Todo empezó en los años veinte del siglo XXI.
«La historia que voy a contar es nuestra parte de la historia, nuestra contribución al final de un mundo. La madre de Caperucita que cada una escondía en su interior -y la conciencia de haber sido Caperucita antes- emergió. El resultado, aquella forma de dinamitar un mundo definitiva y radicalmente, fue obra de todas.
Porque mientras el lobo sea lobo, se las va a comer. Y aquel era un mundo de bosques: cada bosque con su lobo, cada lobo con su apetito y todo apetito, insaciable».
Con el ritmo de una novela negra y la crudeza de una profecía descarnada, Cristina Fallarás nos presenta un relato original, divertido y brutal en el que realidades como las sex dolls, los medios de comunicación y la misoginia convierten la violencia sobre el cuerpo de la mujer en la gran protagonista de esta historia.
HUMOR NEGRO. PROFECÍA DESCARNADA. LA NOVELA DEFINITIVA DE CRISTINA FALLARÁS.
Se cumplen cincuenta años de la muerte del dictador Francisco Franco mientras la nueva ultraderecha española de Vox marca la agenda pública y capta el voto joven, en un contexto mundial conmocionado por los liderazgos agresivos del autoritarismo posdemocrático. El franquismo desaparece de la memoria colectiva como si nunca hubiera existido y, al mismo tiempo, crece en las urnas un neofranquismo desacomplejado que imita las formas chapuceras y los discursos amenazantes de personajes como Donald Trump. Es una inquietante paradoja. Los neofranquistas presentan el pasado más oscuro como una sociedad ideal a recuperar. Reciclan los residuos de la dictadura y los mezclan con ideas copiadas de sus socios internacionales para ofrecer soluciones drásticas y excluyentes, desde las cámaras legislativas, la calle y las redes sociales. Francesc-Marc Álvaro -testigo directo del poder político del Estado desde su escaño en el Congreso- explica las claves del ascenso de una opción populista que pretende conquistar las instituciones con la antipolítica más descarnada. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Este libro propone algunas respuestas para comprender el nuevo paisaje político.
Vivimos en una era de crisis múltiples, que avanzan a diferentes ritmos e intensidades y definen nuestro presente. La crisis climática se acelera, mientras que la crisis social crece con el rechazo a la gentrificación y el auge de movimientos populistas. La crisis energética alterna momentos críticos con periodos de calma, y la de materias primas afecta las cadenas de suministro; a todas ellas ahora sumamos la crisis del agua potable.
Esta situación nos conduce a un choque inevitable con los límites de un planeta finito y la incapacidad de los poderes políticos y económicos para entender que seguir creciendo de forma perpetua es inviable. Pero, paradójicamente, cuando las empresas manufactureras priorizan la supervivencia al crecimiento, está claro que algo tampoco va bien.
Europa, particularmente vulnerable por su envejecimiento, la escasez de recursos y una industria superada por potencias como China y Rusia, enfrenta una rápida desindustrialización.
Es urgente encontrar soluciones sostenibles que aprovechen el verdadero potencial del continente. El futuro de Europa plantea el necesario debate sobre el modelo industrial y el futuro que nos espera en este contexto de crisis global.
Desde 2018, cuándo Miguel Díaz-Canel asumió la presidencia para sustituir a Raúl Castro, Cuba ha entrado en la postrevolución. El cambio generacional y el fin del Castrismo marca un antes y después en la Isla. Las protestas ciudadanas del 11 de julio de 2021 señalaron una creciente "latinoamericanización" de Cuba y el fin de los logros sociales de la Revolución que está entrando en su última fase. No obstante, la transición democrática sigue bloqueada, entre otros por el longevo embargo de EE.UU. Este libro, escrito por un grupo de autores y autoras de Europa y Cuba, analiza, desde un enfoque multidisciplinar, la situación política, económica, social e internacional de la Isla para desarrollar y discutir diferentes escenarios de futuro.
La democracia, tan desafiada actualmente, es una de las cosas cuya consolidación y mejora no sabemos exactamente qué nos está requiriendo: ¿indignación ante sus enemigos o serenidad confiada en su resistencia? ¿Son debidos sus males a la incompetencia de los dirigentes o a la estupidez de las masas? ¿Hasta qué punto podemos confiar en quienes aseguran defenderla? La historia de la democracia ha estado siempre acompañada por ese tipo de dilemas, lo cual parece indicarnos mucho acerca de su naturaleza, de ese equilibrio inestable en el que se articulan y renegocian los principios que la caracterizan. En este libro no hablo de su agitada historia sino de su incierto porvenir. Si la democracia es una forma de gobierno abierta al cuestionamiento y la renegociación de lo que se daba por establecido, la reflexión acerca de ella no está menos obligada a revisar sus conceptos, prácticas y previsiones.
Por mucha propaganda negruzca y viscosa que las compañías petrolíferas quieran verter sobre nosotros, la crisis climática no es un problema de «huellas de carbono» individuales ni de grandes soluciones tecnocientíficas: en realidad, la responsabilidad del calentamiento global arraiga en una ínfima minoría capitalista. De hecho, el último gran estudio al respecto demuestra que solo 100 empresas son responsables del 70 % de las emisiones globales desde 1988. Inaudito, ¿verdad? Pero real. Esas empresas están poniendo en gravísimo riesgo la vida de toda la humanidad y del planeta: han expropiado nuestra atmósfera, nuestros medios de supervivencia y nuestro futuro común. Por supuesto, son ellas quienes poseen, controlan y se benefician en gran medida de la producción material que da lugar a dichas emisiones, pues no nos engañemos más: el poder de la economía no está disperso entre los consumidores, es la producción (estratégicamente deslocalizada y oculta a nuestros ojos) la que en secreto limita y dicta el consumo. Y la única forma de cambiar ese modelo y sus devastadoras consecuencias será mediante una lucha.