Nadezhda Krúpskaya conoció a Lenin en un mitin de propaganda marxista en 1893 y se casó con el gran revolucionario ruso en 1898. Fue compañera de vida y de partido, siguiendo a Lenin en su lucha clandestina, discutiendo con él los textos que éste iba elaborando, recorriendo en su exilio ciudades y países siempre atentos a las diversas policías y a menudo viviendo en difíciles condiciones materiales. Este libro es el relato de esa vida común desde sus inicios hasta el estallido de la Revolución de Octubre. No es una biografía al uso, sino un relato íntimo y preciso poblado de personajes que ocuparían un lugar en la historia de la Revolución y de otros que tendrían un efímero paso por ella; un recuento de las discusiones teóricas y las discrepancias con otros pensadores en el exilio; de las traiciones y los desencuentros; de las alegrías, las complicidades y los desengaños. Al parecer, Krúpskaya escribió una segunda parte que abarcaba desde el triunfo de la Revolución a la muerte de Lenin, libro del que se dice que no fue del agrado de Stalin y que, si no ha sido destruido, debe dormir en alguna ignota estantería del Kremlin.
Zygmunt Bauman fue uno de los grandes pensadores sociales de nuestro tiempo: creador del concepto de modernidad líquida, transformó nuestra manera de entender las condiciones sociales que configuran nuestras vidas hoy en día. La suya se vio marcada por las grandes fuerzas sociales que definieron la segunda mitad del siglo xx: la guerra, el comunismo, el antisemitismo y la migración forzada; y su obra lleva la huella de un outsider que conocía de primera mano el enorme impacto que las fuerzas sociales y políticas pueden tener en la vida de una persona.
Michel Houellebecq se ha ganado una reputación diabólica como agente provocador, pero lo cierto es que produce un deslumbramiento literario como muy pocos han conseguido en los últimos tiempos. Afrontar la obra de este autor descomunal -de los mejores de la literatura francesa de todos los tiempos, y eso es mucho decir- desde su imagen pública o desde los prejuicios personales de cada uno es otro error que se comete con demasiada facilidad. Muchos se aproximan a la obra de Houellebecq sin comprenderla. Sin entender que el planteamiento general del escritor francés es la decadencia del ser humano, en concreto, el individuo de la segunda mitad del siglo XX y el de comienzos del XXI. Lo acusan, por tanto, y lo odian, por los temas que trata: sexo explícito, violencia, machismo, racismo, islamofobia… Pero todos ellos son elementos con los que construye una obra que se interconecta y desemboca en un solo punto: la distopía cercana, próxima, porque mucho de lo que anuncia como apocalíptico ya convive con nosotros. Odiar a Houellebecq y criticarlo es lo sencillo. Lo complejo es prestarle atención y estudiarlo.