Utagawa Hiroshige (1797–1858) was one of the last great artists in the ukiyo-e tradition. Literally meaning “pictures of the floating world,” ukiyo-e was a particular woodblock print genre of art that flourished between the 17th and 19th centuries. Subjects ranged from the bright lights and attractions of Edo (modern-day Tokyo), to spectacular natural landscapes.
In the West, Hiroshige’s prints became exemplary of the Japonisme that swept through Europe and defined the Western world’s visual idea of Japan. Because they could be mass produced, ukiyo-e works were often used as designs for fans, greeting cards, and book illustrations. The style influenced Impressionist, Post-Impressionist, and Art Nouveau artists alike, with Vincent van Gogh and James Abbott McNeill Whistler both particularly inspired by Hiroshige’s landscapes.
Sharp angles, strange forms, lurid colors, and distorted perspectives are classic hallmarks of Expressionism, the twentieth century movement that prioritized emotion over objective reality. Though particularly present in Germany and Austria, the movement’s approach flourished internationally and is today hailed as one of the most influential shifts in art history.
With leading groups Die Brücke (The Bridge) and Der Blaue Reiter (The Blue Rider), and key players such as Wassily Kandinsky, Egon Schiele, and Emil Nolde, the Expressionists disowned Impressionism, which they regarded as “man lowered to the position of a gramophone record of the outer world”, to depict instead a raw and visceral experience of life as it was felt, rather than seen on the surface. Their paintings brim with emotive force, conveyed in particular through intense and non-naturalistic color palettes, loose brushwork, and thick textures.
Largely self-taught as an artist, Francis Bacon (1909–1992) developed a unique ability to transform interior and unconscious impulses into figurative forms and intensely claustrophobic compositions.
Emerging into notoriety in the period following World War II, Bacon took the human body as his nominal subject, but a subject ravaged, distorted, and dismembered so as to writhe with intense emotional content. With flailing limbs, hollow voids, and tumurous growths, his gripping, often grotesque, portraits are as much reflections on the trials and the traumas of the human condition as they are character studies. These haunting forms were also among the first in art history to depict overtly homosexual themes.
De Yung Beef a C. Tangana o Rosalía: la historia de la generación musical más excitante de nuestro tiempo.
Detrás del contrato entre PXXR GVNG y Sony, de la actuación de Rosalía en los Goya, de la lona de C. Tangana en la Gran Vía de Madrid o de la entrevista de La Zowi en La Resistencia se esconde la historia más fascinante sobre un relevo generacional. Una nueva escena marcada por internet y por la falta de prejuicios en una década de momentos traducidos en rupturas aceleradas. La conversación política, estética y afectiva a través de la música que ha sido la más seguida en tiempo real. Nuevas formas de entender la industria; sobreproducción de música e imágenes, de memes y virales. Una serie de acontecimientos que nos hacen dudar de si lo que hemos vivido es realidad o simulacro.
Viena combina drama y elegancia como pocas ciudades. Majestuosa y sinónimo para muchos de suntuosos palacios y grandeza imperial, la urbe a orillas del Danubio fue durante siglos el corazón del Imperio austrohúngaro. Pero más allá de la exuberancia del barroco, Viena es también una de la capitales de la refinada cultura de café y de la tradición epicúrea, y atesora al mismo tiempo un patrimonio de música, arte y diseño vanguardista y exquisito que va de Johan Strauss a Egon Schiele, de Gustav Mahler a Josef Hoffmann.Vienna, Portrait of a City es un tesoro compuesto por fotografías de los últimos 175 años que repasan la evolución de la ciudad, desde que fuera capital imperial hasta convertirse en metrópolis moderna. Un paseo visual por el tiempo y el paisaje urbano con cientos de imágenes seleccionadas cuidadosamente que muestran el desarrollo arquitectónico de Viena y de las tendencias culturales e históricas que en ella se reflejan, ya sea la Ringstraße, una Gesamtkunstwerk (obra de arte total) urbana del siglo XIX, o los experimentos de la ?Viena Roja? en la década de 1920, cuando la ciudad tuvo un gobierno socialdemócrata por primera vez.
En vida, la fama de Johannes Vermeer (1632-1675) apenas sobrepasó las fronteras de su ciudad natal, Delft, y el reducido círculo de sus mecenas. Despues de su muerte, su nombre cayó largo tiempo en el olvido y fuera de Holanda sus pinturas llegaron a atribuirse erróneamente a otros artistas. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando Vermeer llamó la atención del mundo del arte internacional que, de pronto, supo admirar su precisión narrativa, la meticulosidad de los detalles de sus texturas y los majestuosos planos lumínicos. Habían descubierto a un genio.