Cine y humor de la mano del podcast cultural con la comunidad más sólida de España.
El primer libro de Todopoderosos.
Todos tenemos películas supuestamente malas que no podemos dejar de ver una y otra vez. Cintas denostadas por público y crítica que, por diversos motivos, se nos han quedado pegadas, se han ganado un lugar en nuestro corazón.
Armados de argumentos, referencias y sentido del humor, Juan Gómez- Jurado, Rodrigo Cortés, Javier Cansado y Arturo González-Campos defienden en este libro este tipo de películas. A través de joyas desconocidas, placeres culpables, obras nostálgicas y bodrios divertidísimos, nos invitan a reconectar con el cine más allá de puntuaciones y tendencias efímeras para vivirlo como lo que es: una experiencia intelectual pero, sobre todo, emocional.
¿Sabía usted que Chopin nunca existió y que era una invención de George Sand ¿Que Sibelius escribió siempre la misma obra y nadie se dio cuenta ¿Que Stravinski formó un grupo pop para competir con The Beatles ¿Que Albéniz fue el jefe de una banda de forajidos en México a los diez años y que Satie ocultaba un Aleph dentro de uno de sus pianos ¿Y que Haydn realizaba viajes astrales Por las páginas de El horizonte quimérico desfilan un Mozart de cincuenta años, un Beethoven con el oído recobrado, autómatas inteligentes, compositores más poderosos que el Rey Sol y vampiros sedientos de música. Una reformulación del concepto de ucronía con guiños a Borges, Marcel Schwob y el realismo mágico que, sin duda, hará las delicias de los melómanos y de los amantes de las lecturas con una sonrisa en los labios.
Fue Sorozábal el músico más popular en el Madrid de mitad del siglo XX.
Su música tenía gancho, era chispeante, castiza, muy madrileña.
Era además original y moderna en su momento, sin que supusiera una ruptura con esa entrañable y larguísima tradición española de la zarzuela: o sea, tenía eso que hoy se busca en las generaciones nuevas de compositores sin hallarlo nunca.
El arte lírico de Sorozábal no cayó jamás en las ramplonas orquestaciones de otros músicos de zarzuela de su momento, período de franca decadencia artística del género.
Y, por si fuera poco, tenía un agudo sentido teatral en la equilibrada mezcla de elementos cómicos y de carácter, con una fuerte vena lírica, en él tocada de humana cordialidad y nostálgica ternura.
Junto a lo madrileño hay otro polo en la obra de Sorozábal, este más auténtico en su raíz: lo vasco, presente muchas veces en composiciones no teatrales para voz solista o para coro.