Aparecieron (¿llegaron?) aquí millones de años antes que nosotros. Existen cientos de miles de especies, de las cuales solo conocemos un pequeño porcentaje. Su estrategia consiste en crear relaciones estrechas de convivencia, depredación y cooperación con sus ecosistemas. Cuentan con una inquietante mente desincorporada que se comunica a grandes distancias, entiende su entorno y planea cómo ocuparlo. Son fundamentales para la flora y la fauna: de no ser por ellos los suelos no estarían fertilizados y la materia muerta no se descompondría, con lo que la acumulación de desperdicios sería incontrolable. Sin ellos no habría bebidas alcohólicas, ni penicilina, ni cientos de medicamentos indispensables. Por si todo esto no bastara, algunos de ellos producen, sin que nadie sepa para qué, sustancias sin función aparente pero que cuentan con propiedades psicodélicas que logran franquear la rígida frontera hematoencefálica: es decir, que al ser ingeridas alteran la percepción y las funciones mentales.
Nuestra mente es mucho más maleable de lo que pensamos. Aunque nos resulte sorprendente, conservamos durante toda la vida la misma capacidad de aprender que teníamos cuando éramos niños. Lo que sí perdemos con el paso del tiempo es la necesidad y la motivación para aprender, de modo que vamos construyendo sentencias sobre lo que no podemos ser: el que está convencido de que las matemáticas no son lo suyo, la que siente que no nació para la música, la que cree que no puede manejar su enfado y el que no puede superar sus miedos. Demoler estas creencias es el punto de partida para mejorar cualquier cosa, en cualquier momento de la vida.
Esta es la buena noticia: se pueden cambiar ideas y sentimientos, aun aquellos que están profundamente arraigados. La mala noticia es que para transformarlos no basta con proponérselo. Así como concluimos a la velocidad de un rayo si una persona nos parece confiable, inteligente o divertida, también los juicios sobre nosotros mismos son precipitados e imprecisos. Ese es el hábito que tenemos que aprender: el de hablar con uno mismo.
Por suerte, la mala noticia no es tan mala. Disponemos de una herramienta simple y potente: las buenas conversaciones. Mezclando neurociencia, historias de vida y mucho humor, este libro explica cómo y por qué estas buenas conversaciones mejoran la toma de decisiones, las ideas, la memoria y la vida emocional y, así, pueden cambiar tu vida.
Nuestras hormonas nos moldean en cada etapa de nuestra vida, desde el segundo en que somos concebidos hasta el momento en que exhalamos el último aliento. Son esenciales para nuestro sistema inmunitario, el sueño, la digestión, el hambre, los niveles de estrés y mucho más. Cuando nuestros sistemas hormonales se descontrolan, pueden causar estragos en nuestra salud y nuestro bienestar, y sin embargo la mayoría de nosotros sabemos muy poco sobre el gran poder de nuestros mensajeros químicos.
Max Nieuwdorp, una autoridad mundial en hormonas, explora el papel que estas desempeñan desde los primeros años hasta la pubertad, el embarazo y la vejez, combinando historias de su vida cotidiana en el trato a sus pacientes con la asombrosa y vanguardista ciencia médica.
Nazareth Castellanos te deja claro, casi como si te contara un cuento, que ni sospechamos la relación que hay entre nuestro cerebro y el resto de nuestro cuerpo». Borja Hermoso, La conversación infinita
El cerebro es un órgano plástico, que puede ser esculpido con la intención y la voluntad como herramientas. Conocer su capacidad para aprender y adaptarse al entorno es descubrir aquello que nos construye desde fuera. Pero, paradójicamente, es esa misma plasticidad neuronal la que nos brinda la oportunidad de transformarnos desde dentro.
Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro (si nos lo proponemos)
El cerebro es un órgano plástico, puede ser esculpido con la intención y la voluntad como herramientas. Conocer su capacidad para aprender y adaptarse al entorno es descubrir aquello que nos construye desde fuera. Pero, paradójicamente, esa misma plasticidad neuronal nos da la oportunidad de transformarnos desde dentro.
Nazareth Castellanos se asoma a la filosofía de Martin Heidegger y propone tres pilares fundamentales en los que se sustenta la experiencia humana: construir, habitar y pensar. El relato comienza exponiendo la huella que los ancestros y las relaciones personales han dejado en la formación de nuestro cerebro, para luego explorar la posibilidad de reconstruir la arquitectura neuronal mediante la voluntad, algo para lo que la respiración es una herramienta esencial, pues establece un puente entre el mundo exterior y el interior, entre lo que somos y lo que creemos ser. Al seguir el trazo anatómico que dejan cada inspiración y cada espiración en el cerebro, pueden definirse las bases neuronales del encuentro con uno mismo. Aunando humanismo, ciencia y experiencias propias, la autora recoge diversas técnicas de respiración para reforzar aquellas zonas del cerebro que nos ayudarán a preservar la salud mental y a conseguir un acercamiento a la propia identidad a través de una experiencia amable.
El reconocido catedrático William Egginton nos ofrece un ensayo fascinante que explora la conexión entre la física cuántica, la filosofía y la literatura a través del análisis de tres grandes figuras: el escritor Jorge Luis Borges, el físico Werner Heisenberg y el filósofo Immanuel Kant.
Un poeta, un físico y un filósofo exploraron los mayores enigmas del universo: la naturaleza del libre albedrío, el extraño tejido del cosmos y los verdaderos límites de la mente, y descubrieron, cada uno a su manera, una reveladora verdad sobre nuestro lugar en el mundo.
En disciplinas tan dispares como la literatura, la ciencia y la filosofía, autores como el poeta Jorge Luis Borges, el físico Werner Heisenberg y el filósofo Immanuel Kant convergen sobre el inquietante hecho de la irreconciliable diferencia entre la realidad de «ahí fuera» y la realidad según la experimentamos. De dicha profunda verdad emana un caudal de estimulantes ideas: la noción del «yo»; el libre albedrío; el propósito de la vida humana; las raíces de la moral, de la estética y de la razón; y el origen y la naturaleza del propio cosmos.
Porque como estos pensadores ponen de manifiesto, todos creamos una imagen sustancialmente incompleta del mundo. Estamos varados en un abismo de extremos inmensos, entre lo astronómico y lo cuántico, una sima entre la libertad y el determinismo más absoluto, y debemos establecer nuestro hogar en medio de todo ello. Pero, por otra parte, gracias a nuestra condición de seres mortales y finitos, podemos experimentar el mundo en todo su esplendor.
Una historia de genialidad y perseverancia, de misoginia y antisemitismo
Hasta la década de 1950, ni siquiera las mentes más brillantes de la ciencia sabían cómo los genes transmitían la información esencial para la vida desde un organismo a su descendencia. Cuando el 28 de febrero de 1953 los científicos James Watson y Francis Crick irrumpieron en un pub de Cambridge para proclamar el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ácido desoxirribonucleico —el ADN—, nada volvió a ser igual en la historia de la ciencia y de la humanidad.
Watson, Crick y Maurice Wilkins ganaron el Premio Nobel de Medicina en 1962, mientras que el bestseller La doble hélice, las memorias de Watson sobre el descubrimiento, asentó un relato oficial plagado de medias verdades, injurias y prejuicios. La perfecta villana de aquel libro era la química Rosalind Franklin, quien había sido fundamental en los trabajos que condujeron al hallazgo y que sin embargo quedó relegada.
El secreto de la vida es la historia de la pugna entre personalidades complejas y ambiciosas llamadas a revolucionar la biología, en un tiempo —a mediados del siglo XX— en el que los científicos eran considerados algo así como dioses, en un sistema académico consagrado al progreso, pero también elitista, misógino y antisemita.
Este libro fascinante se adentra en el concepto del sexo desde un punto de vista evolutivo y netamente femenino. El gran invento que fue la reproducción sexual supuso el tributo, en el caso de algunas especies como la nuestra, de un dimorfismo sexual no necesariamente igualitario en el reparto de las funciones biológicas. En el caso concreto de la reproducción, las mujeres parten de unas condiciones anatómicas, fisiológicas y etológicas que las hacen estar en clara desventaja con la otra mitad de Homo sapiens, los hombres. Las presiones, condiciones y estados de estrés biológico a las que se ve sometido el cuerpo femenino a lo largo de la vida pubertad, menstruación, embarazo, parto, menopausia… muestran cómo la naturaleza parece haber hecho un pésimo reparto de facturas en el precio que hay que pagar por tener descendencia.
Arquitectura y objetos es el primer libro sobre arquitectura del fundador de la OOO, que profundiza en el intercambio entre ambas disciplinas. Con la estética como instrumento central, el libro se organiza en torno a la relación de la arquitectura con la filosofía y las artes visuales. Por un lado, repasa la historia de la influencia de la filosofía sobre la arquitectura en el siglo XX para demostrar la relación mutuamente beneficiosa entre ambos campos. Por otro, analiza las diferencias entre las artes visuales y la arquitectura en términos de cómo cada una de ellas propicia la experiencia estética, reevaluando las nociones de tiempo, forma y función para ofrecer una nueva perspectiva de la evolución terminológica, conceptual, metodológica, estilística y performativa de la arquitectura.