Las palmeras salvajes reúne dos historias que van alternándose, "Palmeras salvajes" y "El Viejo", para conformar una intensa novela sobre el enfrentamiento del ser humano con las fuerzas de la naturaleza y, sobre todo, con sus propias pasiones, sentimientos y ambiciones. El particular modo en que las dos historias van interrumpiéndose la una a la otra, en un alarde de imaginación y talento narrativo, dotan a la novela de una fuerza irresistible y van trazando la trayectoria de unos personajes a merced de terribles acontecimientos: uno que lo sacrifica todo por amor, y otro, un preso, que asiste al desbordamiento del río Misisipí y descubre aspectos inesperados de sí mismo.
Las pequeñas memorias, una joya literaria que recupera recuerdos de infancia y adolescencia de José Saramago. «Me interesa conocer mi relación con ese niño que fui. Ese niño que está en mí, siempre lo ha estado y siempre lo estará. Un adulto escribe memorias de adulto, acaso para decir: "Miren que importante soy". He hecho memorias de niño y me he sentido niño haciéndolas; quería que los lectores supieran de dónde salió el hombre que soy. Así que me centré en unos años, de los cuatro a los quince.» José Saramago Con un estilo sencillo y desnudo, Saramago describe los hechos, grandes y pequeños, que nunca, desde aquellos tiernos años, lograron desvanecerse en el tejido del recuerdo. De todos ellos, los más vívidos serán aquellos que acompañaron el despertar de su vocación de escritor: las largas horas pasadas en la encrucijada de los ríos que bañaban las tierras de cultivo de la aldea, las carreras entre los olivares, la contemplación del atardecer, la luna más luminosa que jamás alcanzara a ver mientras conducía los cerdos a la feria junto con su tío Manuel, la felicidad de acabar la tarea encomendada por su abuelo bajo una lluvia torrencial, la magia de los cines de barrio de Lisboa, la contemplación del cielo estrellado junto a su abuela en el ocaso de su vida, el arraigo a la tierra, la soledad meditabunda del adolescente...
Toño Azpilcueta pasa sus días entre su trabajo en un colegio, su familia y su gran pasión, la música criolla, sobre la que lleva investigando desde su juventud. Un día, una llamada le cambia la vida. Una invitación para ir a escuchar a un guitarrista desconocido, Lalo Molfino, personaje del que nadie sabe demasiado pero de gran talento, parece confirmar todas sus intuiciones: el amor profundo que siente por los valses, marineras, polkas y huainos peruanos tiene una razón más allá del placer de escucharlos (o bailarlos).
En Leer y escribir, Naipaul pasa revista a su relación con la lectura y con el hecho de escribir.
En esta breve narración, escrita desde la memoria más personal, el autor pasa revista a su relación con el libro y con el hecho de escribir. Desde sus primeras lecturas (por ejemplo, Veinte mil lenguas de viaje submarino) hasta su relación con la escritura y su concepción de la labor del escritor. Un texto sencillo en el que, partiendo de sus impresiones, el autor nos acerca sin ninguna dificultad a su mundo y a sus percepciones personales. Todo ello conforma el fresco de una vida dedicada a la escritura, desde los difíciles comienzos de la década de 1950 hasta la actualidad. La memoria de un aprendizaje interior y exterior que refleja las dificultades propias de haber vivido en una tradición básicamente oral como la cultura hindú. En unos tiempos en los que se cuestiona cuál es el papel de la lectura y la escritura en la vida de los seres humanos, V. S. Naipaul, premio Nobel de Literatura ofrece una respuesta personal, apasionada y original.
Con este libro se suma a la Biblioteca Saramago una obra decisiva en la trayectoria creativa del Premio Nobel Portugués, ya que Levantado del suelo reveló su plena madurez narrativa. En el Portugal rural, magistralmente plasmado en la historia de una familia del Alentejo desde 1910 hasta 1979, incluyendo la Revolución de los Claveles, asistimos a un cuadro de ignorancia, pobreza y sumisión, descrito con amargura punzante, que nos lleva desde los levantamientos y ocupaciones de fincas de comienzos del siglo XX hasta la esperanza, finalmente pasajera para los personajes, en la revolución de abril.Saramago, en perfecta posesión de sus medios, extrae del lenguaje campesino recuerdo estilísticos muy nobles, y muestra el estilo consolidado y brillante, el espléndido humor a trechos y la singular aptitud para la reconstrucción de ambientes que lo sitúan entre los principales narradores del presente.
Ambientada en un remoto pueblo de montaña, Lituma en los Andes comienza como una novela policíaca sobre la desaparición de tres lugareños. El cabo Lituma y su ayudante Tomás sospechan de Sendero Luminoso, la organización guerrillera que viene sembrando el terror en el Perú. Pero la intriga adquiere visos inesperados cuando se descubren crueles prácticas ancestrales en la zona, y la narración va ganando dimensiones conforme las pesquisas se alternan con los recuerdos íntimos de los protagonistas. Con un virtuoso manejo de la trama, la psicología y los generos, Mario Vargas Llosa ofrece al cabo una profunda meditación sobre la sociedad peruana y sus males históricos.
Rigoberto, un maduro empleado de una compañía de seguros, combate su banal existencia con una rica imaginación que va plasmando en cuadernos. Todo lo que Rigoberto no se atreve a hacer, no se atreve a vivir por sí mismo, sus audacias y aventuras imaginadas, sus deseos ocultos, van quedando reflejados en estas anotaciones que lo distancian cada vez más de su vulgar existencia.
Los cuadernos son como un baúl del que se van extrayendo inesperados relatos, atesorados por el personaje con mayor celo que si fueran reales, y constituyen un refinado compendio de la imaginación erótica. Pero la particularidad de estas fantasías es que parten siempre de pinturas, obras literarias y piezas musicales conformando un verdadero y exquisito índice de la pintura y la literatura eróticas de todos los tiempos.
Como contrapunto al florido universo de don Rigoberto está el inquietante y perturbador ambiente que se forja alrededor de su hijo, Fonchito. Obsesionado con la vida y la obra del pintor austríaco Egon Schiele, el muchacho se sueña como la encarnación del pintor maldito y su misterioso mundo de niñas perversas y autorretratos angustiosos. Entre los dos personajes, la madrastra. Una mujer que es para ambos la figura principal de ese doble mundo de deseos y realidades. Una mujer a la medida de sus más exigentes fantasías.
"Los días felices" es una pieza clave en el teatro de Beckett, que, continuando el proceso de depuración escénica de sus obras precedentes, presenta también características fundamentales de sus piezas posteriores. Winnie, torturada por una luz cegadora y semienterrada en un montículo calcinado, se arropa en un ritual de gestos cotidianos y encuentra siempre motivos, por insignificantes que éstos sean, para considerar sus días felices.
Una novela única, ligera y honda a la vez, que indaga en las posibilidades del género para hablar sobre el cuerpo, el mundo y las estrategias siempre insuficientes con que intentamos cartografiarlos.
Este es un libro inquieto e inquietante, hecho de «historias incompletas, cuentos oníricos» subsumidos en un libérrimo cuaderno de viaje a base de excursos, apuntes, narraciones y recuerdos que muchas veces tienen como tema el viaje mismo: así, el relato de Kunicki, que tendrá que enfrentarse a la desaparición de su esposa y su hijo, y a su reaparición enloquecedoramente enigmática. O el de Annushka, obsesionada por comprender los incomprensibles juramentos que profiere una pedigüeña. Y también el relato real de cómo el corazón de Chopin llegó a Polonia escondido en las enaguas de su hermana; o el del anatomista Philip Verheyen, que escribía cartas a su pierna amputada y disecada; cartas como las que le mandaba Josefine Soliman al emperador de Aus-tria para recuperar el cuerpo de su padre, disecado como la pierna de Verheyen e infamantemente expuesto en la corte donde había servido en vida.
Jacob Frank, el protagonista de esta novela, parece por sus peripecias un personaje ficticio que solo la mente de una novelista podría concebir. Sin embargo, resulta que existió, y su vida está históricamente documentada. La Premio Nobel Olga Tokarczuk parte de las andanzas de este personaje real para construir una novela impetuosa, deslumbrante.
En la segunda mitad del siglo XVIII, el joven judío Jacob Frank se reinventó una y otra vez; recorrió dos imperios, el de los Habsburgo y el Otomano; profesó tres religiones; se autoproclamó Mesías; soliviantó a las autoridades; reunió discípulos y creó una secta que abogaba por romper tabúes y practicaba, según algunos rumores, ritos orgiásticos y bacanales; buscó la trascendencia espiritual en pleno Siglo de las Luces; cuestionó el orden establecido y fue perseguido y acusado de hereje...