Chris Wickham ofrece una reinterpretación extraordinariamente rica de la economía mediterránea entre los años 950 y 1180. Esta obra magna destinada a convertirse en una referencia ineludible para futuros historiadores, invita a los lectores a repensar por completo la lógica subyacente a los sistemas económicos medievales, así como la propia concepción que tenemos de la época en su conjunto. Basada en cinco estudios exhaustivos de casos regionales desde Italia hasta Egipto, su tesis marca un cambio de paradigma respecto a lo que conocíamos: fue a orillas del Mediterráneo donde en realidad la economía fundada en la época romana tuvo continuidad. La dinámica del sistema económico medieval combinaba redes internas (el recorrido a lomos del asno) y rutas de intercambio (el viaje en la nave). Y por último, tópicos como el oscurantismo se demuestran como obsoletos, al estar basados en datos incompletos. A través de la arqueología disponible en la actualidad, Wickham revela cómo funcionaban realmente las relaciones entre las economías de la época medieval e ilumina una nueva comprensión sobre ella.
Una investigación única que reconstruye los meses decisivos que precedieron a la Guerra Civil.
Según José Ortega y Gasset, el aspecto esencial para comprender la Guerra Civil es el relativo a sus orígenes, a cómo empezó. Ahora, noventa años después, sigue siendo el factor clave, y esta obra intenta dar respuesta a tal necesidad. No se trata de otro libro sobre la guerra, sino que se centra en los últimos siete meses de la Segunda República, que marcaron definitivamente el camino al 18 de julio. El conflicto armado nunca habría tenido lugar sin la gran erosión que sufrió la democracia durante ese período.
El célebre hispanista Stanley G. Payne aborda hechos tan decisivos como la disolución del Parlamento por parte del presidente Alcalá-Zamora a finales de 1935, el cuestionamiento de la democracia electoral por el fraude, la exclusión y la violencia, las tensiones dentro del Frente Popular, las tácticas de los partidos revolucionarios, la aplicación partidista de la ley, el papel de la violencia política, la conspiración militar y los últimos días de la República parlamentaria.
Probablemente nunca se han reunido bajo un mismo techo tantos escritores de prestigio internacional como durante los juicios de Núremberg de 1946-1949, cuando se decidió albergar en el Castillo de Faber -perteneciente a la familia detrás de la famosa marca de lápices Faber-Castell- a los autores y periodistas internacionales que venían a informar sobre aquel juicio a las atrocidades de la guerra y el Holocausto. El castillo se convirtió en un lugar de frenética actividad periodística, pero sus huéspedes también convivieron, discutieron, bailaron, se desesperaron y bebieron (algunos hasta el delirium tremens).
Entre aquellos escritores, muchos de ellos aún poco conocidos, estaban Erich Kästner y Erika Mann, John Dos Passos y Martha Gellhorn, Augusto Roa Bastos, Victoria Ocampo y Xiao Qian. Como corresponsales de distintos medios, miraron a la cara a los criminales en el tribunal, fueron testigos del empleo de la más moderna tecnología (como la interpretación simultánea a todos los idiomas) y trataron de encontrar las palabras para narrar lo inenarrable, para hacer conocedor al mundo de aquel horror sin precedentes.
En el microcosmos del castillo Faber tuvieron lugar encuentros de antiguos exiliados con supervivientes del Holocausto, comunistas con representantes de grupos mediáticos occidentales, reporteros de primera línea con extravagantes y reputados reporteros. Dormían en catres y se reunían en el bar, el salón, la sala de juegos y el cine que los aliados habían instalado en aquel albergue global. Juntos se asomaron al abismo de la historia y reflexionaron sobre la culpa, la expiación y la justicia, algo que los cambió y cambió su escritura para siempre.
Con Augusto acaba la República y se inicia el Imperio. Acaba el mundo antiguo y la civilización romana se hace universal, así comienza el mundo moderno.
Con el Imperio, la ciudadanía acabará dejando de ser un privilegio de una minoría opresora, a un derecho de nacimiento que integrará a todos por igual, y las viejas ciudades-estado como Atenas, Esparta, Cartago, o más tarde Roma, serán sustituidas por el concepto de nación.
El censo de Augusto fue el instrumento que operó esa revolución silenciosa sobre la que pivota indefectiblemente nuestra civilización occidental: la ciudadanía universal, con la nación como garante de los derechos y libertades inherentes a esa ciudadanía.
Y mientras esos gigantescos avances jurídicos y políticos, que cambiaron el mundo para siempre, empezaban a ponerse en marcha en tiempos de Augusto, en uno de los pueblos más alejados e insignificantes del Imperio, en Belén de Judea, nacía la primera persona de la que tenemos constancia histórica que formó parte de ese primer censo de Augusto: Jesús de Nazaret. ¿Casualidad?
Esta biografía magistral desnuda las capas del mito para revelar la figura histórica real.
El Cid fue quizá el guerrero más famoso de las luchas que tuvieron lugar en la Península Ibérica durante el siglo XI. Rodrigo Díaz vivió una vida muy agitada: líder militar ambicioso, exiliado y mercenario brutal, sirvió a reyes cristianos, luchó contra príncipes cristianos al servicio de gobernantes musulmanes, asaltó y mató musulmanes y, finalmente, se independizó, forjando un principado independiente. Nora Berend explora en este libro la creación de la leyenda a lo largo de los siglos y desvela quiénes participaron activamente en su elaboración. Monjes medievales, las mujeres de la familia del Cid, un dramaturgo y un historiador son algunos de los creadores del mítico Cid. Esta fascinante narración trata de explicar sus motivos y, al hacerlo, desvela las capas de la leyenda para evocar la figura histórica real ¿Cómo un hombre que luchaba indiscriminadamente contra musulmanes y cristianos pudo ser descrito, aún en vida, como un salvador cristiano enviado por Dios?
La Roma imperial fue un estado guerrero. El Coliseo (inaugurado en el año 80 d.C.) fue el monumento de Roma a la guerra. Como una catedral de la muerte, se alzaba sobre la ciudad e invitaba a sus ciudadanos, 50,000 a la vez, a presenciar juegos gladiatorios asesinos. Ahora es visitado por dos millones de personas al año (Hitler estuvo entre ellos). Dos destacados historiadores clásicos cuentan la historia del mayor anfiteatro de Roma: cómo se construyó; los juegos gladiatorios y otros eventos que se celebraron allí; el entrenamiento de los gladiadores; los espectadores que disfrutaban de los juegos, los emperadores que los organizaban y los críticos; y la extraña historia posterior: el Coliseo ha sido fortaleza, almacén, iglesia y fábrica de pegamento.