Una guía práctica a través de las enseñanzas del filósofo estoico séneca para una vida buena.
El estoicismo, la filosofía más influyente del Imperio romano, ofrece formas refrescantemente modernas de fortalecer nuestro carácter interior frente a un mundo impredecible. Ampliamente reconocido como el escritor más talentoso y humanista de la tradición estoica, Séneca nos enseña a vivir con libertad y propósito.
En El arte de vivir como un estoico, el académico David Fideler extrae las obras clásicas de Séneca en una serie de capítulos y explica con claridad sus ideas sin simplificarlas demasiado. Disfrutado mejor como un ritual diario, como una taza de café energizante, la sabiduría de Séneca nos proporciona un flujo constante de consejos probados en el tiempo sobre la condición humana, que no ha cambiado mucho en los últimos dos mil años.
Entre 1927 y 1932 Walter Benjamin realizó una serie de charlas radiofónicas dirigidas a niños y jóvenes que se difundieron a través de emisoras de Berlín y Frankfurt. Oficiando como un agudo pedagogo, Benjamin proporcionaba a su auditorio –que a menudo incluía también a los adultos, capturados por la belleza e inteligencia de las palabras del filósofo alemán– claves para comprender tanto la historia pasada como los acontecimientos del momento, a través de narraciones sobre gitanos y bandoleros, titiriteros y brujas, Fausto y Cagliostro, catástrofes naturales o la ley seca, dando lugar a un libro delicioso y esclarecedor que hoy se nos antoja más dirigido a un público adulto que aquel para el que originalmente estas charlas fueron concebidas.
Enciclopedia de la ignominia, álbum de personajes innobles, animalario de tipos indignos, como una manada de seres solo medio humanos y, por ello mismo, demasiado humanos, El bestiario de Michel Foucault es todo lo contrario a una leyenda dorada que exaltara los nombres propios de santos. El filósofo deja el protagonismo a sus criaturas extrañas, a sus muchos vástagos monstruosos: el delincuente y la histérica, el pederasta y la bruja, el pastor, el miserable, el perverso y el bárbaro, la puta y el estoico, y, así, hasta treinta y dos semblantes sombríos, insignificantes algunos, turbios otros, grises y nocturnos todos.
¿Qué puede enseñarnos un violín de trescientos años sobre nuestros bosques? ¿Cuáles son los matices del hielo? ¿Cómo influye en las historias el modo de narrarlas? Las preguntas son el hilo conductor del nuevo libro de Rebecca Solnit: para llegar a nuevos horizontes, nos susurra entre sus páginas, hace falta idear caminos alternativos, tomar la carretera secundaria y mirar el paisaje, perderse en el desvío para así alcanzar, en algún momento, una inesperada forma de ser, pensar y actuar.
Como una hoja de ruta hacia un mundo imaginado, este volumen recoge ensayos tan variados como el pensamiento de su autora, que con su característica agilidad salta de sus observaciones sobre la naturaleza y nuestra relación con ella, al análisis de la actual lucha feminista o las implicaciones modernas de su célebre concepto de mansplaining. Y es que para Solnit el ejercicio de pensar es ante todo una reflexión sobre cómo se construye el propio pensamiento.
¿Es moral el capitalismo? Nadie puede evitar enfrentarse a esta pregunta, puesto que ninguno de nosotros es ajeno ni a la moral ni al capitalismo.
Todo el mundo participa —mediante su trabajo, sus ahorros y su consumo— en un sistema económico que algunos justifican y otros condenan, siempre en nombre de conceptos éticos. André Comte-Sponville somete estas dos orientaciones morales al examen de un lúcido análisis.
A través de una escritura llana y asombrosamente clara, esta obra propone una visión del mundo de hoy que desemboca en una llamada a la responsabilidad.
Hay un gran desorden bajo el cielo; la situación es excelente», dice una célebre sentencia de Mao Zedong. Su mensaje es que cuando el orden social se está desintegrando, el caos resultante ofrece a las fuerzas revolucionarias una gran oportunidad para actuar con decisión y tomar el poder político. Pero en las convulsiones de hoy en día, dadas las crisis que nos acechan, ¿la situación sigue siendo excelente, o el peligro de autodestrucción es demasiado alto?