Alessandro Scassellati analiza la crisis del neoliberalismo. Mediante la teoría del doble movimiento de Karl Polanyi nos percatamos de que la mercantilización extrema (tratar el trabajo, la tierra y el dinero como meras mercancías) genera un contramovimiento social de autoprotección, ya sea desde la izquierda o la derecha. Polanyi explicó así el auge del fascismo en el siglo XX como reacción a la desregulación liberal. Hoy, tras la crisis financiera de 2008, y décadas de globalización neoliberal, asistimos a un nuevo contramovimiento, cuando el neoliberalismo se ha vuelto mucho más feroz y guerrero, como se ve en las masacres de Ucrania y Gaza y en el control de pensamiento en la UE. Sin embargo, mientras la izquierda política lucha por articular una alternativa anticapitalista coherente, es la derecha nacionalista y populista la que está capitalizando el descontento, ofreciendo respuestas proteccionistas y xenófobas ante la inseguridad y el declive de las condiciones de vida. El resultado es el apuntalamiento de un sistema neoliberal cada vez más fascistizado.
Jean-Jacques Rousseau ha pasado a la posteridad como gran defensor de la bondad del hombre: el ser humano, viene a decirnos, es bueno por naturaleza y solo se corrompe cuando vive en sociedad.Los males, sin embargo, surgen de cierto tipo de sociedad: aquella en la que las personas no han podido elegir libremente su contrato social.Esta idea constituía un mensaje claro y directo en favor de la libertad y caló hondo en las mentes de los primeros revolucionarios franceses. Desde entonces ha avivado el debate sobre cómo gobernarnos y se ha erigido en una declaración fundamental para nuestras democracias.
«El hombre ha nacido libre, pero en todas partes se halla encadenado.»
«Hay miedo a ser libres, a arriesgarse, a tener coraje. Mírame a los ojos: hoy el coraje es una mercancía de lujo, una extravagancia de la que todo el mundo se ríe y que tacha de locura».
Con las ruinas del Word Trade Center de Nueva York todavía humeantes, Oriana Fallaci escribió un manifiesto doloroso e indignado, La rabia y el orgullo. Tres años después, tras los atentados de Londres y Madrid, después de la invasión de Afganistán e Irak, redactó La fuerza de la razón, una reflexión sobre el avance del totalitarismo islamista y la sumisión de Occidente en nombre de una mal entendida corrección política. Más allá de aquel contexto, la denuncia pionera de Fallaci conserva toda su actualidad como denuncia del avance de las fuerzas fundamentalistas y dictatoriales ante el complejo occidental. El coraje que necesitamos rescata aquellos textos como advertencia de la amenaza permanente y existencial a la libertad de expresión, la autonomía individual y la igualdad de derechos, a los valores más elementales de la democracia en Europa y en América, en el inconfundible estilo de una periodista celebérrima e indomable.