las chicas tienen que ir a escuelas de etiqueta y la única raza de perro permitida es el bichón frisé. No lo es su familia adoptiva y, desde luego, tampoco la escuela de etiqueta de la estiradísima señora Wintermacher… A ellas les interesa mucho más la ciencia. Un día, reciben una misteriosa invitación a la escuela de Millicent Quibb, una científica que acabará reclutándolas para combatir a un grupo de villanos y salvar al pueblo, a todos sus habitantes ¡y a los bichones frisé!