Simón Bruma es el escritor favorito de Óscar, que devora sus novelas fantásticas. ¿Por qué no intentarlo? Así conocí a Noviembre, y juntos protagonizamos una aventura que nunca he podido olvidar. Todo empezó con el bisabuelo de un dragón.
Una peligrosa alianza entre una novia vampira y un licántropo alfa da lugar a una historia de amor tan intensa como para querer hincarle el diente
Misery Lark, la única hija del consejero vampírico más poderoso del suroeste, es, de nuevo, una marginada. Los días de anonimato entre los humanos se le han acabado: su padre recurre a ella para poder llevar a cabo una alianza de paz histórica entre los vampiros y sus enemigos mortales, los licántropos, por lo que no le queda más remedio que resignarse al intercambio. Otra vez...
Los licántropos son despiadados e impredecibles, y su alfa, Lowe Moreland, no es la excepción. Lidera a su manada con total autoridad, pero siempre de forma justa y, a diferencia del consejo vampírico, con compasión. Por el modo en que no pierde de vista a Misery, está claro que no se fía de ella. Y bien que hace...
Porque Misery tiene sus motivos para haber accedido a ese matrimonio de conveniencia, motivos que nada tienen que ver con la política ni con ninguna alianza, sino con lo único que le ha importado en la vida. Y está dispuesta a hacer lo que haga falta para recuperar lo que ha perdido, incluso si para ello debe vivir a solas en territorio licántropo; a solas con el lobo.
Beth vuelve a la ciudad universitaria tras más de un año fuera. Esta vez sabe quién es y está dispuesta a crearse su propio destino a medida día y a día y a dejar que las mariposas desaten su efecto si es así como tiene que ser.
Ben sabe que una vez se metió de lleno en la boca del lobo y ni siquiera le preocupa que no exista la salida, porque tiene claras sus prioridades: no hay nada que pueda interponerse entre él, el teatro y las personas a las que quiere.
Y Chris… Chris hace tiempo que perdió la esperanza de que un «para siempre» no sea tan solo un imposible más.