Jude Portman pronto aprendió a hacerse invisible para sobrevivir. Hija de una estrella de la música que se apagó con su nacimiento, creció bajo la sombra de una leyenda rota… y bajo las miradas de un pueblo convencido de que traía mala suerte.
Hasta que llegó Isaac, un chico que veía la vida en colores, pensaba con canciones y convertía el mundo gris de Jude en un lugar habitable. Con él, Jude descubrió algo que nunca habría imaginado:la posibilidad de mirarse sin miedo.
¿Y si crecer significara dejar de ser la villana en la historia de otros y ser la protagonista de la tuya?
¿Y si tu vida no fuera una maldición, sino un capítulo mal contado?
Esta no es la historia de su madre. Tampoco de su pueblo. Ni siquiera de Isaac.
Por primera vez, esta es la historia de Jude.
Una historia de transformación, del poder de los lazos, donde cada cicatriz oculta una verdad.
En el reino de Zilca, el poder no solo se hereda por sangre, sino que debe ganarse en batalla contra uno mismo. Mientras el príncipe Arlen Paradin es enviado a Prisca como parte de un rito de iniciación, lejos de los lujos del palacio y la seguridad de la corte, en lo profundo del bosque, un muchacho marcado por una maldición espera en silencio su oportunidad para descubrir el mundo. Ese muchacho es Ophir: fruto de un oscuro pacto que lo ha obligado a vivir en soledad y a luchar por sobrevivir. Dentro de él habita Hexamerón, un demonio que amenaza con consumirlo desde su infancia. Pero Ophir no quiere ser un arma, ni una profecía, ni un secreto. Quiere pertenecer. Quiere ser libre. Cuando las sombras del pasado regresan para reclamar sus deudas, Ophir se ve obligado a huir, a luchar junto a aliados inesperados y a tomar decisiones que lo enfrentan no solo con monstruos y tiranos, sino con la sombra más peligrosa de todas: la propia.
Antes de Hasley Weigel, existió Bella Adams: el primer amor de Luke, la chica que creyó que el tiempo podía construir un «para siempre».
Durante casi dos años, Bella peleó contra el muro que Luke levantó para no sentir, hasta que se cansó de romperse en silencio y decidió dejarlo ir...
Esta historia demuestra que el destino no se mide en tiempo ni en promesas. A veces, puede llegar una persona y hacerte sentir en un instante lo que no habías sentido en años.