Escribir libremente, crear obras artísticas sin seguir los cánones establecidos o informar objetivamente fueron actividades de alto riesgo en los países comunistas. Escritores y artistas bajo el comunismo es un libro único en el mundo, una historia del socialismo totalitario a través de las vivencias y las obras de los escritores, intelectuales, periodistas, músicos, pintores, cineastas y artistas de todo tipo, que sufrieron la represión de los regímenes comunistas. Bien porque sus obras no exaltaban los éxitos del comunismo o porque no se ajustaban al canon literario y artístico del partido; bien por su carácter crítico respecto al sistema, por reclamar libertad, democracia y respeto a los derechos humanos; o simplemente porque aquellos creadores cayeron en desgracia. Esta obra cubre todos los países en los que hubo, o hay, regímenes comunistas o afines. A través de las vivencias y obras de estos escritores y artistas, personas con nombres y apellidos, se pretende recordar también a los millones de seres anónimos, olvidados, que sufrieron esa misma represión.
Seis mil años de pan. Su historia sagrada y profana fue publicado originariamente en inglés en 1944 y sigue siendo hoy en día, pese a los años transcurridos, una obra que no ha perdido actualidad y ha sido a menudo reeditada. Se trata de una monumental historia del pan, el alimento del hombre más difundido y antiguo, a lo largo de más de 6.000 años, contada bajo todo los puntos de vista posibles: el histórico, el cultural, el religioso, el tecnológico… Incluso la cábala y el misticismo encuentran su lugar en estas páginas informadísimas y sutiles por vez primera presentadas al lector español. Heinrich Eduard Jacob (Berlín, 1889-1967) fue un periodista y escritor alemán especialmente activo durante los años de entreguerras. Cultivo exitosamente la narrativa y el teatro la biografía y estuvo también muy interesado por el música y cine. A causa de sus actividades antinazis fue detenido e internado, tras la anexión de Austria, donde residía, en los campos de concentración de Dachau y Buchenwald y le fueron confiscadas todas sus pertenencias. En 1939, gracias a su esposa, consiguió llegar a los Estados Unidos, país en el que vivió y trabajó hasta 1953 en que regresó a Alemania.
¿De dónde proviene el curioso proyecto de encerrar para corregir, disciplinar, controlar, que traen consigo los códigos penales de la época moderna? ¿Es una herencia de las mazmorras medievales? Más bien, una tecnología novedosa: el desarrollo de un conjunto de procedimientos de coerción colectiva para dividir en zonas, medir, encauzar a los individuos y hacerlos a la vez “dóciles y útiles”. Vigilancia, ejercicios, maniobras, puntajes, rangos y lugares, clasificaciones, exámenes, registros: una manera de someter los cuerpos, de dominar las multiplicidades humanas y de manipular sus fuerzas, que fue desplegándose en los hospitales, en el ejército, las escuelas y los talleres: la disciplina.
El jardín del Edén es un viaje a través del espacio y el tiempo que nos descubre una apasionante historia de la jardinería. La experiencia de Esteban Hernández-Bermejo, uno de los expertos mundiales en la conservación de plantas, en la comprensión de los autores de la Antigüedad —naturalistas, agrónomos, geógrafos, cronistas, literatos—, junto al estudio de restos arqueológicos de cerámicas, pinturas y bajorrelieves le permite mostrarnos cómo fueron los paisajes ornamentales de culturas olvidadas.
Desde Persépolis hasta Versalles, de las dunas saharianas de Egipto a los bosques guaraníes, de los almeces de Medina Azahara en la Córdoba califal a los jardines donde duermen emperadores mogoles en el Taj Mahal, cada capítulo es una experiencia única que nos transportará a la época en la que se diseñaron.
Un viaje a la destrucción con un AK-47 en la manoEste no es un libro sobre un arma. El kaláshnikov es mucho más que eso: el triste emblema de la discordia y la muerte. Barato y fácil de manejar, apenas cuarenta dólares y tres kilos de peso, no hay conflicto bélico en el que no haya participado el fusil de asalto inventado por Mijaíl Kaláshnikov hace casi 80 años. Kaláshnikov lleva a cabo un repaso por las infames acepciones que ha tomado la maldad humana en todos aquellos conflictos, revoluciones y asaltos al poder en los que el famoso fusil ha sido protagonista. Lo usaron los vietcong contra los norteamericanos y los talibanes frente a los propios soviéticos, lo empuñaron tiranos como Sadam y niños obligados a combatir, y aparece representado en las banderas de Mozambique y de Hezbolá. El AK-47 es «la herramienta perfecta, el instrumento del Mal contemporáneo. Siempre sale fortalecido de todas las guerras, sea quien sea el vencedor». Domenico Quirico, veterano reportero italiano, viaja en esta obra hasta los albores de la Guerra Fría y rastrea el olor a destrucción que llega hasta el presente.
1930. Josefina Carabias conoció a Azaña cuando ella era una joven de veintidós años que ni siquiera pensaba en dedicarse al periodismo. Él tenía cincuenta y comenzaba a labrarse una carrera política que le llevaría desde el Ateneo de Madrid hasta ser una figura fundamental en la Segunda República. Durante la siguiente década, ambos compartirán muchos momentos en un clima de efervescencia política y social, hasta la muerte de Azaña en Francia, en 1940.
Huyendo de lo que se espera de una biografía, Carabias nos dejó un libro que es mucho más que una semblanza personalísima de un hombre de ideas que tropezó con la amarga realidad de España. Azaña es también una crónica vívida del Madrid de una época irrepetible, el de las tertulias en cafés, la universidad, el Ateneo y el voto femenino, por el que se pasean personajes como Unamuno y Valle-Inclán. Y es, sobre todo, un ejercicio literario vibrante a la altura de autores contemporáneos como Manuel Chaves Nogales.
Carabias no sólo fue una pionera del periodismo en nuestro país, sino una mujer con una vida apasionante y testigo privilegiada de algunos de los momentos más relevantes del siglo xx. Como afirma Elvira Lindo en el prólogo, «este libro tiene que llegar a las manos de quienes sueñan con ser periodistas, de quienes ya lo son, de las mujeres que anhelan un ejemplo de coraje, de los que no lo leyeron en su momento, de los que no lo han incluido en su listado de crónicas fundamentales de la República».