Dicen que los polos opuestos se atraen.
Qué gran verdad…
No hay ningún motivo lógico para que me sienta atraída por Colin Fitzgerald. No me gustan los chicos llenos de tatuajes que juegan al hockey, son unos frikis de los videojuegos y que además me consideran la típica chica popular superficial. Para colmo, Colin es el mejor amigo de mi hermano Dean. Y su compañero de piso Hunter está coladito por mí. Por si fuera poco, acabo de mudarme con ellos. Sí, lo habéis leído bien: ¡acabo de mudarme con ellos! No…, por mucho que me guste Colin Fitzgerald, es territorio prohibido. Aunque supongo que da igual, porque es evidente que no le intereso.
Anna Karénina, que Tolstói empezó a escribir en 1873 y no vería publicada en forma de libro hasta 1878, es una exhaustiva disquisición sobre la institución familiar y, quizá ante todo, como dice Víctor Gallego (autor de esta nueva traducción), «una fábula sobre la búsqueda de la felicidad». La idea de que la felicidad no consiste en la satisfacción de los deseos preside la detallada descripción de una galería espléndida de personajes que conocen la incertidumbre y la decepción, el vértigo y el tedio, los mayores placeres y las más tristes miserias.
Anna Karenina es, junto con la monumental Guerra y paz, una de las obras clave Lev Tolstoi, en la que vemos todas las señas de identidad del gran realismo ruso: fina crítica social y multitud de personajes con una profundidad psicológica asombrosa. Las desventuras de Anna Karenina y su afán por integrarse en una sociedad hipócrita que la margina por adúltera, pero perdona los desmanes de su amante, nos hacen reflexionar sobre la invisibilización de la mujer a la par que nos ofrecen un fresco monumental de la Rusia decimonónica y todas sus contradicciones.
La historia de Anna Karénina, junto a la de Madame Bovary, es uno de los adulterios más célebres de la literatura. El enamoramiento de la protagonista, casada con el alto funcionario Karenin, por el atractivo militar Vronski y el estrepitoso romance que con él vive son el eje de una novela que es mucho más que la pulida tragedia de una caída en desgracia: es un esmerado y delicado retrato de todo un tiempo y un lugar, la vivisección de una sociedad en la que la felicidad de algunos convive con la desdicha de otros. El presente volumen se abre con la espléndida introducción del que fuera catedrático en la Universidad de Cornell y estudioso de la literatura eslava George Gibian. A ella le sigue la cabal y aclamada traducción realizada por las hermanas Irene y Laura Andresco.
Cuando la abuela Adelfa muere, todos dan por hecho que ha sido un final natural. Todos menos Dalia, la única heredera de la magia de su familia. Por eso, la joven bruja se lanza a desentrañar la verdad, aunque para ello tendrá que luchar contra sí misma. ¿Y si su magia se ha desvanecido con la partida de su maestra?
Poco a poco, su verdadero legado se revela ante sus ojos. Dalia se topa con secretos que reabrirán todas las grietas de esta historia y con verdades que cambiarán lo que creía saber sobre sí misma.
Mientras tanto, el mundo continúa girando. Los ciclos lunares se suceden, y un nuevo vecino, cuya presencia lo altera todo más de lo que debería, se instala en la casa de al lado. Dalia, necesitada de un refugio, se apoya cada vez más en Úrsula, su mejor amiga.
Conforme el misterio se hace más profundo, se hace evidente que algo de aquel funeral se resiste a ser enterrado.