Marcellus es un pulpo increíblemente curioso y descarado. Cada día, mucha gente pasa por delante de su tanque en el acuario de Sowell Bay, aunque pocos se detienen demasiado. En cambio, Tova, la limpiadora, le ha cogido cariño y, mientras barre, le cuenta cuánto echa de menos a su hijo, desaparecido hace treinta años en el mar.
A Marcellus no se le escapa nada y es mucho más inteligente de lo que nadie podría imaginar, pero nunca se le ocurriría mover un solo tentáculo para ayudar a uno de sus captores humanos... hasta que comienza a formar una inesperada amistad con Tova. Con su perspicacia de detective, Marcellus ha deducido lo que sucedió la noche de la desaparición. Y ahora tendrá que ingeniárselas desde el otro lado del cristal para revelarle la verdad, antes de que sea demasiado tarde.
Una novela deslumbrante y conmovedora sobre una amistad capaz de vencer la peor de las soledades. Y una historia de esperanza sobre dos almas generosas, criaturas imperfectas... y , quizá por eso, increíblemente luminosas.
La sabiduría práctica necesaria para sobrevivir en un mundo competitivo.
El arte de la prudencia resume en trescientas frases una buena parte de la sabiduría práctica que permite triunfar en un mundo cada vez más competitivo y hostil. Su brevedad y su modernísima organización en fragmentos independientes no sólo favorecen una lectura casi permanente, sino que la convierten en la lectura óptima para cualquier momento o lugar: para frecuentar los pasajes preferidos o para una respuesta rápida a una cuestión que no admite más retrasos. Una obra que abarca las instrucciones, normas y explicaciones de la conducta humana. Es una suerte de universo en papel que aspira a proporcionar una cuidadosa guía de los resultados de los actos propios y de los ajenos.
De forma abreviada, de manera muy sugerente, con la participación del lector, El arte de la prudencia enseña que no existe un solo camino para la prudencia o para el éxito. Sus textos, leídos de la manera que el lector prefiera (tal y como aparecen, en orden inverso, al azar, etc.), constituyen un consejero inagotable, siempre el mismo y siempre distinto ya que el lector es quien decide el camino que se debe llevar.
En esta tercera parte de La Profecía Celestina recorrerás un largo camino plagado de descubrimientos, aventuras y emoción, que te llevará hasta la revelación del secreto de Shambhala.
Tu búsqueda de Shambhala empieza con las palabras de un niño y la visión de un viejo amigo. Estas remotas pistas y una importante sincronía nos llevarán a Katmandú, en el Nepal, y a Lhasa, en el Tíbet. Entre nevadas huracanadas y peligrosas cumbres, descubrirás el secreto de la secta tibetana que conserva misteriosas leyendas y cuyas instrucciones, transmitidas oralmente durante siglos, describen los cambios interiores que se necesitan para adentrarse en Shambhala.
Después, con agentes chinos pisándote los talones, cruzarás regiones donde la ira y la compasión lucharán por imponerse, y finalmente llegarás a un lugar donde te será revelada una maravillosa realidad regida por la energía y el poder de la plegaria humana...
Esta cuarta parte de La Profecía Celestina explora, a través de lo que su autor denomina «efecto parábola», las semejanzas y las diferencias que existen entre las religiones del mundo y revela los mensajes fundamentales que se esconden en ellas.
Los protagonistas de La Duodécima Revelación reciben un pedazo de un antiguo manuscrito que contiene el secreto de la nueva espiritualidad que será revelada a la humanidad durante la segunda década del siglo XXI. El documento solo está disponible en fragmentos y para entender el significado de su contenido es necesario encontrarlos todos. Este hallazgo, unido a la necesidad de entender el cambio de espiritualidad que se anunciaba ya en las antiguas profecías mayas y el significado que este mismo comporta, marcarán el inicio de una búsqueda apasionante que los llevará a descubrir el mensaje en su totalidad.
A medida que avanzan en su viaje -un recorrido iniciático que los conducirá hasta las profundidades de su alma- se enfrentarán a fuerzas políticas y religiosas extremas que aparecerán a medida que alcancen cada una de las revelaciones espirituales, pero también encontrarán guías que los ayudarán a avanzar y a entender lo que sucede tanto fuera como dentro de sí mismos.
«¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?», preguntó la señora Winterson a su hija Jeanette cuando ella, recién cumplidos los dieciséis años, le confesó haberse enamorado de otra chica. Curiosa pregunta, pero poco más podía esperarse de una mujer que había adoptado a una niña para hacer de ella una aliada en su misión religiosa, y en cambio se las tuvo que ver con un ser extraño que pedía a gritos su porción de felicidad.
Armada con dos juegos de dentadura postiza y una pistola escondida bajo los trapos de cocina, la señora Winterson hizo lo que pudo para disciplinar a Jeanette: en casa los libros estaban prohibidos, las amistades eran mal vistas, los besos y abrazos eran gestos extravagantes y cualquier falta se castigaba con noches enteras al raso, pero de nada sirvió. Esa chica pelirroja que parecía hija del mismísimo diablo se rebeló, para buscar el placer en la piel de otras mujeres y encontrar en la biblioteca del barrio novelas y poemas que la ayudaran a crecer.
Eso y mucho más es lo que ofrecen estas páginas excepcionales en las que Winterson se quita la máscara de la ficción para contar la historia real tras su legendaria novela Las naranjas no son la única fruta: un libro de memorias que ya se ha convertido en un clásico de la literatura contemporánea.
En 1999 centenares de jóvenes pasaron por las audiciones para interpretar a Harry Potter. Entre los dos candidatos que llegaron hasta el final, Daniel Radcliffe fue elegido por tener, según la directora del casting, «ese algo extra». Al leer estas declaraciones, David Foenkinos empatizó de inmediato con el chico que no tenía ese toque extra: el número dos. Esta novela narra su historia.
La vida de Martin Hill, un chico con padres divorciados y gafas negras y redondas, da un vuelco cuando acude por azar a la productora londinense en la que trabaja su padre el mismo día en que pasa por ahí David Heyman, inmerso en la búsqueda del actor que encarnará al pequeño mago. Tras ser descartado, Martin irá cayendo en sucesivas depresiones con cada nueva entrega de los libros y las películas. A su alrededor, todo le recuerda el éxito de su rival y poco a poco, en lugar de disfrutar de la vida de Radcliffe, la suya propia empieza a parecerse a la del atormentado personaje de ficción. ¿Podrá sobreponerse a esa mancha en su destino y hacer del fracaso una fuerza?
«Durante las noches azules uno piensa que el día no se va a acabar nunca. A medida que las noches azules se acercan a su fin (y lo hacen, lo hacen siempre), uno experimenta un escalofrío literal, una visión de enfermedad, en el mismo momento de darse cuenta: la luz azul se está yendo, los días ya se están acortando, el verano se ha ido. Este libro se titula Noches azules porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte de las promesas, el acortamiento de los días, lo inevitable del apagamiento, la muerte de la luz. Las noches azules son lo contrario de la muerte de la luz, pero al mismo tiempo son su premonición.»
Deborah Levy arranca estas memorias recordando la etapa de su vida en que rompía a llorar cuando subía unas escaleras mecánicas. Ese movimiento inocuo la llevaba a rincones de su memoria a los que no quería volver. Son esos recuerdos los que forman Cosas que no quiero saber, el inicio de su «autobiografía en construcción».
Esta primera parte de lo que será un tríptico sobre la condición de ser mujer nace como respuesta al ensayo «Por qué escribo», de George Orwell. Sin embargo, Levy no viene a dar respuestas. Viene a abrir interrogantes que deja flotando en una atmósfera formada por toda la fuerza poética de su escritura. Su magia no es otra que la de las conexiones impredecibles de la memoria: el primer mordisco a un albaricoque la traslada a la salida de sus hijos de la escuela, observando a las otras madres, «jóvenes convertidas en sombras de lo que habían sido»; el llanto de una mujer le devuelve la nieve cayendo sobre su padre en el Johannesburgo del apartheid, poco antes de ser encarcelado; el olor del curry la lleva a su adolescencia en Londres, escribiendo en servilletas de bares y soñando con una habitación propia.
Leer a Levy es querer entrar en sus recuerdos y dejarse llevar por la calma y el aplomo de quien ha aprendido todo lo que sabe (y todo lo que no querría saber) a fuerza de buscar su propia voz.
«Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres.» Así empieza esta magistral novela del autor de Vía Revolucionaria: la historia de dos hermanas que construyen sus vidas por caminos opuestos. Para Sarah, el matrimonio y la vida familiar son un refugio seguro, aunque no garanticen la felicidad. Emily, en cambio, busca en un hombre tras otro las respuestas que no puede darse a sí misma, y procura en vano huir de la soledad.