Todos hemos escuchado el dicho: "La única constante es el cambio". A veces, los cambios que enfrentamos, tanto esperados como inesperados, pueden hacer que nuestras vidas se sientan sin fundamento e inestables. Y cuando reaccionamos al cambio con miedo, una oportunidad de crecimiento puede convertirse en una ansiedad abrumadora que nos encierra en situaciones, relaciones y formas de pensar y ser que nos impiden vivir en la plenitud de quienes realmente somos en Cristo. La querida maestra de la Biblia y autora número uno en ventas del The New York Times, Joyce Meyer, quiere que sepamos que incluso cuando sentimos que el suelo bajo nuestros pies se está moviendo, podemos mantenernos firmes en la promesa de la Palabra de Dios de que Él nos verá a través de todo. Con su perspicacia característica y sabiduría atemporal, Joyce nos muestra cómo alinear nuestras reacciones emocionales a los cambios con la verdad de la promesa de Dios de que Él trabajará todos los cambios para bien en nuestras vidas, incluso los más dolorosos y difíciles.
¿Cómo debemos estudiar la historia de nuestros saberes? ¿Se trata únicamente de la historia de quienes produjeron el conocimiento, o también de quienes lo han recibido y asimilado? Tradicionalmente, la historiografía de la ciencia ha incurrido en ciertos prejuicios a este respecto. Los relatos de la historia de la ciencia han prestado una atención exclusiva a los «héroes» o protagonistas de la investigación, dejando a un lado las llamadas «masas críticas» y, de manera particular, a los receptores del saber. En lo que a la historia de la filología respecta, es significativo que el historiador danés Barthold Georg Niebuhr considerara a Friedrich August Wolf como el «héroe epónimo» de la filología clásica, desde una perspectiva absolutamente romántica. Sin embargo, tan interesante como el hecho de que Wolf formulara conceptos capitales para articular su nueva visión historiográfica de las literaturas antiguas, también lo es el fenómeno relativo a la transferencia de tales ideas hasta lugares remotos. Este libro se hace cargo, desde distintas perspectivas y en diferentes ámbitos nacionales y culturales, del decisivo fenómeno de la transmisión literaria.
La experiencia psicodélica contradice la visión moderna del cosmos. En el pecho del ser humano están todas las estrellas. Muestra un universo radicalmente distinto, afín a cosmologías indígenas, hindúes y budistas. Las consecuencias son tan revolucionarias que, de ser asumidas, transformarían por completo nuestra visión de la realidad. No es extraño que los diversos micropoderes, las prácticas y discursos dominantes que moldean cuerpos y subjetividades, hayan combatido la contracultura psicodélica, impidiendo que se incorpore al sentido común moderno. Las "plantas de los dioses" (Hofmann) permiten una valiosa experiencia estética y espiritual. Este libro, al tiempo que reivindica dicha contracultura, esboza una historia particular de la psicodelia, de la mano de William Blake, Aldous Huxley, María Sabina, Albert Hofmann, Henri Michaux, Terence McKenna y Jeremy Narby. La psique profunda es una terra incognita. Ciertas sustancias permiten visitar ese extraño lugar donde todo brilla con luz propia, desaparecen las restricciones del espacio-tiempo, se liberan las ataduras del lenguaje y lo visual surge de lo sonoro vibrante. Una experiencia no sólo de la mente individual (egoica y sometida a la avidez de las pasiones), sino de una mente extendida en creación perpetua. Una magia no exenta de riesgos.