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CIUDAD COLONIAL. SANTO DOMINGO (TD)

Aunque Santo Domingo es la ciudad más grande del Caribe, su esencia vital aún late en su centro histórico: la Zona Colo­nial. Llegando desde el este, vislumbras sus murallas en la orilla opuesta del río Ozama, levantadas entre la ribera y el mar agitado. Desde hace más de 500 años, a través de esta antigua colonia europea en América, la historia no ha dejado de soplar - suavemente como los vientos alisios, o con la furia de un huracán. A diferencia de las zonas de patrimonio histórico de otros países, que suelen verse como zonas-mu-seos, la Zona Colonial está en permanente cambio. Seas dominicano o viajero, siempre la descubres por vez primera. Pero paradó­jicamente, tan pronto paseas por sus calles estrechas, sientes que has vivido toda la vida en este lugar. Que desde hace déca­das pasas por delante de estas fachadas derruidas con su azul vuelto gris y su ocre desteñido en blanco. Que las fachadas han sido agrietadas y manchadas por siglos de soles llameantes y lluvias torrenciales; que heléchos tenaces brotan de las grietas en los muros medio en ruinas. Aquí y allá, un balcón de hierro forjado cuelga tan torcido como los borrachos que deambulan abajo en la calle. Colmados que caben en un bol­sillo se esparcen entre sinuosos callejones: sus mostradores de madera como bares improvisados, donde los vecinos hacen cuentos bajo la estridencia de las melodías caribeñas. Prosiguiendo el paseo, llegas a tranquilas plazas arboladas, para luego atravesar iglesias góticas y renacentistas, o nobles casas hechas de piedra coralina. Una Roma tropical te rodea, cargada de buganvillas y enredaderas de flores de trompeta. Te maravillarás ante los arcos, las columnas, las naves abovedadas, los palacios; pero también disfrutarás de los hogares mas modestos, con sus alegres colores y sus chucherías de plástico, clara­mente visibles desde la acera. Si te detienes ante una ventana abierta, alguien te invitará a entrar. ¡Hola! ¿Qué hay? ¡Cuánto tiempo! ¿Está visitando de nuevo? ¿O es que nunca se fue? Hoyt Rogers, Traducido por Frank Báez
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ME LLAMAN LA TEQUILERA (OF3)

Esta novela reconstruye acuciosamente la intensa vida de una mujer extraordinaria: Lucha Reyes, la cantante que transformó la música popular mexicana, brindándole el particular sello que ha conquistado distintas generaciones y le ha dado la vuel­ta al mundo. Con una gran documentación, datos y testimonios, Alma Ve­lasco no sólo traza el retrato de la artista que inventó el género del mariachi tal y como lo conocemos en la actualidad, sino re­crea a un personaje de carne y hueso; su infancia en la pobreza y en la orfandad, su debut en el fascinante mundo de las carpas, sus encuentros y desencuentros amorosos, sus triunfos y fraca­sos, en suma, una vida llena de claroscuros. Me llaman la Tequilera es una ágil y amena crónica de toda una época en México: el final de la revolución, las noticias que sacudieron al mundo, las turbulencias políticas, el inicio de la radio, el cine y las canciones, la moda, los inventos que trans­formaron la vida de la gente y todo el trasfondo de circunstan­cias que rodearon a una de las protagonistas más emblemáticas de la cultura mexicana.
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LA IMAGEN-MOVIMIENTO

El presente libro, que junto con su complementario La imagen-tiempo se convirtió automáticamente en un clásico cuando apareció allá en 1982, no pretende ser una historia del cine, y sin embargo acaba revolucionando el concepto mismo de historiografía cinematográfica. Tampoco se plantea explícitamente como una reconsideración de la teoría fílmica, y no obstante constituye una de las aportaciones mayores de las últimas décadas al respecto. Su intención es definir lo que Deleuze llama la "imagen-movimiento", que se podría identificar con el cine clásico pero también con un conjunto de directores que establecieron una determinada tipología conceptual e iconográfica. Los grandes autores del cine inventan y componen, cada uno a su manera, imágenes y signos que los hacen comparables no sólo con pintores, arquitectos y músicos, sino también con pensadores.
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