De Marx a Balzac, de Lenin a Shakespeare, de Zola y H. G. Wells a Conrad, Stalin reunió libros como otros acumulan batallas.
Iósif (José) Stalin, figura clave del siglo XX, es recordado como un líder férreo, arquitecto de un régimen que combinó la industrialización forzada con una represión brutal. Sin embargo, detrás del mito del tirano omnipotente se oculta un aspecto poco conocido y profundamente revelador: Stalin fue un lector apasionado, un autodidacta minucioso que reunió una biblioteca personal de más de 20.000 volúmenes.
En La biblioteca de Stalin, el historiador Geoffrey Roberts, especialista en historia soviética y autor de obras aclamadas sobre la URSS, ofrece un acceso sin precedentes a la mente del dictador a través de sus libros. A partir de subrayados, anotaciones manuscritas y selecciones temáticas, reconstruye su itinerario intelectual y muestra cómo la lectura fue una herramienta para moldear su ideología, reforzar su poder y afinar su visión del socialismo.
Un reto urgente para las democracias del siglo XXI.
¿Son los científicos únicamente proveedores de evidencias o deberían ser también actores implicados en la formulación de políticas públicas?
Joan Subirats se pregunta si existen el espacio, los recursos y la voluntad necesarios para que el conocimiento científico sea relevante en los debates políticos y sociales. Analiza en qué medida sus funciones pueden complementarse con las de los ciudadanos, los responsables públicos y los representantes de intereses diversos; qué margen hay para ensayar nuevas respuestas a problemas persistentes.
Una novela que revela la personalidad, compleja y siniestra, de Ilse Koch, que instauró junto a su marido un reino de terror en el campo de concentración de Buchenwald.
Durante sus años allí, Ilse Koch coincide con Helene Keller, esposa del subcomandante del campo. Entre ellas surgirá una «amistad especial» y Helene pronto descubrirá el magnetismo de frau Koch, que parece haber embaucado a hombres y mujeres con su reconocido encanto sexual, y su obsesión por los experimentos médicos con cuerpos humanos: cabezas reducidas de prisioneros o pantallas de lámparas fabricadas con piel humana, entre otras aberraciones.
La intensa relación entre Ilse Koch y Helene Keller convierte a esta última en testigo esencial de los horrores vividos en el campo. Finalizada la guerra, Helene consigue huir de Alemania y establecerse anónimamente en Estados Unidos. Sin embargo, un intrépido reportero descubre su verdadera identidad.
Basada en hechos y personajes reales, y documentada de manera minuciosa, La bruja de Buchenwald muestra la capacidad del ser humano para hacer el mal y la facilidad con que algunas personas pueden verse arrastradas como cómplices.