Un manifiesto contra las narcotizantes rutinas que llevamos a cabo en la red como sinónimos de vida.
En las próximas décadas nos enfrentaremos a un mundo poscapitalista: una sociedad inmersa en el ininterrumpido consumo tecnológico; una tierra chamuscada, llena de plástico y pesticidas; una naturaleza devastada por el expolio de los recursos naturales.
En este ensayo tan pertinaz como demoledor, Jonathan Crary denuncia la manipulación a la que nos somete lo que él denomina el «complejo de internet», cuya presencia en todas las esferas de la vida hace que cualquier idea que contemple su marginación o ausencia resulte impensable. Pero, tal como argumenta Crary, la cultura y la economía tecnoconsumistas son intrínsecamente incompatibles con una tierra habitable y con la interdependencia necesaria para vivir de un modo más humano y menos alienante. Se trata de una obra que se alza en contra de la atomización social, característica de las redes y plataformas digitales, y reivindica la importancia de organizarnos colectivamente.
Este libro contesta con rigor esta fascinante pregunta y explica cómo nuestras enormes infraestructuras se hundirían; cuánto tardarían las principales ciudades en reforestarse y las llanuras africanas en recuperar el esplendor de su fauna; por qué algunas de las construcciones más antiguas podrían ser las últimas en desaparecer y cuáles de nuestros objetos quedarían inmortalizados como fósiles.
Partículas de plástico indestructibles, gatos domésticos que se convierten en depredadores de éxito, plagas urbanas -como las ratas o las cucarachas- que se extinguen y estatuas de bronce que perviven milenios son solo algunos de los elementos que el lector se encontrará en este apasionante recorrido por un mundo tan familiar como extraño.
Un libro que toma especial relevancia en el Día mundial del medioambiente.
Un relato fascinante, en ocasiones soslayado,
del libro en manos humanas, de las
sensaciones y los hábitos que genera
en contacto con los lectores.
Los libros son importantes por las palabras que contienen,
pero además de mundos que residen en nuestra mente
son también objetos que nos acompañan. Magia portátil se
adentra en el simbolismo de las obras literarias como artefactos,
es decir, el encanto inherente a su materialidad y
portabilidad.
A partir de los múltiples aspectos que inciden en nuestra
relación con los libros (incluso sin haberlos leído) y reinterpretando
hitos cruciales en la historia de la lectura, Emma
Smith reflexiona sobre la consciencia que hemos adquirido
del universo de ejemplares atesorados, devorados, censurados
y destruidos a lo largo de los siglos, o simplemente hojeados
durante nuestra vida. Asimismo, la autora se detiene
en la combinación de forma y contenido que condiciona no
solo la experiencia lectora, sino el debate social, político y
religioso que desencadenan.
Este libro trata sobre seres humanos que dicen haber sido pájaros y peces en vidas pasadas, meditadores que describen cómo dieron el paso de la vida a la no-muerte, pensadores convencidos de que, si entrenamos la mirada del alma y la orientamos hacia dentro, recordaremos nuestro origen divino. Relacionando el modo de vida que nos plantea el budismo antiguo y la ascesis esbozada en los Yogasūtra de Patañjali, sale a la luz la importancia de la memoria corporal del practicante.
La autora revisa algunos aforismos «budistas» del yoga de Patañjali, y también el legado budista que reflejan algunos de los comentarios que acompañan a los aforismos. Otros temas igual de importantes son abordados con lucidez: la memoria de vidas pasadas, el trance meditativo, y la relación del practicante con su propio cuerpo, con la felicidad o con el suicidio.
Una lóbrega tarde de noviembre de 1862, un rústico féretro recibía sepultura en medio de un escalofriante silencio, sin lamentos ni panegíricos por orden expresa del comisionado británico: «No debe quedar rastro que distinga el lugar donde descansen los restos del último mogol». El cadáver que ocupaba el ataúd era el de Bahadur Shah Zafar II, uno de los monarcas más tolerantes y gentiles de una extraordinaria dinastía que se vio al frente de un violento alzamiento, el motín de la India, condenado de antemano al fracaso. El sangriento sitio de Delhi, el Stalingrado del Raj, será su fin, el ocaso de su dinastía y el fin de una cultura incomparable.
Bahadur Shah Zafar II, el último emperador mogol por cuyas venas corría la sangre de Tamerlán y Gengis Khan, fue un místico, un gran poeta y un hábil calígrafo que, aunque privado del poder político real por la Compañía de las Indias Orientales, se rodeó de una brillante corte y presidió uno de los grandes renacimientos culturales de la historia de la India. En 1857, fue la bendición de Zafar a la rebelión de los cipayos de la Compañía la que transformó lo que en principio parecía un simple motín en el levantamiento más grande que el Imperio británico tuviese jamás que sofocar. El libro El último mogol. El ocaso de los emperadores de la India es un retrato de la deslumbrante Delhi que Zafar personificaba, la historia de los últimos días de la gran capital mogola y de su destrucción final en la catástrofe de 1857.
¿Causó el Tratado de Versalles la Segunda Guerra Mundial? El pacto que terminó con la Gran Guerra entre el imperio alemán y los aliados siempre ha sido considerado como una de las causas claves de la Segunda Guerra Mundial. Las condiciones impuestas a Alemania para reparar los daños y los costes económicos causados paralizaron la economía del país, desestabilizaron su vida política y allanaron el camino a Hitler. En este libro, Jürgen Tampke cuestiona esta opinión común, sugiriendo que Alemania se escabulló de sus responsabilidades, que el tratado estaba lejos de ser tan dañino como la gente piensa y que la hiperinflación alemana de la década de 1920 fue una política puesta en marcha de forma deliberada para minimizar el coste de la deuda. Este texto controvertido y riguroso revisa una de las grandes cuestiones del siglo XX.