La razón y el deseo entran en conflicto en este romance de verano ambientado en Italia.
Maya Killgore tiene veintitrés años y todavía está en proceso de descubrir qué hacer con su vida.
Conor Harkness tiene treinta y ocho, y Maya no puede dejar de pensar en él.
Es un cliché tan manido que le va a explotar el corazón: hombre mayor y mujer más joven; ricachón que trabaja en el sector biotecnológico y estudiante de posgrado con dificultades para llegar a fin de mes; el mejor amigo de su hermano y la chica en la que él ni se había fijado. Como bien le ha dicho Conor en más de una ocasión, la dinámica de poder está demasiado descompensada. Cualquier relación entre ellos sería conflictiva por muchos motivos, así que Maya debería quitárselo de la cabeza. Al fin y al cabo, Conor ha dejado claro que no quiere que ella forme parte de su vida.
Pero no todo es lo que parece, y los clichés a veces pueden convertirse en un giro en la trama.
El venerado líder de Krissand, el bastión principal de las Islas Perdidas, ha muerto, y parece que solo su hijo, despreciado por su tiranía y violencia, puede sucederle. ¿O no?
Las Escrituras Sagradas advierten de que hay una mujer destinada a destronarle: Iduna, su hermana bastarda. Una sencilla aldeana que de un día para otro se verá envuelta en las conspiraciones políticas de su pueblo.
Desde ese momento, su vida correrá un grave peligro pues Enok, un Cambiapieles sentenciado a muerte por sus numerosos asesinatos, se ha convertido en su sombra, y solo acabar con ella puede evitar que peligre su propio cuello.
Pero el Hado, caprichoso trazando los senderos de los mortales, ha entrelazado el de ambos para conseguir que los Ocultos, las bestias aladas de la Primera Era que aguardan ser reclamadas por el verdadero heredero, despierten de su letargo y hagan temblar la tierra y el mar.