Esta joya inedita en español, con todos los ingredientes de una buena novela, sigue la vida de grupo de artistas en el Londres victoriano.
"Brillante. Muy original en su forma y en su montaje narrativo de escenas cruzadas".
Julian Barnes
"Un experimento jamás superado en el arte de la biografía".
The Guardian
Junio de 1846. Mientras Londres languidece bajo una ola de calor (la insolación ataca, la carne se pudre y el hielo es un bien muy codiciado), un glamuroso círculo de escritores y artistas pasan el verano bebiendo, cenando y opinando.
Bree, Olivia, Kitty y Margot ya no están enfadadas, ahora están asustadas. Con Bree y Margot fuera de juego, es tarea de Olivia y Kitty dar con el causante de todos sus problemas. Ir tras él va a ser una pesadilla, y más cuando sus vidas se están desmoronando a su alrededor. Las chicas están deseando contraatacar, pero el asesino (o asesina) podría ser cualquiera y parece que no solo busca venganza.
Las amenazas son cada vez más personales, la policía las ignora, y las chicas no tendrán más remedio que enfrentarse a su «amigo invisible» o morir en el intento.
Hace unos años, Linda Kinstler se enteró de que un hombre que llevaba décadas muerto —un nazi que había pertenecido al mismo comando asesino que su abuelo— era objeto de una investigación judicial en Letonia. Se trataba de Herberts Cukurs, el «carnicero de Riga», un célebre aviador que, tras la Segunda Guerra Mundial, huyó a Brasil hasta que el Mosad lo asesinó en 1965. Debido a la desidia de la fiscalía y al blanqueamiento de la biografía de Cukurs en nombre del orgullo patrio, existía el riesgo de que el proceso desembocara en su absolución. Como sucedía en otros lugares de Europa, algunos hechos incontestables y arduamente probados del Holocausto eran puestos en tela de juicio al mismo tiempo que morían sus últimos supervivientes, es decir, sus últimos testigos legales.
Guiada por las reflexiones del estudioso Yosef Yerushalmi, que se pregunta si el antónimo del olvido no es la memoria sino la justicia, Kinstler investiga la historia de su familia y se sumerge en los archivos de diez países para reflexionar sobre los desafíos legales y morales que presentan los crímenes del nazismo en pleno siglo xxi. ¿Cómo defender la verdad y la dignidad de las víctimas cuando se apagan sus voces? ¿Qué papel le corresponde a la justicia en una época en que, al amparo de ideologías ultranacionalistas, proliferan la negación y el revisionismo?
¿Cómo se fragua un poeta?, ¿debe recorrer algún camino para encontrar finalmente su voz entre las tantas que habitan el inmenso recinto de la poesía?, ¿cuál?, y ya que estamos en esto, ¿en qué momento la conciencia estética -esa necesidad de expresión casi biológica-, trasciende la sola necesidad de comunicación del poeta? Una relación acerca del oficio del poeta da cuenta, a grandes rasgos, de dos aspectos fundamentales que parecen decidir su sino: la angustia, producto del cúmulo de insatisfacciones que conforman su naturaleza como ente social sometido a los caprichos de la realidad; y la expresión, como un recurso al que suele asirse para intentar corregir todo cuanto de azarosa o trágica tiene su existencia, y, al mismo tiempo, para perpetuar cuanto de bueno, hay en ella: el amor, la solidaridad, la lucidez, la nostalgia... En los poemas de Cornielle del Peñón -el autor del que nos ocupamos en esta ocasión- el éxtasis y la incertidumbre se perciben como dos grandes dimensiones de un tema general: el amor, trascendiendo un enamoramiento justificado, en los términos de Shopenhauer, solo en el ámbito sexual... solo algunos de los títulos en los que de entrada se vislumbra la temática a la que nos adentraremos en Versos del ala sur: el amor como una gran aspiración. En estos primeros versos Cornielle del Peñón emprende su camino hacia la consecución de su voz...
Teodoro de Sykeon fue un monje bizantino nacido en 530 y que vivió en Galacia (Asia Menor), donde también murió en 613. Hijo de una prostituta que prestaba sus servicios en la posta imperial de la localidad, se distinguió desde su juventud por las duras disciplinas a las que se sometió y por sus excepcionales dotes como exorcista. Pasó toda su vida luchando contra el demonio y liberando a personas, animales y hasta las cosechas de las enfermedades y males causados por el maligno, lo que le proporcionó una enorme popularidad. Consagrado obispo de una ciudad vecina a los dieciocho años, su fama hizo que fuese llamado varias veces a la capital del Imperio, Constantinopla, así como a otras ciudades, incluida Jerusalén, para poner sus dotes de exorcista al servicio de emperadores, patriarcas y altos cargos de la corte.
Ulises, el hombre de ingenio y mente deslumbrante; Alejandro Magno, cuyo sueño de un imperio mundial no se hizo realidad, pero que nos dejó un magnífico legado de civilización, tecnología y arte; la batalla de Teutoburgo, la gran derrota de Roma, muestra del horror de la guerra y la violencia, y también algunas de las páginas más sobresalientes de la contemporaneidad, como las guerras mundiales del siglo xx, en las que la Historia, como una verdadera magistra vitae, se repite y se revisita a sí misma. Si hay alguien que ha vivido muchas vidas en el espacio de una sola, sin miedo a viajar y a husmear en todos los pliegues del mundo, ése es Manfredi.