«Los romanos reciben el nombre de dueños del mundo, pero no tienen ni un terrón suyo». Una década después de haber participado en la destrucción de Cartago y de haber disfrutado de las mieles del triunfo, Tiberio Sempronio Graco deberá enfrentarse a un enemigo aún más duro y correoso que los púnicos. Numancia, cabeza de los belicosos celtíberos, lleva años plantando cara a Roma y Tiberio marchará a Hispania para combatir como cuestor junto con el cónsul Mancino. Solo su actuación decisiva evitará la aniquilación de las legiones, humilladas una vez más por los numantinos. Recibido como un héroe por el pueblo romano, será, sin embargo, víctima de las rencillas que emponzoñan el Senado, a menudo más acerbas que la propia guerra. Tiberio, cada vez más consciente de los problemas que azotan a su patria, atormentado por la degradación de la vida de sus conciudadanos, obligados a luchar en lejanas campañas mientras sus tierras son usurpadas por la oligarquía senatorial, pugnará como tribuno de la plebe por cambiar una Roma podrida. Una tarea para la que tendrá que maniobrar en la intrincada política romana y enfrentarse a poderosos enemigos en el Senado, dispuestos a todo para conservar sus privilegios.
Alemania, 1945. El país está en ruinas. Muchas ciudades han sido reducidas a escombros, más de la mitad de la población está desplazada, lejos de sus hogares, viviendo entre ruinas. Haber escapado de la muerte deja a algunos en un estado de apatía, mientras que a otros les proporciona una alegría de vivir sin precedentes. Los sobrevivientes del III Reich necesitan justificar su silencio o su colaboración, olvidar su pasado reciente, empezar de cero, crearse una nueva identidad, y para ello recurren a cualquier coartada: el ocio alocado, las drogas, el sexo, el trabajo a destajo, también el robo y el saqueo, hay que continuar sobreviviendo... ¿Cómo pudo surgir de este caos, en apenas una década, una sociedad exultante y una economía eficiente? Harald Jähner explica este milagro mientras compone una historia de los hábitos y las mentalidades a una escala colosal.
Hacia el final del Ochocientos los países del oeste de Europa y del sur del continente americano pasaron por una importante reconformación geopolítica. Las potencias del norte, especialmente Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, afianzaron su poderío económico-industrial y militar, en detrimento de las naciones de los distintos sures, y provocaron un auténtico replanteamiento de fuerzas a uno y otro lado del Atlántico. El fin de aquel siglo fue un momento álgido en la contraposición simbólica entre razas latinas y anglo-sajonas, supuestamente decadentes las primeras y pujantes las segundas.
Aquellos años constituyeron un periodo clave en los intentos para culminar, en cada uno de los nuevos Estados-nación recientemente surgidos, los procesos de establecimiento de límites fronterizos y para afianzar el control territorial interno. Se trata de un momento singularmente euroamericano, de intensos lazos entre América Latina y Europa occidental. A este tiempo y a ese vasto espacio está dedicado el libro. Entre las temáticas abordadas destacan las vinculadas con la búsqueda de la modernidad, la construcción del concepto de lo nacional, las fronteras, la vida política, el liberalismo y el conservadurismo, las guerras internas e internacionales, el caudillismo, el catolicismo, las migraciones, la historia y la memoria, el colonialismo, la influencia de los intelectuales, la cuestión racial y papel de productos de comercio masivo como el café y hasta de los cafés como escenarios de dinamización cultural. Es la apasionante historia de unos tiempos difíciles.
Es probable que la Segunda Guerra Mundial sea el conflicto más estudiado de la historia de la humanidad. Sin embargo, la gran mayoría de las obras ofrecen de ella una interpretación sorprendentemente unidimensional. La presentan como una guerra buena, una cruzada contra el fascismo y una batalla del mundo libre y democrático contra quienes querían acabar con él: una parábola de los males del totalitarismo y el triunfo del orden democrático liderado por los Estados Unidos. Este libro intenta retirar las capas de mitología que cubren la Segunda Guerra Mundial y poner en cuestión las interpretaciones predominantes de la contienda. Rompe con las explicaciones estándares de la guerra y argumenta que las dimensiones centrales del conflicto fueron la raza y el imperio. Aborda la Segunda Guerra Mundial como un enfrentamiento profundamente enraizado en el contexto más amplio de la historia mundial.
Millones de personas suben cada año la gran escalinata de mármol para visitar el Museo Metropolitano de Arte, pero solo una privilegiada minoría tiene acceso ilimitado a todos sus rincones y recovecos: son los vigilantes, que deambulan discretamente en trajes azul marino, con un ojo atento al tesoro de 185.000 metros cuadrados.
Absorto en el inicio de su glamorosa carrera en The New Yorker, Patrick Bringley nunca imaginó que acabaría siendo uno de ellos. Todo cambió cuando a su hermano mayor le diagnosticaron un cáncer terminal, momento en el cual sintió la imperiosa necesidad de alejarse del bullicio cotidiano. Así, dejó el semanal y buscó consuelo en el lugar más bello que conocía.
Para su sorpresa, y para deleite del lector, este refugio se convirtió en su segundo hogar durante una década. Lo seguimos mientras custodia delicados tesoros desde Egipto hasta Roma, pasea por los laberintos bajo las galerías, desgasta nueve pares de zapatos y se maravilla ante las bellas obras bajo su cuidado. Bringley entra en el museo cual fantasma, silencioso y casi invisible, pero pronto encuentra su voz y su tribu: las obras de arte y sus creadores, y la vívida subcultura de los vigilantes del museo —un magnífico mosaico de artistas, músicos, operarios incondicionales, inmigrantes, bromistas y soñadores —. Conforme se fortalecen sus vínculos con sus colegas y con el arte, llega a comprender lo afortunado que es al vivir entre las paredes de ese pequeño universo que tanto se asemeja a las mejores facetas de nuestro mundo, al que regresa con gratitud de manera gradual.
Toda la belleza del mundo es un retrato sorprendente e inspirador de un magnífico museo, sus tesoros ocultos y las personas que lo mantienen en funcionamiento, escrito por uno de sus más íntimos observadores.
¿Qué impacto personal tuvo para los soviéticos la caída del socialismo, qué reacciones suscitó en la gente de a pie lo que parecía indestructible? ¿De qué manera se reflejó ese desplome en el arte, en el humor y en el día a día de una población que vivía atrapada en el sueño comunista? Yurchak expone las profundas trasformaciones que la Unión Soviética sufrió durante los estertores de la perestroika y, mediante un pormenorizado análisis de chistes, sátiras, espectáculos y costumbres populares propias de ese momento decisivo, da cuenta de la particular manera en que los soviéticos afrontaron los traumáticos cambios: suspendiendo la fe inquebrantable que tenían en la eternidad del socialismo y abriendo horizontes nuevos que aún no comprendían.