Ejercicios de contemplación se ha convertido para muchos en el libro más importante de su vida. Resulta difícil encontrar en la literatura de la búsqueda espiritual de los últimos cien años algún manual que inicie de manera tan rigurosa, sistemática y eficiente a la práctica de la meditación en silencio y quietud.
El método propuesto por Franz Jalics, acaso el maestro espiritual de raíz cristiana más iluminado del último siglo, es sencillo: prestar atención al cuerpo, al ritmo respiratorio y a la recitación del mantra o palabra sagrada. Quien inicie este viaje y persevere en él iluminará las heridas de su alma y alcanzará su yo profundo, donde percibirá la paz, el amor y la alegría.
El camino contemplativo expuesto en estas páginas con ejemplar simplicidad conduce a la experiencia del perdón, a la unidad de vida y a la plenitud de lo cotidiano. Especular sobre él puede ser útil y hasta necesario; pero lo realmente decisivo es experimentarlo. El lector comprobará de primera mano, si de verdad hace este recorrido, que es posible vivir sin sombra y ser para el mundo aquello a lo que todos hemos sido llamados: luz, sencillamente luz.
«El gozo que van a pregonar estas páginas no es el que se experimenta porque las cosas vayan bien, sino el que no cesa de brotar ‘a pesar de que’ las cosas vayan cuesta arriba (no quiero decir mal). Este es, me parece, el sentido de la bienaventuranza cristiana: no se promete en ella la felicidad a los pobres porque vayan a dejar de serlo, ni a los que tienen hambre porque ya está llegando alguien con el bocadillo. El gozo que allí se promete es aquel en el que las razones para la alegría son más fuertes que las razones para la tristeza, no el gozo que proporcionan la morfina o la siesta.
A esa alegría –os lo juro– no estoy dispuesto a renunciar. Este libro prolonga mi testimonio de fe en la vida con minúsculas y en la gran Vida con mayúscula».
La teología es, evidentemente, discurso sobre Dios. Pero ¿es esto tan evidente como se pudiera suponer? Convertida ya en un clásico de la teología del siglo XX, la obra del filósofo y teólogo luterano Eberhard Jüngel se esfuerza por mostrar que es posible decir una palabra razonable sobre «Dios».
Hasta la Modernidad ha existido la convicción de que los seres humanos podían hacerse una idea suficientemente precisa y coherente sobre Dios. Sin embargo, la confrontación entre las posiciones teísta y ateísta terminaron cuestionando dicha idea, hasta el punto de considerar que era más bien una forma de enmascarar el problema, ya por el exceso de palabras sobre Dios, ya por la imposibilidad de hablar de Él.
Para la teología y la fe cristianas de los últimos decenios, el peligro latente no ha sido otro que aceptar acríticamente la imposibilidad de pensar a Dios.
El presente volumen colectivo, Paz y Guerra: El Derecho y sus Instituciones en Contextos de Conflicto, reúne una serie de estudios que abordan la compleja relación entre el fenómeno bélico y las estructuras jurídicas e institucionales que lo acompañan, lo justifican o lo resisten. A través de un recorrido que va desde la Edad Media hasta el análisis contemporáneo de los derechos humanos y el caos social, los autores exploran cómo el Derecho se transforma en escenarios de guerra, y cómo las instituciones jurídicas responden, se adaptan o colapsan ante la presión del conflicto. El libro se organiza en torno a un eje temático-cronológico que permite al lector comprender la evolución de las justificaciones jurídicas de la guerra, la legitimación del poder en tiempos de crisis, y el impacto estructural que los conflictos armados generan en los sistemas sociales. Desde la caballería medieval hasta la guerra de Bosnia, pasando por la Inquisición, el Consejo de Castilla y las guerras dinásticas, cada capítulo ofrece una mirada singular que enriquece el debate sobre la paz, la guerra y el Derecho. Este libro no solo ofrece una mirada interdisciplinar y transversal sobre la relación entre derecho y conflicto, sino que también invita a pensar el papel de las instituciones jurídicas como espacios de disputa, resistencia y transformación en contextos de violencia. En tiempos donde la paz parece frágil y la guerra se redefine, esta obra se presenta como una herramienta crítica para comprender el pasado y pensar el presente.
Vivimos rodeados de energía, aunque pocas veces pensamos en lo que cuesta producirla. Detrás de cada alimento, de cada luz encendida o de cada viaje en coche hay una compleja maquinaria impulsada por petróleo, gas o carbón. Hoy, obtener una sola kilocaloría de cordero puede requerir hasta cincuenta y siete de combustible fósil: una paradoja que anuncia el final de un modelo a medida que las reservas se agotan.
En La guerra por la energía, el exministro Alberto Garzón recorre la historia de la humanidad desde los cazadores-recolectores de la prehistoria hasta el capitalismo del siglo XXI, pasando por el colonialismo, la Revolución Industrial o las actuales disputas en torno al litio y las tierras raras, para mostrar cómo la lucha por controlar las fuentes de energía ha dado forma a nuestras sociedades, impulsado y derribado imperios y define el mapa geopolítico actual.
Con un estilo claro y riguroso, Garzón entrelaza historia, ciencia y política para explicar el camino que nos ha conducido a la crisis ambiental actual, y propone un horizonte distinto: una sociedad que reconozca los límites del planeta y sitúe la justicia social en el centro.
Desde la primera expansión europea, Occidente ha sido el eje sobre el que pivotaba todo el sistema internacional. Hoy en día vive un periodo de crisis permanente frente al auge demográfico y económico de las potencias asiáticas. Esta crisis afecta a todo el conjunto de Occidente, no solo a Europa, sino también a EE. UU. y a todas las potencias asimiladas: Australia, Canadá, Nueva Zelanda, etc. etc. Es evidente el crecimiento de los países en desarrollo, tanto desde el punto de vista económico como demográfico, y por tanto es necesario encontrar un nuevo equilibrio político con los nuevos actores. Las crisis del siglo XXI han puesto de manifiesto la debilidad de Occidente, no solo desde el punto de vista del poder político, debido a la fragmentación de la hegemonía americana, si no sobre todo a la aparición de nuevos poderes en China o India; económico con la pro funda crisis financiera de 2008 que se llevó por delante la confianza en el nuevo capitalismo financiero, moral con la crisis de valores que supuso la imprevisión frente a la oleada islámica, y sobre todo la falta de una respuesta adecuada más allá del fracaso militar, y finalmente el suicidio de Occidente. Occidente debe salir de las trampas en las que ha caído, reforzar su identidad occidental y por lo tanto cristina, recuperar sus verdaderos valores y así podrá hacer frente a los han puesto en peligro su hegemonía y su futuro, unos viejos conocidos por otro lado: el islam y Asia. Occidente debe volver a las raíces culturales que le hicieron fuerte, si quiere evitar su desintegración definitiva y para ello es necesario contar con la ortodoxia rusa lo que hará posible, como le su cedió a Roma en Bizancio, recuperar la hegemonía de Occidente a través unos valores y una moral que hoy ha abanado.
Este ensayo interpreta la obra de H-G. Gadamer (1900-2002) poniendo en práctica una comprensión, entendida como interpretación y aplicación desde el propio horizonte que se desplaza a otros para actualizarlos en una nueva situación y para ampliarse.
Tanto el título como la cita inicial de Weber con la que se inicia dan cuenta de su tesis fundamental, la cual no solo actúa como hilo conductor de la progresiva explicitación de la filosofía gadameriana, sino también como núcleo de la concepción de la filosofía de la propia autora. La búsqueda de la verdad teórico-práctica es una de sus tareas, así como uno de los principales temas de toda la historia de la filosofía y un fin ineludible de toda vida racional, pues la racionalidad es la otra cara de la verdad, y es la vida la que actúa como horizonte de la pregunta por la verdad y de la orientación hacia la misma. Esta investigación se suma a ellas haciendo dialogar a Gadamer con la fenomenología en la que se formó -fundamentalmente con la de Husserl-, con la Escuela de Frankfurt, con otras nociones de verdad y con sus críticas. Ni en este filósofo ni en este trabajo encontrará el lector una teoría de la verdad, pero sí una concepción de la misma en relación con la comprensión, el lenguaje, la historia y el ser.
Hubo un tiempo en el que los mortales miraban a la Luna, al mar y las montañas... y no veían solo naturaleza. Veían dioses, gigantes, criaturas fabulosas y destinos inevitables. Puede que hoy nuestras creencias sean diferentes, pero la mitología sigue ahí. En los días de la semana, en las películas y series, en los videojuegos, en los libros y en la música. Thor, Freya o Gandalf nunca se fueron, solo cambiaron de forma.
Este libro habla de ellos, y de aquellos hombres y mujeres que creyeron en su existencia: granjeros, comerciantes o guerreros vikingos que dejaron una huella profunda en la historia de Europa.
No importa si eres un apasionado del mundo nórdico o estás empezando a conocerlo: @Helanyah, la profe de los dioses, lo narra a través de un lenguaje cercano y fácil, como si estuvieras escuchándola al calor del hogar... Con el único el deseo de que aprendas, disfrutes y compruebes que, aunque creas que los mitos son cosa del pasado, en realidad siempre nos han acompañado.
Baltimore. Ferguson. Tottenham. Clichy-sous-Bois. Oakland. Nuestra época se ha convertido en una «era de disturbios». En este libro, Joshua Clover, aborda la problemática de los disturbios desafiando la caracterización convencional por parte del marxismo de estos como apolíticos o espontáneos. A lo largo del texto, Clover presenta una reflexión teórica sobre el disturbio como una forma concreta de lucha de clases a lo largo de la historia y utiliza la dialéctica del disturbio y la huelga para reescribir la historia de la acumulación de capital. La hipótesis que se plantea en este análisis es que los disturbios constituían la principal forma de lucha en los siglos XVII y XVIII, pero que fueron suplantados por las célebres huelgas y protestas obreras de finales del siglo XIX y principios del XX. A partir de los años setenta, hemos asistido a un retorno de los disturbios, que desde entonces se han visto transformados por las coordenadas de raza y clase.
Bouamama realiza en este libro un logro intelectual notable: revisa la historia de las migraciones y su gobierno en Francia desde el siglo xix. Desde las migraciones internas de bretones, auverneses y otras poblaciones de la periferia francesa a París, Lyon o Marsella, hasta las migraciones recientes de las viejas colonias francesas africanas, sin olvidar a los italianos, españoles y portugueses que desde principios del siglo XX trabajaron en la industria francesa, en todos los casos se repite una misma narrativa y un mismo modo de gobierno. Los inmigrantes son considerados por naturaleza o cultura difíciles de entender, reacios al trabajo y casi imposibles de integrar en la sociedad francesa. A pesar así del auto celebrado modelo republicano de integración, la inmigración ha sido siempre gobernada con políticas y discursos parecidos, dirigidos a mantener a esta población en los trabajos más duros, peor pagados y menos seguros. La novedad, sin embargo, en el gobierno de los migrantes recientes es que estos han quedado fijados en una suerte de extranjería permanente. Los hijos de estos migrantes, franceses a todos los efectos, han heredado de sus padres o abuelos un estatuto social subalterno, que les impide ser considerados ciudadanos de pleno derecho. Así se manifiesta en la discriminación constante de las poblaciones descendientes de magrebíes o subsaharianos en materia de vivienda, empleo y tratamiento público. Herederos de una historia colonial, a diferencia de otras migraciones históricas, estas poblaciones han escalado posiciones en la agenda nacional, acusadas de un «comunitarismo» segregador y de ser portadores de una cultura (sobre todo en el caso de los musulmanes) inasimilable por la nación francesa. Sometidos al racismo de Estado se han convertido así en el particular enemigo interior con el que la República francesa pretende expurgar su profunda crisis social."