Una de las novelas más emblemáticas de Paul Auster
Marco Stanley Fogg es un huérfano que ha crecido bajo el cobijo de su tío Victor, un clarinetista de poca fortuna. Cuando éste muere, consigue vivir durante un periodo de la venta de los libros que le ha dejado en herencia. En el tiempo en que el hombre camina por primera vez sobre la luna, M. S. Fogg inicia un viaje de búsqueda de su identidad y sus orígenes que lo llevaráde Manhattan al remoto Oeste americano.
Dos vidas: la de Flora Tristán, que pone todos sus esfuerzos en la lucha por los derechos de la mujer y de los obreros, y la de Paul Gauguin, el hombre que descubre su pasión por la pintura y abandona su existencia burguesa para viajar a Tahití en busca de un mundo sin contaminar por las convenciones. Dos concepciones del sexo: la de Flora, que sólo ve en él un instrumento de dominio masculino, y la de Gaugin, que lo considera una fuerza vital imprescindible puesta al servicio de su creatividad. Vargas Llosa revela en esta novela el nexo de unión entre dos personajes opuestos: alcanzar un paraíso donde sea posible la felicidad.
La novela narra la historia de David Kepesh, quien se convierte en un pecho de 155 libras. Durante la novela, Kepesh enfrenta una lucha interna: parte de él desea sucumbir a sus deseos carnales, mientras que otra parte desea ser un ser racional. Kepesh, un profesor de literatura, compara su desdicha con la de Gregor Samsa en La metamorfosis de Kafka y la de Kovaliov en La nariz de Gógol. Asimismo, describe sus sensaciones sexuales mientras los enfermeros lo cuidan y cómo su novia practica sexo oral en su pezón.
El recuento del viaje espiritual de un hombre deLa mano de uno de los más grandes novelistasYidis de la historia.
Joseph Shapiro, judío polaco, huye de su país en 1939. Deambula por Europa y acaba en Rusia, en 1945, donde se reencuentra con Celia, una vieja amiga con quien se acaba casando. En 1947, el matrimonio emigra a Estados Unidos. Shapiro empieza una nueva vida y acaba ganando una fortuna con sus negocios inmobiliarios. No obstante, no se siente cómo con los valores de la sociedad que lo ha acogido, en la que se paga a la idolatría de todo género y parece que se desprecie la verdad. Como consecuencia de su malestar, inicia una incansable búsqueda de sí mismo y de las raíces de su cultura y su familia que, finalmente, lo llevará a establecerse en Israel.
Jean-Baptiste Grenouille es, gracias a su prodigioso sentido dei olfato, el mejor elaborador de perfumes de todos los tiempos. Pero es un ser grotesco, deforme y repulsivo a los ojos de las mujeres. Como venganza a tanta ofensa sufrida a causa de su aspecto físico, elabora un raro perfume que subyuga la voluntad de quien lo huele. Así, Jean-Baptiste consigue el favor de las damas de la alta sociedad y el dominio de los poderosos. Existe un único problema: para obtener la esencia elemental de la mágica fragancia se necesitan ios fluidos corporales de jovencitas vírgenes, y para ello el perfumista no duda en convertirse en un obsesivo, cruel y despiadado asesino.
Con la publicación de El pozo en 1939, Juan Carlos Onetti imprimía las primeras huellas de una trayectoria extraordinaria al tiempo que la literatura hispanoamericana abría sus puertas a una voz irrepetible. Este primer volumen de novelas breves abarca un período de veintidós años a lo largo de los cuales el autor uruguayo consolidó e hizo inconfundible un estilo perpetrado en obras como las que aquí se reúnen: Los adioses (1954), Para una tumba sin nombre (1959), La cara de la desgracia (1960) y Jacob y el otro (1961), además de su ya mentado debut narrativo. Sus páginas son el fruto amargo de la turbia pero hiriente mirada de unos ojos enfrentados al rostro mismo de la existencia y la condición humana.
El día que es arrestado, K. abre la puerta de su habitación para informarse sobre su desayuno. Acusado de un crimen que desconoce por jueces que no ve nunca y conforme a leyes que nadie puede explicarle, K. abrirá un número inimaginable de puertas intentando comprender la situación.
A medida que el proceso ocupe más y más lugar en su vida, cada puerta constituirá una traba cada vez más alienante en el proceso judicial al que se ve sometido. Solo K. parece darse cuenta, en una lucidez irrisoria e inútil hasta el fin, de la total ausencia de hechos o eventos que clarifiquen la interminable incongruencia de su confinamiento.
Ana María Matute evoca la infancia en un libro de relatos empapado de esa belleza, ternura e intuición que solo sentimos cuando pensamos en lo irrecuperable.
Tras once años de ausencia, el protagonista de El río vuelve a los escenarios de su niñez. El pueblo por el que correteó durante varios veranos ya no existe. Ha sido cubierto por las aguas del pantano y sólo emerge, como inquietante aparición, cuando baja el nivel con los calores de agosto. Desde esa presencia irreal y envolvente, Ana María Matute nos ofrece una serie de relatos breves, que esbozan momentos de una infancia tan mágica como irrecuperable. Los lobos, los mendigos, los disfraces, la muerte de un niño, la lluvia, las nubes o el eco son algunos de los elementos de esa evocación, que integra la realidad y el misterio, la vida y la muerte. Con un lenguaje agridulce, de sosegadas ternuras y raros presentimientos, El río nos descubre la fugacidad de los primeros años, la revelación de que "el tiempo nuevo se impone sobre el tiempo viejo, lo sofoca, lo pisa, y sigue".
Una obra maestra de la literatura que relata la degeneración progresiva de la familia Compson, sus secretos y las relaciones de amor y odio que la sostienen y la destruyenPor primera vez, William Faulkner introduce el monólogo interior y revela los diferentes puntos de vista de sus personajes. El libro se cierra con un apéndice que descubrirá al lector los entresijos de esta saga familiar de Jefferson, Mississippi, conectándola con otros personajes de Yoknapatawpha, territorio creado por Faulkner como marco de muchas de sus novelas. «Cuando leí a William Faulkner, de repente me di cuenta de que la prosa podía tener la libertad y la posible indisciplina de la poesía.» Michael Ondaatje
El anciano Ogata Shingo no consigue ganarse ni el amor ni el respeto de sus hijos, pero sin embargo puede oír el rumor de la montaña. Como cabeza de familia, le preocupa la decadencia moral de sus descendientes: Shuichi, a quien la guerra ha helado el corazón, está casado con la maravillosa Kikuko pero le es infiel y tiene un hijo con otra mujer; por otro lado, Fusako vuelve a la casa paterna con sus dos hijos tras haberse divorciado de un marido drogadicto. Tanto Shuichi como Fusako creen que su padre es demasiado viejo e interpretan sus silencios como senilidad. Pero, en realidad, el pensamiento de Ogata Shingo sigue activo, repleto de hermosas imágenes, de sonidos de la naturaleza, de aromas, de escenas. Bajo la fina capa de la vida familiar, cada uno de sus miembros vive, en solitario, su drama, luchando en unas ocasiones contra el amor y en otras, contra la muerte. El ganador del Premio Nobel de Literatura en 1968 nos deleita con una obra que gira en torno a la soledad, la muerte y la búsqueda obsesiva de la belleza.