Por sus bajas calificaciones, a Claridiana la envían a la casa de campo de los abuelos. Ella pensó que se aburriría como una lechuga sin vídeos, canciones y pantallas móviles, pero en medio de la naturaleza y los libros de la tía Emelinda encontró la más extraordinaria aventura que jamás imaginó, de la mano del más diminuto de los caballeros y a lomos de la más sorprendente cabalgadura.
Érase una vez un molinero muy pobre que, al morir, dejó al menor de sus hijos tan solo un gato. Pero no era un gato cualquiera... Pronto descubrió el hijo del molinero la suerte que había tenido con ese gato, que, con un gran ingenio, logró que su amo se convirtiera en marqués.