Tener la pretensión de ser astronauta, la ilusión de recorrer los siete mares o la fantasía de conocer a un dinosaurio suena irreal, pero es una manera de fomentar la imaginación de los niños y de desarrollar sus capacidades para establecer metas y propósitos por los que luchar en la vida. El mundo puede ser un lugar mágico en el que cumplir sueños tan bonitos como saltar en los charcos o tener miles de amigos, por tanto... ¡Que nada ni nadie impida a los niños soñar a lo grande!
En un mundo más conectado que nunca, el sentimiento de soledad es sin embargo cada vez más común. Muchos niños se sienten solos entre la multitud, se ven rechazados o excluidos por el grupo, quizá simplemente tienen miedo de quedarse solos cuando se van papá o mamá o no tienen amigos cerca. Con este librito pueden explorar ese sentimiento para educarse en un apego emocional seguro y llegar a la conclusión de que, en realidad... ¡No están solos!
Hugo es el único cocodrilo del pantano que no sabe llorar y está muy acomplejado. Claro que todos los demás van a intentar ayudarle con trucos como darle pena, hacerle enfadar ¡o pelar cebollas! No va a ser tan fácil hacer llorar a este cocodrilo... ¡Hasta que descubra que hay muchos tipos de lágrimas!
¿Es posible que todo un león salvaje tenga miedo? ¡Claro que sí! A cualquiera le pueden asustar las sombras en la oscuridad de la noche, las brujas, las tormentas o las alturas. Menos mal que el león tiene de amiguito al más valiente de la selva: el diminuto ratón. ¡Juntos podrán superarlo todo!
¿Qué ocurre cuando un pingüino tiene frío? En el Polo hay animalitos indiscretos que le criticarán por eso, pero por suerte sus papás tienen un regalo para él: un abrigo amarillo con seis botones. Botón a botón, el pequeño Juanito irá creciendo por dentro y por fuera hasta superar su problema gracias al poder del amor y la amistad.
Todos los cocodrilos saben llorar, excepto Hugo. Y eso le acompleja mucho. Afortunadamente, tiene una buena amiga con unos cuantos trucos para arrancarle algunas lágrimas por pena, rabia o miedo... ¿Funcionarán?