Este libro trata sobre seres humanos que dicen haber sido pájaros y peces en vidas pasadas, meditadores que describen cómo dieron el paso de la vida a la no-muerte, pensadores convencidos de que, si entrenamos la mirada del alma y la orientamos hacia dentro, recordaremos nuestro origen divino. Relacionando el modo de vida que nos plantea el budismo antiguo y la ascesis esbozada en los Yogasūtra de Patañjali, sale a la luz la importancia de la memoria corporal del practicante.
La autora revisa algunos aforismos «budistas» del yoga de Patañjali, y también el legado budista que reflejan algunos de los comentarios que acompañan a los aforismos. Otros temas igual de importantes son abordados con lucidez: la memoria de vidas pasadas, el trance meditativo, y la relación del practicante con su propio cuerpo, con la felicidad o con el suicidio.
El gran problema del siglo XXI es la abundancia: una abundancia que asfixia nuestra vida y la hace dependiente de las deudas, el estrés y la ansiedad.
¿Cómo esta su casa? A veces tenemos nuestro hogar lleno de cosas, pero no hay sitio para nuevas relaciones o una vida simple y ordenada. Muchos cachivaches se amontonan en garajes, trasteros o por todos lados. La gente alquila espacios para guardar cosas que no volverán a usar.
¿Ha llegado al punto en que disfruta más viendo las cosas salir de su hogar que entrar? Uno de los grandes peligros es que nuestras posesiones terminen dominando nuestra vida. La codicia es el problema del hombre desde siempre. Una parte fundamental de nuestro llamado como cristianos es la sencillez. Jesús quiere liberarte de la carga de las cosas y devolverte la alegría de una vida mucho más simple.
La biografía oficial y autorizada de Joaquín Sabina.
La publicación en el año 2000 de la biografía Perdonen la tristeza supuso una excelente noticia para la legión de seguidores que Joaquín Sabina tiene repartidos entre España y Latinoamérica, pues contenía la mayor información hasta esa fecha de su vida y obra. Permaneció durante meses en las listas de los libros más vendidos, y Sabina dijo de ella: «A mí se me había olvidado mi vida y Javier Menéndez Flores me la ha recordado. He leído el libro con placer». La presente edición, ampliada y puesta al día, supone el retrato biográfico más completo del artista andaluz.
El autor, el único periodista que ha escrito un libro sobre Sabina con el propio Sabina, el que más veces lo ha entrevistado y quien mejor conoce las claves de su cancionero, ha revisado el texto original y analizado los aspectos más relevantes de su trabajo a partir del irrepetible 19 días y 500 noches: discos de estudio, recopilatorios y en directo; giras propias y compartidas; colaboraciones con otros músicos; libros.
Un libro imprescindible para conocer a fondo la impronta creadora y el carácter audaz de uno de los más brillantes escritores de canciones en español de todos los tiempos.
Este libro se acerca a la pereza desde la triple óptica de la retórica –lenguaje, metáforas y refranes–, la estética –su presencia en la literatura y en el cine– y la ética –en Oriente y Occidente–, y lo hace desde la conciencia de que la pereza «habla de la naturaleza frágil de nuestra especie, de nuestra limitación como seres creados hermosamente a partir de un soplo sobre la materia más fácil de quebrar, del más sencillo barro».
Ayer, un mes después de morir, grabaron sobre su tumba el nombre de mi madre. Al ver sobre la piedra las letras que tantas veces estuvieron en mis labios sentí un impulso doble, contradictorio tan solo en un primer instante, que me empujaba al mismo tiempo a permanecer callado y a pronunciar las palabras justas para nombrar la vida. Lo que sentía en ese momento solo puede ser nombrado con la palabra «tristeza», aunque la palabra «tristeza» –como le ocurre a todas las palabras frente a la complejidad de nuestra vida– se queda tan corta como un metro para sondear las profundidades de un abismo.
Hay uno entre los pecados capitales tradicionales que quizá no debería figurar en la lista, porque muchas personas no lo han experimentado. Es capital, sin duda; pero no tan general como la soberbia, la lujuria, la gula o la envidia. La avaricia, en efecto, no es simplemente el deseo de posesiones, bienes, dinero, honras; hasta ahí se trataría más bien de codicia, no en el sentido original que tenía la cupiditas latina, sino entendida como solemos hoy en español: como un ensayo más o menos serio de empezar a ser avaro. La avaricia es más bien, como dice santo Tomás, immoderatus amor habendi; y esa inmoderación solo puede albergarla el que la está realizando.