Pintor, escultor, escritor, cineasta y un auténtico showman, Salvador Dalí (1904-1989) fue uno de los personajes más exhibicionistas y excéntricos del siglo xx. Pionero en introducir en el arte las ideas del psicoanálisis freudiano, es célebre en particular por sus prácticas surrealistas, con ideas tales como los relojes blandos o el teléfono langosta, que se han convertido en iconos del movimiento surrealista y del arte moderno en general.
Dalí solía describir sus cuadros como «fotografías de sueños pintadas a mano». La precisa representación de elementos estrambóticos y su disposición incongruente crean una incitante tensión e interés. El mismo Dalí explicó que pintaba con «el afán de la precisión más imperialista», pero solo «para sistematizar la confusión y contribuir al descrédito total del mundo de la realidad».
Con su peculiar bigote revolucionó el papel del artista representando a un personaje polémico en la esfera pública y creando obras que, además de contemplarse en las paredes de las galerías, podían consumirse en el ámbito de las artes gráficas, la moda, la publicidad, la escritura y el cine.
Este libro descubre las pinturas y la personalidad de Dalí, mostrando no solo su destreza técnica sino también sus composiciones provocadoras y sus temas estimulantes, como la muerte, la decadencia y el erotismo.
Con sus escaleras imposibles o sus mosaicos hechos de pájaros, el artista holandés M.C. Escher (1898-1972) creó un lenguaje gráfico único de rompecabezas, patrones singulares y pautas matemáticas. Denso, complejo y construido sobre principios intrincados, su trabajo, decorativo y lúdico y al mismo tiempo, juego continuamente con las ilusiones ópticas y las limitaciones de la percepción sensorial. Para matemáticas y científicos, Escher fue un genio. Para los hippies, un pionero del arte psicodélico. Este libro introductorio se adentra en la brillante mente de Escher a través de sus obras clave, fruto de su continua investigación acerca de la imagen y la percepción. En el camino esperan peces mutando en pájaros, lagartijas que parecen escaparse de la página, reflexiones magistrales, laberintos infinitos y algunas de las imágenes más alucinantes del arte del siglo XX.
Paul Gauguin (1848-1903) no estaba hecho para las finanzas. Tampoco duró mucho en la marina francesa, ni como vendedor de carpas en Copenhaugue porque no sabía hablar danés. Empezó a pintar en su tiempo libro en 1873. y en 1876 participó en el Salón de París. Tres años después, exponia junto a Pissarro, Degas y Monet. Vehemente y gran bebedor, Gauguin solía autoadjetivarse como «salvaje». Su íntima pero agitada amistad con el también temperamental Vincet van Gogh llegó a su clímax con un incidente violento en 1888, cuando Van Gogh se enfrentó supuestamente a Gauguin con una navaja de afeitar y más tarde se cortó la oreja. Poco después, tras completar una de sus obras maestras, La visión tras el sermón (1888), Gauguin se trasladó a Tahití con la intención de escaparse de «todo lo artificial y convencional» del mundo.
Fundador en 1897 del Teatro del Arte de Moscú, la figura de Constantin Stanislavski (1863-1937) ocupa un puesto destacado en la reformulación de la labor interpretativa planteada a principios del siglo XX a causa de su empeño en desarrollar una concepción teatral basada en la adecuada ambientación de cada obra y en la preparación psicotécnica del actor. La construcción del personaje, su último libro, fue publicado postumamente, y el tratamiento de los temas que en él se abordan -la caracterización física de los autores, el vestuario, la expresión corporal, la plasticidad del movimiento, la contención y el control, la dicción y el canto, la acentuación y la expresividad, el ritmo en el movimiento y el lenguaje, la ética teatral, etc.- da fe de la riqueza de experiencias, el talento didáctico y el sentido dramático del gran actor y director de escena.
El presente libro, que junto con su complementario La imagen-tiempo se convirtió automáticamente en un clásico cuando apareció allá en 1982, no pretende ser una historia del cine, y sin embargo acaba revolucionando el concepto mismo de historiografía cinematográfica. Tampoco se plantea explícitamente como una reconsideración de la teoría fílmica, y no obstante constituye una de las aportaciones mayores de las últimas décadas al respecto. Su intención es definir lo que Deleuze llama la "imagen-movimiento", que se podría identificar con el cine clásico pero también con un conjunto de directores que establecieron una determinada tipología conceptual e iconográfica. Los grandes autores del cine inventan y componen, cada uno a su manera, imágenes y signos que los hacen comparables no sólo con pintores, arquitectos y músicos, sino también con pensadores.
Esta novela reconstruye acuciosamente la intensa vida de una mujer extraordinaria: Lucha Reyes, la cantante que transformó la música popular mexicana, brindándole el particular sello que ha conquistado distintas generaciones y le ha dado la vuelta al mundo. Con una gran documentación, datos y testimonios, Alma Velasco no sólo traza el retrato de la artista que inventó el género del mariachi tal y como lo conocemos en la actualidad, sino recrea a un personaje de carne y hueso; su infancia en la pobreza y en la orfandad, su debut en el fascinante mundo de las carpas, sus encuentros y desencuentros amorosos, sus triunfos y fracasos, en suma, una vida llena de claroscuros. Me llaman la Tequilera es una ágil y amena crónica de toda una época en México: el final de la revolución, las noticias que sacudieron al mundo, las turbulencias políticas, el inicio de la radio, el cine y las canciones, la moda, los inventos que transformaron la vida de la gente y todo el trasfondo de circunstancias que rodearon a una de las protagonistas más emblemáticas de la cultura mexicana.