* Tierra, agua, aire, fuego y éter: las tradiciones de antaño consideraban que tan solo cinco elementos habían emergido del caos primordial para dar forma al cosmos y ordenarlo.
* El reconocido coleccionista y alquimista de imágenes Stephen Ellcock propone una asombrosa exploración de los componentes básicos de la materia.
* Conozca la sublime belleza de los elementos, sus infinitas cualidades, su poder insondable y sus múltiples asociaciones con los planetas, las estaciones, el cuerpo humano y los signos del zodiaco.
Este excepcional compendio ahonda en el simbolismo universal de los elementos: solo si redescubrimos las correspondencias que unen todas las cosas podremos restablecer el equilibrio y la armonía en la tierra y en nuestras propias vidas.
Sumérjase en el evocador acervo visual procedente de innumerables culturas y miles de años de investigación imaginativa y científica.
Desde la veneración de los antiguos egipcios por la acacia y el loto hasta el lenguaje victoriano de las flores y las obras de Vincent van Gogh y Georgia O'Keeffe, siempre hemos buscado sentido en la naturaleza.
A menudo se ha atribuido un significado específico a ciertas plantas, y se ha relacionado con sus usos alimenticios o medicinales, sus asociaciones con santos y héroes o cualidades más abstractas o estéticas, como la resistencia, la belleza y la fuerza.
Una guía, elegante y bellamente ilustrada que entreteje la botánica, la mitología, el folclore, los textos religiosos y siglos de arte y literatura para explorar el simbolismo cultural y los significados subyacentes de más de cincuenta plantas.
Have you ever thought of citrus fruits as celestial bodies, angelically suspended in the sky? Perhaps not, but J. C. Volkamer (1644–1720) did―commissioning an extravagant and breathtaking series of large-sized copperplates representing citrons, lemons, and bitter oranges in surreal scenes of majesty and wonder.
Ordering plants by post mostly from Italy, Germany, North Africa, and even the Cape of Good Hope, the Nuremberg merchant Volkamer was a devotee of the fragrant and exotic citrus at a time when such fruits were still largely unknown north of the Alps. His garden came to contain a wide variety of specimens, and he became so obsessed with the fruits that he commissioned a team of copperplate engravers to create 256 plates of 170 varieties of citrus fruits, many depicted life size, published in a two-volume work. The first volume appeared in 1708, with the impressively lengthy title The Nuremberg Hesperides, or: A detailed description of the noble fruits of the citron, lemon and bitter orange; how these may be correctly planted, cared for and propagated in that and neighboring regions.