Para que esto se realice creo que, si el capital mejor aconsejado se decidiera a hacer concesiones, a reintegrar hasta cierto punto a los trabajadores en la situación que antes tenían; a hacerlos si no socios, a lo menor participantes en cierto grado de los proventos que recauden; a convenir con la equidad que requieren todos los contratos humanos, sobre todo en aquellos que se desea obtener cooperación enérgica y eficaz en trabajos rudos como son los del campo. Pedro Francisco Bonó
En un campo dominicano, la familia de María siembra aceitunas. Como la cosecha no prospera, tendrán que abandonar la finca, y esto los llena de tristeza. Un día, el padre de María llega de la ciudad, acompañado del indio Quisqueya, y trae una fruta desconocida para ella: naranjas. Esa noche la niña sueña que siembra semillas de naranja y al dar gracias, inspirada por Quisqueya, una señora de manto brillante y corona de estrellas se le aparece. Después la familia volverá a sembrar la tierra con renovadas esperanzas.
Si apeláramos ambos a un juicio imparcial de las naciones cultas, y preguntáramos cuál es el verdadero pirata, entre el General Luperón que montaba el vapor Telégrafo, procuraba salvar la integridad territorial del suelo que lo vio nacer, o el Presidente Grant, que envía sus vapores a ampararse de Samaná, sin previa autorización del Congreso Americano, la solución no sería a mi ver muy difícil. Señor Presidente: S. E. ha abusado de la fuerza para proteger la más baja corrupción. Y si es cierto que es humillante para el pueblo dominicano tener mandatarios tan traidores, no es menos indecoroso para el gran pueblo americano el que su Gobierno consienta en tan ruines achicamientos. Para ambas naciones el hecho es afrentoso. Gregorio Luperón (Carta al Presidente Ulysses S. Grant de los Estados Unidos).
Apetezco [sic] más que nunca, por verme al lado de ustedes y por salir de todos estos enredos políticos de aquí, que están cada día peores, poniendo al país en un estado de miseria y de terribles angustias, matándose los unos a los otros, parientes y amigos, esta situación está de salirse huyendo todo el que puede. Buenaventura Báez 1876
María Cristo vino de Haití, habla bien el español y se dedica a vender ropa de paca. Vive con Casimiro, un chofer de ruta que la ha ayudado en sus gestiones. La familia de María Cristo -compuesta por su madre y hermanos pequeños- sigue en Haitií, después del terremoto que devastó la capital, Puerto Príncipe, atraviesa una situación de extrema necesidad. Por eso, ella se dispone a regresar para ayudarlos a pesar de la oposición de su marido. Después del reencuentro, María Cristo enfrenta un dilema: ¿vuelve a la tierra dominicana o se queda junto a su familia?