La Compañía se ha disuelto y sus integrantes emprenden caminos separados. Frodo y Sam avanzan solos en su viaje a lo largo del río Anduin, perseguidos por la sombra misteriosa de un ser extraño que también ambiciona la posesión del Anillo. Mientras, hombres, elfos y enanos se preparan para la batalla final contra las fuerzas del Señor del Mal.
Glace es la heredera al trono de Eísalh, pero hace diez años que la arrancaron de su hogar y la obligaron a exiliarse. Ahora, fuerzas oscuras amenazan con destruir el precario equilibrio de su mundo e iniciar una guerra entre reinos, y Glace es la llave para recuperar la paz.
En su camino a casa, conocerá a los Guardianes, personificaciones de la magia de los dioses, que a pesar de poseer un gran poder, sufren... y aman. Dividida entre el fuego y la tormenta, Glace tendrá que demostrarse a sí misma y a los demás que tiene la madera necesaria para ser reina.
Pero no todo el mundo es lo que parece y Glace tendrá que aprender a distinguir a sus aliados de sus enemigos... y a aquellos que puedan ser mucho más.
Han pasado siglos desde que el Ejército Dracónico alzó el vuelo, casi extinguiendo a la humanidad.
Marosa Vetalda está prisionera en su propia casa, controlada por su frío padre, el rey Sigoso.
Al otro lado de las montañas, su prometido, Aubrecht Lievelyn, gobierna Mentendon en todo menos en el nombre. Juntos, pretenden dar paso a un mundo mejor.
Un mundo mejor parece imposiblemente lejano para Estina Melaugo, que caza a las bestias dracónicas que han dormido por el mundo durante siglos.
Y ahora el gran wyrm Fýredel se agita, e Yscalin será el primero en caer...
Dentro de la ingente obra de Honoré de Balzac (1799-1850), Las ilusiones perdidas -novela publicada en su día en tres partes entre 1837 y 1843- ocupa en ella por derecho propio un lugar destacado, crédito que ya le otorgó en su día el propio autor. La obra narra la peripecia de Lucien de Rubempré, joven aspirante a escritor que viaja a París desde la provincia con el objeto de abrirse camino en la capital y triunfar con su pluma, quien sin embargo sólo encuentra en la capital el desengaño y la compacta corrupción de sus sueños.
Hacia 1928, el comisario Maigret ve llegar al Quai des Orfèvres a un joven periodista muy seguro de sí mismo, e incluso algo arrogante, llamado Georges Simenon. Este no duda en publicar poco después, con gran despliegue publicitario, una novela en la que él, Maigret, aparece como personaje... ¡y bajo su verdadero nombre!
Muchos años más tarde, ya convertido en amigo de Simenon, Maigret toma la pluma a su vez, decidido a corregir la imagen que el novelista ha dado de él y de su profesión. Delicioso e irónico diálogo entre un personaje y su autor, estas Memorias de Maigret ofrecen también un sorprendente retrato del París turbio de entreguerras.
Un emocionante juego entre la realidad y la ficción, y una auténtica joya literaria.