En su nuevo libro, la reconocida socióloga Patricia Hill Collins nos ofrece un análisis innovador sobre cómo la violencia afecta de manera desigual a las personas según su clase, sexualidad, nacionalidad o etnia. Estas dinámicas invisibles de relaciones de poder superpuestas generan lo que la autora denomina «intersecciones letales», puntos donde las múltiples formas de opresión convergen y catalizan en una serie de prácticas violentas que recaen con mayor dureza sobre determinados grupos minoritarios.
Un retrato de Israel, uno de los sitios más tristemente actuales del mundo, de la mano del gran Josep Pla.En 1957, Pla viajó a Israel; relató su experiencia en una serie de crónicas que aparecieron en la revista Destino entre junio y septiembre de ese mismo año. En 1958, las crónicas se recopilaron en el volumen Israel en los presentes días, publicado en Buenos Aires. Se trata de uno de los grandes reportajes periodísticos de Pla, que destacó especialmente en el cultivo de este género, lo que bastaría para reeditar, hoy, aquel volumen. Pero hay más. En los sesenta y siete años que han transcurrido desde el viaje de Josep Pla, sin duda son muchas las cosas que han cambiado en el Estado de Israel. Sin embargo, el retrato que el escritor ampurdanés trazó, sin prejuicios religiosos ni políticos, del pueblo judío y sus características, de la historia del sionismo y de los orígenes del conflicto árabe-israelí conservan todavía plena vigencia.
Las palabras no son inocentes: nombran, legitiman y encubren. Este libro desvela cómo el conflicto palestino-israelí se libra también en el terreno del lenguaje, donde cada término puede convertirse en un arma de guerra simbólica. Muestra cómo los discursos oficiales presentan la ocupación y la violencia como inevitables, casi naturales. El foco se sitúa en la televisión pública española y en el programa Shalom, un espacio que, bajo la apariencia de cultura y religión, ha servido de plataforma diplomática al sionismo político. Entrecruzando análisis mediático, crítica cultural y reflexión ética, revela cómo se confunden deliberadamente identidad, fe y propaganda para moldear a la opinión pública.
Este libro reúne una pluralidad de voces –tanto israelíes como palestinas y de otras nacionalidades– que analizan de modo crítico el pasado, el presente y el futuro del proceso de paz. Concebido sin apriorismos de parte, su única premisa es que el diálogo y la palabra son los únicos medios verdaderamente fructíferos para resolver este terrible conflicto.
La obra está estructurada en dos secciones. La primera está dedicada a los antecedentes históricos, en especial a partir de los Acuerdos de Oslo, de la sobrecogedora situación actual. La segunda recoge diferentes propuestas para avanzar en el proceso de paz, a día de hoy quebrado, así como sus variados matices y límites.
Este volumen surge en el medio universitario, alcanzado también por un clima de polarización que se ha vuelto transversal y omnipresente. Sin embargo, tiene la confesa aspiración de que la universidad pueda convertirse en un espacio propicio para el diálogo riguroso, en el que distintas perspectivas puedan confrontarse y debatirse bajo el mismo techo, siempre desde el supuesto de la tolerancia y el respeto recíprocos.
Desde la creación del Estado de Israel hasta la ofensiva contra Gaza tras los atentados del 7 de octubre, este volumen recorre ocho décadas de violencia, tensiones y promesas incumplidas.
Un análisis claro, riguroso y accesible, con mapas, infografías, cronologías y documentos históricos, pensado para quienes buscan comprender, de forma ágil, pero con profundidad, la crisis israelopalestina y su impacto en la geopolítica mundial.
La derecha ha conseguido que el término wokese asocie peyorativamente al comportamiento y las políticas de la izquierda global hasta el punto de desdibujar sus límites y volverlos casi sinónimos, algo que, según advierte Susan Neiman, no solo es incorrecto sino también muy peligroso.
Este ensayo rastrea magistralmente las raíces intelectuales de lo woke y muestra no solo que sus ideas están basadas en falsas asunciones sobre pensadores como Foucault o Schmitt, sino que además entran en conflicto con los posicionamientos capitales en los que se ha basado la izquierda en los últimos siglos: un compromiso con el universalismo, la firme distinción entre justicia y poder y la confianza en el progreso. Si no toma ahora la firme decisión de volver su mirada hacia estos valores, la izquierda seguirá socavando su esencia y sus objetivos, y derivando inexorablemente hacia la derecha. A largo plazo, corre el riesgo de convertirse en aquello contra lo que ha luchado siempre.