Este singular libro parte de un breve viaje de su autor, y de un largo periplo como lector (el viaje a otros viajes) con el que Alejandro J. Ratia teje un cuadro polifónico en el que los caminos de sus personajes se entrecruzan. Se trata de un periodo (primera mitad del siglo XX) en que convivían la exaltación del exotismo y la crítica al modelo colonial, tiempos en que viajar hasta Tahití o Bora Bora no era ya aventura alguna, nada comparado a los relatos fundacionales de Bougainville, Cook y Wallis, cuando aquel país (anticipado por fabulaciones y poemas) apareció de repente como un sueño hecho realidad, una maravilla que corría el peligro de esfumarse al tocarla. Era el destino perfecto, paraíso del sexo, donde se vivía sin trabajar y la comida brotaba de los árboles.
De la cultura tahitiana aún quedaban los rescoldos cuando recalaron por allí Stevenson, Gauguin o Pierre Loti, pero el sueño polinesio se había reconvertido ya en un mito paradójico, respecto al espíritu explorador o el impulso predatorio. El universo mítico que rodea a Tahití, como viaje de ida y vuelta, será el destino perfecto no tanto del emprendedor aventurero como del soñador disoluto, preso de la tentación de la indolencia. Pocos de los personajes retratados por Ratia se decidieron a morir allí. Todos llegaron a tiempo de abordar una arqueología de la aventura. Tahití es ese lugar al que se planea viajar para encontrarse de vuelta en casa.
Un apasionante ensayo sobre la influencia de Wagner, en ocasiones luminosa, otras veces nefasta, en la literatura, las artes, el cine, la vida intelectual y la política.
Para bien o para mal, Wagner es la figura más influyente en la historia de la música. Creaciones tan colosales como El anillo del Nibelungo, Tristán e Isolday Parsifal sirvieron en el arte como modelos de obras osadas en la forma, como ejemplos en la creación de mitos, la libertad erótica y especulación mística. EnWagnerismo, Alex Ross restaura la magnífica confusión de lo que significa ser wagneriano: un pandemonio de genios, locos y profetas que luchan por el legado multifacético del compositor, y convierte la experiencia de lectura en un constante descubrimiento a través de esas figuras, de Nietzsche, Van Gogh, Dalí y Buñuel a Baudelaire, Virginia Woolf o Proust.
En muchos sentidos,Wagnerismo cuenta una historia trágica. Un artista que podría haber rivalizado con Shakespeare en alcance universal se ve arruinado por una ideología de odio. Aun así, su sombra perdura sobre la cultura del siglo XXI y sus motivos míticos recorren películas de superhéroes y fantasía. Ni una apología ni una condena,Wagnerismo es una obra de apasionante descubrimiento, que nos ofrece una idea más honesta de cómo actúa el arte en el mundo.
La serie informalmente titulada «Historia Universal Asimov» reúne las obras dedicadas por el gran novelista y divulgador científico a la evolución política, cultural y material de la especie humana. Los griegos examina el amplio periodo que se extiende desde los tiempos micénicos hasta la configuración de la actual Grecia ya en el siglo xx, subrayando los aspectos más destacados de una cultura que estableció los cimientos artísticos, filosóficos y políticos sobre los que se asienta la actual civilización occidental.
Para Enrique Krauze, la crítica al poder es un compromiso de larga data que se conecta con la aspiración de que logremos pasar de una presidencia imperial a una institucional. Al final, estas páginas vislumbran la posibilidad de reconstruir la concordia perdida en México, cuyo camino está en la convergencia entre los partidos de oposición y una valiente y activa sociedad civil.
Una emocionante novela inédita que bebe de la experiencia única del autor, testigo del dramático episodio histórico por el que miles de españoles acabaron en el campo de concentración francés de Argelès.
Emocional, bella y sencilla, esta breve novela pone el foco en los miles de españoles que llegaron a Argelès-sur-Mer, cerca de Colliure, huyendo de las tropas de Franco en 1939. La historia gira en torno a un francés, Pierre, testigo de la pavorosa retirada a Francia, que se enamora de Pilar, una española muy joven. Aunque pasan una noche juntos, al día siguiente descubre con enorme desazón que Pilar ha desaparecido. Pierre la buscará inútilmente, y en esa búsqueda se topará una y otra vez con la vida en el terrible campo de Argelès y el cruel destino que encontraron miles de españoles allí.
Probablemente nunca se han reunido bajo un mismo techo tantos escritores de prestigio internacional como durante los juicios de Núremberg de 1946-1949, cuando se decidió albergar en el Castillo de Faber -perteneciente a la familia detrás de la famosa marca de lápices Faber-Castell- a los autores y periodistas internacionales que venían a informar sobre aquel juicio a las atrocidades de la guerra y el Holocausto. El castillo se convirtió en un lugar de frenética actividad periodística, pero sus huéspedes también convivieron, discutieron, bailaron, se desesperaron y bebieron (algunos hasta el delirium tremens).
Entre aquellos escritores, muchos de ellos aún poco conocidos, estaban Erich Kästner y Erika Mann, John Dos Passos y Martha Gellhorn, Augusto Roa Bastos, Victoria Ocampo y Xiao Qian. Como corresponsales de distintos medios, miraron a la cara a los criminales en el tribunal, fueron testigos del empleo de la más moderna tecnología (como la interpretación simultánea a todos los idiomas) y trataron de encontrar las palabras para narrar lo inenarrable, para hacer conocedor al mundo de aquel horror sin precedentes.
En el microcosmos del castillo Faber tuvieron lugar encuentros de antiguos exiliados con supervivientes del Holocausto, comunistas con representantes de grupos mediáticos occidentales, reporteros de primera línea con extravagantes y reputados reporteros. Dormían en catres y se reunían en el bar, el salón, la sala de juegos y el cine que los aliados habían instalado en aquel albergue global. Juntos se asomaron al abismo de la historia y reflexionaron sobre la culpa, la expiación y la justicia, algo que los cambió y cambió su escritura para siempre.