La única novela de Emily se publica en 1847, un año antes de su muerte, y fue objeto de duras críticas y rechazo general. Una reacción negativa para con una autora a la que debemos mucho por haber dado a luz una obra como Cumbres borrascosas. No es fácil reflejar la pasión tal y como Emily lo hizo en su novela. Y más difícil aún transmitirla con tal maestría e intensidad al lector. Emily Brontë legó en sus páginas todo su talento, que junto a su percepción del mundo y de la vida, dieron lugar a una historia que nos traslada a ese mundo pasional. Nada es gratuito en Cumbres borrascosas, hasta las descripciones del paisaje, la casa, son necesarias, formando, a su manera, parte de la historia. Herencia bien afianzada en Brontë del papel de la naturaleza en el Romanticismo, consiguió con su pluma la creación de una obra para todos los tiempos. Una obra que ya ha sobrevivido a modas, corrientes, cambios y siglos, demostrando así su inmenso valor. Lo que en dos palabras queda dicho: un clásico.
Princesa. Prisionera. Huérfana. Rebelde.
Un trono arrebatado. Ella deberá luchar para devolvérselo a su pueblo.
Llega la segunda parte de Princesa de Cenizas.
Theo ya no lleva la corona de cenizas, ha recuperado su título y con él, un rehén: Prinz Soren. El pueblo sigue bajo la terrible dictadura del Kaiser, y ella está a miles de kilómetros de distancia de su trono.
Theo sabe que la libertad tiene un precio, pero está decidida a encontrar un camino para salvar al pueblo sin perderse a sí misma.
Una damisela en apuros coge al dragón por los cuernos en esta épica novela de fantasía que le da la vuelta a los clichés de los cuentos clásicos.
Esta historia, basada en un guion original de Dan Mazeau, es la próxima gran adaptación de Netflix,protagonizada por la estrella de Stranger Things y Enola Holmes, Millie Bobby Brown.
Hace tres años, Lift pidió a una diosa que le impidiera crecer, un deseo que creyó que se le concedía.
Ahora, en Danzante del filo, la adolescente recién revelada como Caballera Radiante descubrirá que el tiempo no se detiene para nadie. Aunque el joven emperador azishiano le concedió refugio y mantenerla a salvo de un ejecutor al que conocen solo como Oscuridad, la vida en la corte está sofocando el alma libre de Lift, que no puede evitar partir hacia Yeddaw cuando oye que el implacable Oscuridad está allí, cazando a gente como ella con incipientes poderes.
Las masas oprimidas de Yeddaw no tienen nadie que las defienda, y Lift sabe que deberá afrontar esa maravillosa responsabilidad.
«Nadie pondrá en duda que soy un padre afectuoso con todos los hijos de mi imaginación, y que ningún otro progenitor puede querer a su familia con tanta ternura. Pero, como muchos padres afectuosos, tengo un hijo favorito en el fondo de mi corazón. Y su nombre es David Copperfield.»
Este reconocimiento de Dickens en el prólogo a la edición de 1867 de la novela tiene el valor de venir de su propio «padre». Pero, desde su publicación por entregas entre 1849 y 1850, David Copperfield no ha dejado más que una estela de admiración, alegría y gratitud. Para Swinburne era «una obra maestra suprema». Henry James recordaba que de niño se escondía debajo de una mesa para oír a su madre leer las entregas en voz alta. Dostoievski la leyó en su prisión en Siberia. Tólstoi la consideraba el mayor hallazgo de Dickens, y el capítulo de la tempestad, el patrón por el que debería juzgarse toda obra de ficción. Fue la novela favorita de Sigmund Freud. Kafka la imitó en Amerika, y Joyce la parodió en el Ulises. Para Cesare Pavese, en estas «páginas inolvidables cada uno de nosotros (no se me ocurre elogio mayor) vuelve a encontrar su propia experiencia secreta».