«Anoche fue encontrado el cadáver de Eustasio Peláez en una calle del polígono industrial C-40. Momentos antes se había visto por el lugar a Higinio Gurméndez, con el que tenía un litigio por unas tierras».
Puede ocurrir que esos dos hechos sean ciertos, y que sin embargo se derive de ellos una interpretación falsa. Porque el lector entenderá algo que no se ha dicho... pero se ha querido decir. ¿Qué debe hacer un juez en un caso así? ¿Se puede condenar a un periodista por contar hechos verdaderos? Álex Grijelmo ha escrito ya siete libros sobre periodismo y sobre divulgación lingüística, pero éste es distinto de los anteriores.
En La información del silencio, no se trata tanto de introducir al lector en el conocimiento del mundo de la lengua —aunque ese propósito también se consigue— como de construir una teoría sólida sobre las manipulaciones informativas basadas en trucos de silencio: esa forma de decir callando, de contar medias verdades.
Tras un recorrido lleno de ejemplos para explicar los significados del silencio tanto en el cine como en la literatura, en la retórica, en la música..., la obra se centra en la rama de la lingüística conocida como pragmática, que estudia el sentido de lo que decimos más allá de su significado. Y edifica así un armazón teórico para aplicarlo en los últimos capítulos, referidos ya al periodismo y a sus trampas.
Este libro constituye, por tanto, una aportación innovadora a la ética de la información, porque demuestra que el silencio también habla, y que el silencio puede mentir; y que los jueces no lo escuchan.
Las palabras son los embriones de las ideas. Según qué palabras utilicemos así formaremos nuestro pensamiento. Por eso los vocablos que se emplean en la política, la publicidad, la literatura, el amor…..constituyen un elemento de poder, porque moldean la mente de quien los recibe. Se establecen en ella y condicionan su forma de sentir. Muchos intentan dominar esos mecanismos, conocedores de la seducción que ejercen las palabras, para manipular el pensamiento ajeno. Esta obra analiza con innumerables ejemplos cómo se manipulan hoy en día los vocablos para alterar la percepción que tenemos de la realidad, cómo se emplean su fuerza o su finura para engatusar a los demás. Algunas de esas trampas estaban presentes, por ejemplo, en el lenguaje de los nazis, y todavía sobreviven en los discursos que escuchamos ahora. Los ejemplos mostrados permiten averiguar a su vez los mecanismos que se repiten en estas manipulaciones, y también los vicios del lenguaje (casi siempre inconscientes) que tienden a ocultar la presencia de la mujer en el mundo con una maniobra de seducción general. Es ésta una obra que relaciona disciplinas hasta ahora separadas: la psicolingüística y la comunicación social. Y lo hace el autor con un lenguaje común, sin tecnicismos, con ritmo y amenidad, ahondando en todos los trucos. Muchos están a la vista, y, sin embargo, jamás reparamos en ellos.
El primer Corán y el primer Talmud; los primeros textos en árabe o hebreo; las primeras partituras, el primer volumen ilustrado de arquitectura y los primeros cuentos obscenos; los primeros tratados médicos, culinarios o militares; los relatos que anunciaron la existencia de América y los mapas que mostraron su aún vacilante geografía; los primeros libros de bolsillo y los primeros best sellers... La formidable avalancha de novedades que salió de las imprentas venecianas durante la primera mitad del siglo XVI llevó el espíritu del Renacimiento a todos los rincones de Europa y derribó los últimos muros del orden medieval. Armada de papel, tinta y comercio, la Serenísima República desató la revolución del libro. Sus artífices fueron muchos, pero entre ellos sobresale Aldo Manuzio, el genio que creó la edición moderna e ideó la lectura tal como ahora la conocemos.
Esta obra constituye un verdadero manual orientador. Profesores y estudiantes podrán utilizarlo como guía para internarse en el fascinante mundo de la oratoria. Ayudará tanto el orador novel como al experimentado que quiera perfeccionarse. Servirá para preparar y diseñar su propio discurso de forma óptima. Tiende a llenar en cierta medida la falta de unidad y coherencia de los conocimientos aportados en forma fragmentaria, contribuyendo para que se puedan construir, dentro de un encuadre sencillo, las bases para una mejor comunicación vernal y gestual. Explica los fundamentos de la oratoria las técnicas que ayudarán a quien quiera aprender algo más en el estilo y la expresión adecuada, la respiración y la vocalización, el uso del lenguaje corporal, la superación del miedo escénico, las formas del discurso hablando en público.
Arrastrados por los acontecimientos, movidos por el acicate de la curiosidad u obligados por la exigencia profesional, han sido muchos los hombres de letras -periodistas y escritores- que a lo largo de los dos últimos siglos se han acercado a ese centro imaginario del horror -del horror absoluto- que supone toda guerra. La presencia de escritores y periodistas en los campos de batalla acompañando a los ejércitos viene siendo habitual desde que la prensa se consolidase como vehículo de comunicación masiva allá a principios del siglo XIX. Vivir la guerra -desde una periferia más o menos alejada o desde el centro mismo del combate- se convierte en el paso previo para poder contarla y explicarla, acercándola así a un gran público interesado por unos acontecimientos cargados siempre de emoción humana y cuya interpretación responde muy a menudo a evidentes intereses ideológicos. Los diferentes autores que colaboran en este volumen describen, analizan y estudian con detalle la experiencia de un amplio conjunto de escritores y cronistas que tras vivir la guerra en primera persona se ocuparon de dar testimonio de lo acontecido a sus lectores. A la descripción de los numerosos casos particulares, estudiados con detalle, se le suma el cuidadoso análisis de las implicaciones políticas e ideológicas que plantea, desde siempre, la representación de la guerra. Así pues, el volumen ofrece nuevas perspectivas a todos aquellos que se preocupan por la literatura y el periodismo -y por sus interrelaciones-, pero también, y muy especialmente, a quienes trabajan en el campo de la comunicación social.