Magistralmente concebida con fines formativos y como un complemento perfecto a La filosofía japonesa en sus textos, esta obra es una culminación brillante de la trayectoria académica del autor, destinada a quien desee comprender la filosofía japonesa involucrándose en ella. Esta obra nos invita, por un lado, a familiarizarnos con varios periodos históricos y tradiciones del pensamiento japonés y, por otro, a conocer en profundidad y dialogar con siete grandes filósofos: K?kai, Shinran, D?gen, Sorai, Norinaga, Nishida y Watsuji. Su mérito no reside solo en presentar cronológicamente una serie de pensadores japoneses y sus obras, conceptos y teorías, o describir el contexto histórico, social y cultural en que se inscriben. Lo que convierte en excepcional y fascinante el recorrido que propone su autor es que, además de exponer distintas ideas, sus condicionamientos e impacto, interpela al lector a filosofar junto a los pensadores que las formularon, valorar sus argumentos y cuestionar sus propios posicionamientos.
Desde que el autor de este libro se acercó, hace más de treinta años, a las obras de Simone Weil, su lectura devino en una pasión para él. El de Simone Weil es un pensamiento que no se puede fijar. Posee un flujo propio que va unido al discurrir de su vida. Cabe, no obstante, abordarlo por sus ramales: su preocupación religiosa, su inclinación político-social, su experiencia mística, su visión científica. Los textos aquí recogidos se ofrecen como una introducción para navegar por ese pensamiento fluido, a sabiendas de que cada lector es responsable de su propia navegación.
La forma y lo inteligible es mucho más que una reunión de ensayos: es el retrato intelectual de uno de los pensadores más originales del siglo XX en el campo de la historia del arte. A medio camino entre el rigor académico y la intuición ensayística, Klein reflexiona sobre cuestiones como la perspectiva, la naturaleza del símbolo, la pérdida de referentes en el arte moderno o la imposibilidad de una iconografía «pura». Su método, cercano a la fenomenología de Husserl, se basa en una analítica hermenéutica que concilia historia e interpretación, forma y sentido, descripción y crítica. Tal como señaló André Chastel, Klein transita sin confusión de la ciencia al arte y de la filosofía al análisis de los estilos, deteniéndose con predilección en aquellos puntos donde imagen e idea se enlazan.
Este libro, nos dice su autor, es fruto de largos años de reflexión en torno a «líneas de pensamiento y experimentación poco habituales». Para él, la fuente es la imagen que mejor representa el misterio de la vida; en arquitectura, los rascacielos serían las fuentes heladas que han ido brotando en las ciudades. La forma, como afirmaba Sullivan, ha de ser siempre fiel a la función, pero, según Bragdon, la función debe expresar y determinar a la vez el significado mismo de la forma, como ocurre en los organismos naturales. Por tanto, la arquitectura ha de ser orgánica y estética, no en el sentido de «acorde con el buen gusto», sino en el más profundo de belleza.
Una de las obras más deslumbrantes y provocadoras del pensamiento occidental. En estas páginas, Nietzsche deja de ser únicamente filósofo para convertirse en poeta, psicólogo y profeta feroz de una época en transformación. Este estudio no es un tratado al uso: es un estallido de lucidez. Aquí convergen el ingenio y la profundidad, el canto a la vida y el vértigo de la duda, la carcajada que derriba dogmas y la mirada que se atreve a contemplar el abismo sin parpadear. El autor nos entrega aforismos brillantes, himnos a la ligereza y preguntas que incendian. ¿Quién es el hombre que se atreve a vivir sin redención, sin consuelo metafísico, sin certezas heredadas? ¿Qué queda cuando se ha declarado la muerte de Dios?Este libro marca el nacimiento de un nuevo espíritu: el del libre pensador, el del artista que forja su moral y su destino. Es, en el fondo, una invitación radical ?y a menudo peligrosa? a vivir con intensidad, sin máscaras, sin refugios fáciles. ¿Te atreves?
Nietzsche vuelve a mostrar en esta obra cómo los dos mil años de cristianismo han instaurado una moral equívoca basada en una concepción del bien y del mal que atenta contra los instintos del hombre. Esa falsa moralidad debe ser superada, con una inversión total de los valores establecidos. Para ello el filósofo contrapone aquí el pensamiento de la antigüedad, en una nueva muestra de su amor por la tradición clásica.