Cumbres Borrascosas (1847) es una de las novelas más populares de todos los tiempos, quizá la novela romántica por excelencia. Primera y única obra de la enigmática Emily Brönte, narra la trágica e imposible historia de amor entre Catherine y Heathcliff. Catherine es hija del propietario de una casa solariega llamada Cumbres Borrascosas, adonde un día este lleva un niño abandonado, un pequeño salvaje de piel oscura y habla ininteligible del que solo saben su nombre: Heathcliff. La irrupción de ese turbador personaje cambia para siempre la vida de la familia.
En contra del mito popular, Cumbres Borrascosas es una de las historias de amor más subversivas y estremecedoras de todos los tiempos, un clásico de lectura inagotable cuya traducción ha sido revisada para esta nueva edición.
La única novela de Emily se publica en 1847, un año antes de su muerte, y fue objeto de duras críticas y rechazo general. Una reacción negativa para con una autora a la que debemos mucho por haber dado a luz una obra como Cumbres borrascosas. No es fácil reflejar la pasión tal y como Emily lo hizo en su novela. Y más difícil aún transmitirla con tal maestría e intensidad al lector. Emily Brontë legó en sus páginas todo su talento, que junto a su percepción del mundo y de la vida, dieron lugar a una historia que nos traslada a ese mundo pasional. Nada es gratuito en Cumbres borrascosas, hasta las descripciones del paisaje, la casa, son necesarias, formando, a su manera, parte de la historia. Herencia bien afianzada en Brontë del papel de la naturaleza en el Romanticismo, consiguió con su pluma la creación de una obra para todos los tiempos. Una obra que ya ha sobrevivido a modas, corrientes, cambios y siglos, demostrando así su inmenso valor. Lo que en dos palabras queda dicho: un clásico.
Princesa. Prisionera. Huérfana. Rebelde.
Un trono arrebatado. Ella deberá luchar para devolvérselo a su pueblo.
Llega la segunda parte de Princesa de Cenizas.
Theo ya no lleva la corona de cenizas, ha recuperado su título y con él, un rehén: Prinz Soren. El pueblo sigue bajo la terrible dictadura del Kaiser, y ella está a miles de kilómetros de distancia de su trono.
Theo sabe que la libertad tiene un precio, pero está decidida a encontrar un camino para salvar al pueblo sin perderse a sí misma.
«Nadie pondrá en duda que soy un padre afectuoso con todos los hijos de mi imaginación, y que ningún otro progenitor puede querer a su familia con tanta ternura. Pero, como muchos padres afectuosos, tengo un hijo favorito en el fondo de mi corazón. Y su nombre es David Copperfield.»
Este reconocimiento de Dickens en el prólogo a la edición de 1867 de la novela tiene el valor de venir de su propio «padre». Pero, desde su publicación por entregas entre 1849 y 1850, David Copperfield no ha dejado más que una estela de admiración, alegría y gratitud. Para Swinburne era «una obra maestra suprema». Henry James recordaba que de niño se escondía debajo de una mesa para oír a su madre leer las entregas en voz alta. Dostoievski la leyó en su prisión en Siberia. Tólstoi la consideraba el mayor hallazgo de Dickens, y el capítulo de la tempestad, el patrón por el que debería juzgarse toda obra de ficción. Fue la novela favorita de Sigmund Freud. Kafka la imitó en Amerika, y Joyce la parodió en el Ulises. Para Cesare Pavese, en estas «páginas inolvidables cada uno de nosotros (no se me ocurre elogio mayor) vuelve a encontrar su propia experiencia secreta».
La inquietud por la ciencia y la tecnología es el motivo que llevó a Verne a concebir el proyecto de crear una literatura que uniese el entretenimiento con la cultura científica; de esta manera logró anticiparse a los acontecimientos tecnológicos que han revolucionado nuestras vidas: los viajes espaciales, la exploración del mundo submarino, etcétera. Podemos decir que algunas de sus historias de ficción se han convertido en realidad, aunque también creemos que su perdurable popularidad no se debe sólo a este hecho, sino a la innegable calidad artística de sus obras.